Fox Stinger: GÉNESIS
Capítulo
2: Terror en la fortaleza
Unos tipos extraños
invadieron con gas el campamento dejando a todos inconscientes.
Pasó
el tiempo y Stinger despertaba adolorido y aturdido.
-¿Qué...?
¿Qué ha ocurrido? - tarmamudeaba con la visión borrosa.
-¿Estás
bien? - preguntó un muchacho preocupado y visiblemente nervioso.
-¿Dónde
estamos?
-No lo sé.
Cuando te golpeó el tío de la máscara entraron un montón
más..., ese tal Juan Pedro fue a atacarlos pero esos tipejos eran sobrehumanamente
fuertes. Con un sólo puñetazo le arrojó al suelo a varios metros.
Luego lanzaron un gas que nos durmió a todos y más tarde desperté
aquí, como tú. Yo creo que esos tíos eran Genéticos.
-Esta habitación
es un poco rara.
-¿Verdad
que sí?
-Me pregunto
si habrá una salida - pensaba Stinger examinando el lugar.
La habitación
era acolchada, totalmente blanca, desprendiendo una luz casi cegadora, como la de
algunos manicomios.
Stinger se levantó
con dificultad, decubriendo que vestía con una camiseta blanca y calzoncillos
largos.
-¿Nos
han quitado la ropa?
-No quiero ni
imaginarme lo que harán con nosotros - comentaba temeroso el joven-. He oído
chillar a gente, como si sufrieran mucho.
-¿Cómo
se saldrá de aquí?
Stinger empezó
la búsqueda de alguna salida oculta.
-Es imposible.
¿Acaso no ves que estamos encerrados?
Sin prestar
mucha atención a su compañero de cuarto, Stinger permaneció
callado y pensativo. A continuación los mismos tipos que los habían
asaltado en el campamento, irrumpieron en la habitación.
-¡Son
dos! ¡Ataquémoslos! - gritó Stinger con decisión.
Mas Stinger
atacó solo. El otro muchacho se quedó inmóvil. Los malos intentaron
dañar a Stinger con puños americanos que esquivaba increíblemente.
De sopetón, los tipos lanzaron sus ataques con más rapidez, consiguiéndole
dar, haciéndole volar por el aire, reduciendo el golpe la pared acolchada.
Noqueado, no pudo hacer nada. Los violentos giraron la cabeza mirando al joven como
si fueran autómatas y se dirigieron a él. Le prendieron de los brazos
y se lo llevaron. Mientras, el muchacho pataleaba y gritaba que no se lo llevasen.
-¡Noooooo!
¡Ayúdame Stinger! ¡Qué alguien me ayude! - vociferaba
impotente, poniendo resistencia.
La puerta, que
era de hierro y muy gruesa, se cerró bruscamente detrás de ellos y
delante de Stinger, que permanecía en el suelo oyendo gritar a la persona
que acababan de llevarse.
No pasó
un minuto cuando reinó un absoluto silencio. Las luces se apagaron, dejando
la habitación casi en tinieblas. Bajo la puerta se escapaba la luz. A veces
se escuchaban pasos y como alguien siniestro miraba a través de un pequeño
cristal situado en el centro de la puerta.
Stinger se sentía
inquieto.
-Algo está
pasando y tengo que descubrir qué es.
Alzó
la mirada a un lado, contemplando como un fino rayo de luz atravesaba la pared acolchada.
Curioso, se puso en pie e indagó. Metió los dedos dentro de la pared.
El rayo de luz se hacía más grande. Como pudo, arrancó el acolchado,
decubriendo una salida.
Era de noche.
La luna llena iluminaba como el mismísimo sol pero se avecinaba una fuerte
tormenta. Un viento, entre caliente y frío, traía unas densas nubes
negras. La luna era el único medio para ver en la noche.
Stinger salió.
Sus manos temblaban. Se encontraba desubicado. Hasta donde podía alcanzar
a ver, todo era descampado.
-Bueno, a investigar
se ha dicho..., aunque no me hace mucha gracia - hablaba en la soledad para espantar
los miedos.
Al no saber
qué dirección tomar, decidió ir hacia donde veía más
luz, para tantear el terreno de posibles enemigos. Aparentemente no se vislumbraba
a nadie. Al llegar, vio unos focos enormes y potentes que se movían de un
lado a otro. Ahí localizó la puerta principal para entrar en aquella
fortaleza. Regresó sobre sus pasos ya que no deseaba ser descubierto.
Antes de que
apareciese por el lugar del cual había salido, un ser extraño, al
cual no se le apreciaba en la oscuridad tan sólo por sus ojos rojos, yacía
en la habitación. Al percibir la presencia de alguien acercándose,
se esfumó.
Stinger pasó
de largo por lo que fue su habitación. Se paró y dio marcha atrás
mirando al interior. Al verlo tan oscuro, y con los ruidos del lugar, le dio miedo
y se marchó corriendo continuando su camino. Desde la oscuridad, dentro de
la habitación, unos ojos rojos se iluminaron con intensidad.
-Vaya, todo
parece igual. Yo quiero encontrar una entrada al sitio este - se decía a
sí mismo.
Seguidamente
encontró una puerta de metal en el suelo que sonó al pasar por encima.
Miró hacia abajo.
-¡Qué
casualidad! - gritó -. No debo gritar. Espero que nadie me haya oído
- susurraba.
La puerta era
pesada por lo que le costó bastante conseguir abrirla.
-Genial, esto
está más oscuro que el culo de un grillo - dijo medio sonriendo.
En el interior,
alguien se ocultó. De improviso, en el exterior, una sombra amorfa se situó
detrás de Stinger empujándole al interior para después dejarle
encerrado.
-Vaya caída
- se quejaba con dolor.
-¡Alto!
¡¿Quién eres?! - dijo una voz varonil, un tanto familiar, que
salía de las sombras.
-Me llamó
Stinger, ¿y tú? - contestó tímidamente y asustado.
-¿Stinger?
¿En verdad eres tú? ¡Soy yo, Juan Pedro! - exclamó manifestando
alegría en la penumbra.
-¿Juan
Pedro? - dijo desconcertado mientras Juan Pedro encendía una vela casi gastada-.
¿Qué haces aquí?
-No tengo ni
idea. Me he escapado de donde estaba y sin querer he venido a parar aquí.
Vi la puerta abierta, entré y de repente se cerró sola - explicaba.
-No deben gastarse
mucho dinero en electricidad. No me extraña, con esos focos..., usureros.
Inmediatamente
después, escucharon a alguien gritar como un poseso.
-¿Qué
los harán para que griten de eso modo? - quiso saber Stinger.
-Tengo entendido
que hacen experimentos genéticos. Seguramente son terroristas que experimentan
con personas, por eso nos han secuestrado. He intentado encontrar una salida pero
no hay manera.
-Pues si tú
no lo sabes...
-¿Cómo
que te has dejado caer por aquí? - preguntó Juan Pedro a la vez que
Stinger luchaba por abrir la puerta de metal.
-Ay, no puedo.
¡Mierda! - dijo malhumorado tras haber hecho un gran esfuerzo-. Quité
el acolchado de la habitación y me escapé. Vi unos grandes focos de
luz al otro lado. Me vine para acá, tropecé con la puerta en el suelo,
la abrí y alguien me empujó.
-Ya veo. Estamos
perdidos. Vamos a morir como ratas de laboratorio.
-Yo no pienso
ser eso y si queda alguien, se viene con nosotros.
-Esto es increíble,
¡parece una peli! - dijo con entusiasmo.
-Dicen que muchas
veces la realidad supera la ficción, tal vez esta sea una de ellas, aunque
esperemos que no. Juan Pedro, ¿tienes más velas?
-No, toma esta,
yo buscaré si hay más por ahí.
-Esto es muy
raro - meditaba en voz alta, observando la llama de la vela.
-¿Qué
pasa?
-Por aquí
pasa corriente. Debe haber una salida, lo presiento.
Mientras tanto,
en una sala remota, con la única luz de una pantalla de color verde, pues
estaba en visión nocturna, alguien los espiaba.
-Me voy a divertir
mucho. No me daré tanta prisa en transformarles o en eliminarles, aunque
tampoco puedo arriesgarme a que alguno de ellos sea el que busco. Les dejaré
el tiempo necesario. De aquí no saldrán como han entrado - decía
una voz parecida a la de Stinger pero más áspera.
-No hace falta
que busques salidas. Ya lo he hecho yo y ha sido un fracaso - decía Juan
Pedro con pesimismo.
Por su parte,
Stinger investigaba de dónde podría proceder el aire. Segudos más
tarde, se acercó a una pared en la que se interponía una mesa.
-Mira que eres
tozudo. La única salida que existe es por la que has entrado.
-Juan Pedro,
ven y aparta esa mesa por favor.
Juan Pedro obedeció
quejumbroso.
-¿Puedes
encontrarme algo para picar la pared?
-Ni que fuésemos
mineros - volvía a quejarse.
En la misma
mesa que apartó había un punzón de picar hielo. Lo tomó
y se lo dio.
-¡Genial,
esto nos servirá!
Principió
a picar con la tenue luz de la vela sostenida por Juan Pedro. Poco a poco, a medida
que Stinger apuñalaba la pared de yeso, de una grieta, el agujero se hacía
más grande.
-¡Eres
inteligente! - reaccionó Juan Pedro con asombro.
-No me conoces
para pensar lo contrario.
-Perdona, no
he querido ofenderte, sólo quería decir que...
En un golpe
definitivo, la pared cayó totalmente al suelo, obteniendo una posible salida.
En su interior unas escaleras, también fabricadas con yeso, bajaban a algún
lugar de la fortaleza.
-Me alegro de
que te hayas dejado caer.
-Si te soy sincero,
yo también me alegro. Ahora no estoy solo y encima estoy con un amigo.
-Gracias Stinger
por considerarme tu amigo - dijo con un tono de aprecio en la voz.
Un sonido desconocido
se dejó percibir desde lo más profundo del final de las escaleras,
que bajaban en forma de cuadrado.
-Tenemos que
averiguar qué ocurre en esta fortaleza y comprobar si hay alguien a quien
podamos ayudar para escaparnos.
-No me gusta
la idea pero estoy contigo - contestó Juan Pedro inseguro.
Desde arriba,
y mientras bajaban, podían ver una fuente de luz al final de las, casi, interminables
escaleras. Un ligero viento emanaba de abajo hacia arriba, elevando los calzoncillos
y las camisetas de ambos y el pelo de Stinger.
¿Qué
encontrarán al final de las escaleras? ¿Estarán solos o acompañados?
No te pierdas
el Capítulo 3: ¡Peligro! ¡Monstruos!
Continuará...
Esta historia
es un relato original protegido y creado por Fox Stinger (M.N.Z.)