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No soy Beatriz de Mesina... Pero puedo ser tan ácida y corrosiva como ella. Y si no, que se lo pregunten a Wayfarer... Pero, como casi siempre, todo es mucho ruido y pocas nueces.

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Beatriz de Mesina/Female/21-25. Vive en Spain/Madrid/Móstoles/Hospital, habla Spanish. Pasa 20% del día contectado/a. Usa una conexión de Fast (128k-512k). Y le gusta Baile/Cine.
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Viernes, 23 de Enero, 2004

Fox Stinger: GÉNESIS

Capítulo 2: Terror en la fortaleza

Unos tipos extraños invadieron con gas el campamento dejando a todos inconscientes.

Pasó el tiempo y Stinger despertaba adolorido y aturdido.

-¿Qué...? ¿Qué ha ocurrido? - tarmamudeaba con la visión borrosa.

-¿Estás bien? - preguntó un muchacho preocupado y visiblemente nervioso.

-¿Dónde estamos?

-No lo sé. Cuando te golpeó el tío de la máscara entraron un montón más..., ese tal Juan Pedro fue a atacarlos pero esos tipejos eran sobrehumanamente fuertes. Con un sólo puñetazo le arrojó al suelo a varios metros. Luego lanzaron un gas que nos durmió a todos y más tarde desperté aquí, como tú. Yo creo que esos tíos eran Genéticos.

-Esta habitación es un poco rara.

-¿Verdad que sí?

-Me pregunto si habrá una salida - pensaba Stinger examinando el lugar.

La habitación era acolchada, totalmente blanca, desprendiendo una luz casi cegadora, como la de algunos manicomios.

Stinger se levantó con dificultad, decubriendo que vestía con una camiseta blanca y calzoncillos largos.

-¿Nos han quitado la ropa?

-No quiero ni imaginarme lo que harán con nosotros - comentaba temeroso el joven-. He oído chillar a gente, como si sufrieran mucho.

-¿Cómo se saldrá de aquí?

Stinger empezó la búsqueda de alguna salida oculta.

-Es imposible. ¿Acaso no ves que estamos encerrados?

Sin prestar mucha atención a su compañero de cuarto, Stinger permaneció callado y pensativo. A continuación los mismos tipos que los habían asaltado en el campamento, irrumpieron en la habitación.

-¡Son dos! ¡Ataquémoslos! - gritó Stinger con decisión.

Mas Stinger atacó solo. El otro muchacho se quedó inmóvil. Los malos intentaron dañar a Stinger con puños americanos que esquivaba increíblemente. De sopetón, los tipos lanzaron sus ataques con más rapidez, consiguiéndole dar, haciéndole volar por el aire, reduciendo el golpe la pared acolchada. Noqueado, no pudo hacer nada. Los violentos giraron la cabeza mirando al joven como si fueran autómatas y se dirigieron a él. Le prendieron de los brazos y se lo llevaron. Mientras, el muchacho pataleaba y gritaba que no se lo llevasen.

-¡Noooooo! ¡Ayúdame Stinger! ¡Qué alguien me ayude! - vociferaba impotente, poniendo resistencia.

La puerta, que era de hierro y muy gruesa, se cerró bruscamente detrás de ellos y delante de Stinger, que permanecía en el suelo oyendo gritar a la persona que acababan de llevarse.

No pasó un minuto cuando reinó un absoluto silencio. Las luces se apagaron, dejando la habitación casi en tinieblas. Bajo la puerta se escapaba la luz. A veces se escuchaban pasos y como alguien siniestro miraba a través de un pequeño cristal situado en el centro de la puerta.

Stinger se sentía inquieto.

-Algo está pasando y tengo que descubrir qué es.

Alzó la mirada a un lado, contemplando como un fino rayo de luz atravesaba la pared acolchada. Curioso, se puso en pie e indagó. Metió los dedos dentro de la pared. El rayo de luz se hacía más grande. Como pudo, arrancó el acolchado, decubriendo una salida.

Era de noche. La luna llena iluminaba como el mismísimo sol pero se avecinaba una fuerte tormenta. Un viento, entre caliente y frío, traía unas densas nubes negras. La luna era el único medio para ver en la noche.

Stinger salió. Sus manos temblaban. Se encontraba desubicado. Hasta donde podía alcanzar a ver, todo era descampado.

-Bueno, a investigar se ha dicho..., aunque no me hace mucha gracia - hablaba en la soledad para espantar los miedos.

Al no saber qué dirección tomar, decidió ir hacia donde veía más luz, para tantear el terreno de posibles enemigos. Aparentemente no se vislumbraba a nadie. Al llegar, vio unos focos enormes y potentes que se movían de un lado a otro. Ahí localizó la puerta principal para entrar en aquella fortaleza. Regresó sobre sus pasos ya que no deseaba ser descubierto.

Antes de que apareciese por el lugar del cual había salido, un ser extraño, al cual no se le apreciaba en la oscuridad tan sólo por sus ojos rojos, yacía en la habitación. Al percibir la presencia de alguien acercándose, se esfumó.

Stinger pasó de largo por lo que fue su habitación. Se paró y dio marcha atrás mirando al interior. Al verlo tan oscuro, y con los ruidos del lugar, le dio miedo y se marchó corriendo continuando su camino. Desde la oscuridad, dentro de la habitación, unos ojos rojos se iluminaron con intensidad.

-Vaya, todo parece igual. Yo quiero encontrar una entrada al sitio este - se decía a sí mismo.

Seguidamente encontró una puerta de metal en el suelo que sonó al pasar por encima. Miró hacia abajo.

-¡Qué casualidad! - gritó -. No debo gritar. Espero que nadie me haya oído - susurraba.

La puerta era pesada por lo que le costó bastante conseguir abrirla.

-Genial, esto está más oscuro que el culo de un grillo - dijo medio sonriendo.

En el interior, alguien se ocultó. De improviso, en el exterior, una sombra amorfa se situó detrás de Stinger empujándole al interior para después dejarle encerrado.

-Vaya caída - se quejaba con dolor.

-¡Alto! ¡¿Quién eres?! - dijo una voz varonil, un tanto familiar, que salía de las sombras.

-Me llamó Stinger, ¿y tú? - contestó tímidamente y asustado.

-¿Stinger? ¿En verdad eres tú? ¡Soy yo, Juan Pedro! - exclamó manifestando alegría en la penumbra.

-¿Juan Pedro? - dijo desconcertado mientras Juan Pedro encendía una vela casi gastada-. ¿Qué haces aquí?

-No tengo ni idea. Me he escapado de donde estaba y sin querer he venido a parar aquí. Vi la puerta abierta, entré y de repente se cerró sola - explicaba.

-No deben gastarse mucho dinero en electricidad. No me extraña, con esos focos..., usureros.

Inmediatamente después, escucharon a alguien gritar como un poseso.

-¿Qué los harán para que griten de eso modo? - quiso saber Stinger.

-Tengo entendido que hacen experimentos genéticos. Seguramente son terroristas que experimentan con personas, por eso nos han secuestrado. He intentado encontrar una salida pero no hay manera.

-Pues si tú no lo sabes...

-¿Cómo que te has dejado caer por aquí? - preguntó Juan Pedro a la vez que Stinger luchaba por abrir la puerta de metal.

-Ay, no puedo. ¡Mierda! - dijo malhumorado tras haber hecho un gran esfuerzo-. Quité el acolchado de la habitación y me escapé. Vi unos grandes focos de luz al otro lado. Me vine para acá, tropecé con la puerta en el suelo, la abrí y alguien me empujó.

-Ya veo. Estamos perdidos. Vamos a morir como ratas de laboratorio.

-Yo no pienso ser eso y si queda alguien, se viene con nosotros.

-Esto es increíble, ¡parece una peli! - dijo con entusiasmo.

-Dicen que muchas veces la realidad supera la ficción, tal vez esta sea una de ellas, aunque esperemos que no. Juan Pedro, ¿tienes más velas?

-No, toma esta, yo buscaré si hay más por ahí.

-Esto es muy raro - meditaba en voz alta, observando la llama de la vela.

-¿Qué pasa?

-Por aquí pasa corriente. Debe haber una salida, lo presiento.

Mientras tanto, en una sala remota, con la única luz de una pantalla de color verde, pues estaba en visión nocturna, alguien los espiaba.

-Me voy a divertir mucho. No me daré tanta prisa en transformarles o en eliminarles, aunque tampoco puedo arriesgarme a que alguno de ellos sea el que busco. Les dejaré el tiempo necesario. De aquí no saldrán como han entrado - decía una voz parecida a la de Stinger pero más áspera.

-No hace falta que busques salidas. Ya lo he hecho yo y ha sido un fracaso - decía Juan Pedro con pesimismo.

Por su parte, Stinger investigaba de dónde podría proceder el aire. Segudos más tarde, se acercó a una pared en la que se interponía una mesa.

-Mira que eres tozudo. La única salida que existe es por la que has entrado.

-Juan Pedro, ven y aparta esa mesa por favor.

Juan Pedro obedeció quejumbroso.

-¿Puedes encontrarme algo para picar la pared?

-Ni que fuésemos mineros - volvía a quejarse.

En la misma mesa que apartó había un punzón de picar hielo. Lo tomó y se lo dio.

-¡Genial, esto nos servirá!

Principió a picar con la tenue luz de la vela sostenida por Juan Pedro. Poco a poco, a medida que Stinger apuñalaba la pared de yeso, de una grieta, el agujero se hacía más grande.

-¡Eres inteligente! - reaccionó Juan Pedro con asombro.

-No me conoces para pensar lo contrario.

-Perdona, no he querido ofenderte, sólo quería decir que...

En un golpe definitivo, la pared cayó totalmente al suelo, obteniendo una posible salida. En su interior unas escaleras, también fabricadas con yeso, bajaban a algún lugar de la fortaleza.

-Me alegro de que te hayas dejado caer.

-Si te soy sincero, yo también me alegro. Ahora no estoy solo y encima estoy con un amigo.

-Gracias Stinger por considerarme tu amigo - dijo con un tono de aprecio en la voz.

Un sonido desconocido se dejó percibir desde lo más profundo del final de las escaleras, que bajaban en forma de cuadrado.

-Tenemos que averiguar qué ocurre en esta fortaleza y comprobar si hay alguien a quien podamos ayudar para escaparnos.

-No me gusta la idea pero estoy contigo - contestó Juan Pedro inseguro.

Desde arriba, y mientras bajaban, podían ver una fuente de luz al final de las, casi, interminables escaleras. Un ligero viento emanaba de abajo hacia arriba, elevando los calzoncillos y las camisetas de ambos y el pelo de Stinger.

 

¿Qué encontrarán al final de las escaleras? ¿Estarán solos o acompañados?

 

No te pierdas el Capítulo 3: ¡Peligro! ¡Monstruos!

 

Continuará...

 

Esta historia es un relato original protegido y creado por Fox Stinger (M.N.Z.)