Fox Stinger: GÉNESIS
Capítulo
3: ¡Peligro! ¡Monstruos!
Stinger escapó
de su habitación tras ser testigo de cómo se llevaban a su compañero
por la fuerza. Una vez fuera, encontró una puerta de metal en el suelo, la
cual abrió. Alguien le arrojó al interior y allí se topó
con Juan Pedro que también huía y se había quedado encerrado.
Stinger halló una salida.
Descendieron
por las escaleras.
-Este aire es
insoportable, está muy caliente y cuando quiere cambia a frío - notó
Juan Pedro.
-Cada vez se
hace más fuerte. Eso es señal de que nos acercamos a algo, probablemente
una salida.
Después
de estar algo más de una hora bajando escaleras, ante ellos se desplegó
un terreno siniestro y desconocido. El techo era de un material extraño,
como de plástico duro, muy parecido al cristal. Los rayos y truenos se colaban
en la sala que estaba vacía. La lluvia resbalaba por aquel cristal de plástico.
La luz artificial que alumbraba la gran estancia era amarilla, parecía a
punto de extinguirse. Las paredes eran granate, de papel, con algunos desgarros.
-Es como si
hubiesen desgarrado la pared con algo afilado - comentó Stinger-. Casi lo
atraviesan. Este sitio me da escalofríos.
-Eres tú
el que quiere investigar y buscar gente. Algo me dice que esto no es nada.
-¿Qué
insinúas?
-Presiento una
fuerza fuera de lo normal y eso casi nunca es bueno - hizo una pausa-. No me hagas
caso - finalizó.
-¿Eres
brujo o algo parecido para presentir la fuerza de los demás?
Juan Pedro sonrió
con picardía.
-Sigamos explorando
- continuó Stinger-. Quiero salir de aquí cuanto antes, no sin antes
saber y encontrar.
En mitad de
la sala localizaron dos puertas, una enfrente de la otra.
-Mira, dos puertas.
Tú ve por esa que yo me meto por la de la derecha, ¿de acuerdo? No
me hace ilusión el separarnos pero así abreviamos. Echamos una ojeada
y regresamos rapidito, ¿eh? - decidió Stinger-. No tardes.
-Lo mismo digo.
Eres mi guardían.
-No te burles.
Una persona asustada no puede ser guardián de nadie.
-No te subestimes
- inmediatamente después cruzó la puerta silenciosamente.
-¿A qué
te refieres? - volteó la cabeza viendo como se cerraba la puerta-. Vaya,
sí que tiene prisa.
Stinger se introdujo
en la habitación con mucho sigilo y precaución. Cerró la puerta
tras de sí, descubriendo que, como casi todos los lugares de aquella fortaleza,
estaba vacío, excepto por unos cuadros, bastantes intrigantes, colgados en
la pared. En el centro, y al lado de ellos, una chimenea apagada y una única
y gran lámpara iluminando el salón.
Stinger se adentró
aún más.
Al mirar a su
izquierda, unas ventanas de raras dimensiones llamaron su atención. Tenían
formas geométricas en diversas posiciones. El sitio, a pesar de la potente
luz de la lámpara, con seguidos altibajos de luz, se veía casi a oscuras
por varios rincones.
A través
de las ventanas, Stinger tuvo que concentrarse para poder ver lo que había
en el exterior. Era un pequeño jardín y en él creyó
ver a una persona.
-¿Una
persona? ¡Hey! ¡Espera!
Seguidamente
corrió hacia el fondo de la estancia, cerca de la chimenea, localizando una
puerta en la misma línea en donde se ubicaban las ventanas y otra puerta
en en lado opuesto.
Abrió
la puerta saliendo afuera. No vio a nadie. Al rato quiso entrar pero, sin saber
cómo, se quedó encerrado.
-¡Genial!
- dijo con rabia-. Esto me da muy mala espina.
Por su lado,
Juan Pedro fue a parar a un cuarto lúgubre. La luz, de un color amarillento,
se mantenía a duras penas. Enfrente de él, una cama manchada de sangre.
-Parece reciente
- mascullaba retirado a una distancia prudencial de la cama.
Al lado de esta,
una ventana y, casi al lado, un armario. Avanzó hacia él y se dispuso
a abrirlo. Su sorpresa fue tal al ver lo que había dentro que le dieron ganas
de vomitar.
-¡Qué
hedor! - dijo tapándose la nariz con la mano.
Las toallas
estaban empapadas de sangre. Al no poder contener el asco que le producían,
cerró la puerta.
-Aquí
no hay nada. A ver que tal le ha ido a Stinger.
Cuando fue a
salir del aposento, situado al lado de la cama, la puerta del cuarto de baño,
que permanecía entre abierta, llamó su atención. Fue a la puerta
y la abrió lentamente haciendo que chirriara. Una vez dentro, con la puerta
abierta, vio más sangre. Las cortinas, que tapaban la bañera, estaban
salpicadas. Juan Pedro se quedó contemplando con la guardia alta.
-Creo que tendré
que retirar las cortinas.
El cuarto de
baño era muy amplio en comparación con la pieza en sí. Juan
Pedro se puso a una distancia prudencial, advirtiendo, en el lavabo, un líquido
verde fosforescente. A medida que pasaba el tiempo iba perdiendo color hasta convertirse
en un color opáco para, posteriormente, desaparecer.
-¿Qué
es esto? ¿Se puede saber qué lugar es este? Está todo lleno
de sangre y... - se calló quedándose pensativo-. ¿Qué
será lo que hacen?
Al lado del
lavabo atisbó un extensor para limpiar cristales, así que se movió
hasta allí y lo tomó. Viendo el lavabo más de cerca, descubrió
algo.
-Es una tarjeta.
Tarjeta de Seguridad, Nivel Tres. Hum, un pase de seguridad. Tal vez me sea
útil.
De pronto escuchó
sonido de burbujas. Se mantuvo en silencio sin volver a escucharlo. Al final abandonó
la idea de indagar en la bañera para irse a buscar a Stinger. Al aproximarse
a la bañera, de nuevo oyó el sonido de las burbujas. Sin pensárselo
dos veces, corrió las cortinas.
-¡Grrrrgh!
- gruñió con cara de asco.
La bañera
rebosaba de un líquido rojo verduzco. Investigó más de cerca
sin discernir nada anormal, de modo que decidió largarse cuanto antes. Justo
cuando salía del cuarto de baño, una mano surgió de la bañera,
no obstante, Juan Pedro cerró la puerta sin percatarse de ello.
-Menos mal que
no hay nada peligroso ahí dentro, me hubiera dado un infarto - dijo sonriendo.
Tras oír
un ligero sonido, marchó hacia la ventana para mirar pero un chasquido, más
próximo a él, desvió su atención antes de llegar a la
ventana. La luz que huía del baño por debajo de la puerta era interrumpida
por algo que se ocultaba detrás de ella. El picaporte comenzaba a girar descontroladamente.
También, debajo de la puerta, salía un líquido verde fluorescente
que invadía la habitación.
Juan Pedro iba
a salir de ella cuando la puerta fue abierta por completo. Se detuvo para ver qué
era lo que se iba a presentar. Extrañado, pues no se asomaba nada, caminó
sigilosamente hacia la salida. De súbito, algo parecido a una persona hizo
acto de presencia.
-Ju..., Juan
Pedro - le llamó con voz ronca con algunas partes de su cuerpo de color negro,
mas estaba envuelto en un líquido verde que resbalaba por él-. Ayúdame.
-¿Te
conozco?
-¡Ayúdame!
- comenzaba a gritar, hinchándosele el cuerpo, notándosele las venas.
-¡No puedo!
¡No sé cómo!
El cuerpo del
hombre iniciaba una transformación. Crecía en altura, sus músculos
aumentaban de forma exagerada, sus ojos cambiaban a color negro...
-¡Algo
me está pasando! ¡¿Qué me han hecho?! ¡Ayúdame,
por favor!
El suelo se
resquebrajaba por el peso del ser.
-Lo siento -
y apartándole, salió del cuarto-. Es urgente que encuentre a Stinger.
Puede estar en peligro.
Corrió
hasta donde dejó a Stinger. Aguardó un rato pero su impaciencia le
hizo ir en su busca, entrando por la puerta por la que había entrado su amigo.
-Increíble,
qué sala más grande..., y vacía. ¿Dónde se habrá
metido?
Caminó
por todos lados, ubicando las dos puertas.
-¿Por
cual habrá entrado? - nervioso se preguntaba a sí mismo.
Mientras tanto,
Stinger daba vueltas buscando la manera de salir.
-Está
claro que por mucho que busque esta vez no hay escape. ¿Y si rompo la ventana?
Se fue a la
ventana en donde pudo ver a Juan Pedro intentando abrir la otra puerta y no estaba
solo. No se había dado cuenta de que un ser le acechaba por la espalda. Stinger
le llamó a gritos mas no le pudo oír.
-Bueno, intentaré
con la otra - resolvió Juan Pedro.
Seguía
sin darse cuenta del monstruo hasta que llegó a la chimenea. De la ventana,
apareció Stinger volando. Chocando con la pared, cayó desplomado al
suelo. Juan Pedro se apresuró a socorrerle.
-¡Stinger!
¿Estás bien? - le preguntaba intentado levantarle.
Le agarró
del brazo con fuerza y le incorporó.
-Ese tipo es
muy fuerte - comentaba Stinger aturdido.
-¿Quién?
Ambos se quedaron
atónitos, pero más Stinger al ver al que fue su compañero de
habitación antes de que se lo llevaran.
-Es al que se
llevaron cuando estuve encerrado.
-No me ayudaste.
Voy a matarte - el chico que entraba por la ventana dejó de hablar y agachó
la cabeza. Luego la levantó -. Ayudadme, por favor ayudadme. Voy a perder
la razón, me convierto en un monstruo, ayudadme - suplicaba.
-Fantástico.
De estos dos no vendrá nada bueno.
-¿Porqué
lo dices? - inquirió Stinger.
-Stinger, mátame,
mátame antes de convertirme en un monstruo sin alma ni conciencia - dijeron
los dos seres al unísono.
Al chico que
parecía normal, empezaron a hinchársele los músculos, a aumentar
de tamaño, rasgando las pocas ropas que le quedaban.
-¡Ya ha
comenzado! ¡Iros! - gritó con histeria.
Así que,
Stinger y Juan Pedro, se fueron por la puerta que tenían más a mano,
la que Juan Pedro no consiguió abrir antes y que ahora estaba abierta.
El chico que
se transformaba se dirigió al otro.
-¡Cierra
la puerta, Stinger! Lo que pase ahí no creo que sea agradable..., como todo
en esta fortaleza.
No pasó
ni un minuto cuando se originó un gran estruendo seguido de un fortísimo
temblor.
Continuará...
La semana que
viene... Capítulo 4: Un encuentro inesperado. El misterioso Juan Pedro.
Esta historia
es un relato original protegido y creado por Fox Stinger (M.N.Z.)