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No soy Beatriz de Mesina... Pero puedo ser tan ácida y corrosiva como ella. Y si no, que se lo pregunten a Wayfarer... Pero, como casi siempre, todo es mucho ruido y pocas nueces.

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Beatriz de Mesina/Female/21-25. Vive en Spain/Madrid/Móstoles/Hospital, habla Spanish. Pasa 20% del día contectado/a. Usa una conexión de Fast (128k-512k). Y le gusta Baile/Cine.
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Viernes, 30 de Enero, 2004

Fox Stinger: GÉNESIS

Capítulo 3: ¡Peligro! ¡Monstruos!

Stinger escapó de su habitación tras ser testigo de cómo se llevaban a su compañero por la fuerza. Una vez fuera, encontró una puerta de metal en el suelo, la cual abrió. Alguien le arrojó al interior y allí se topó con Juan Pedro que también huía y se había quedado encerrado. Stinger halló una salida.

Descendieron por las escaleras.

-Este aire es insoportable, está muy caliente y cuando quiere cambia a frío - notó Juan Pedro.

-Cada vez se hace más fuerte. Eso es señal de que nos acercamos a algo, probablemente una salida.

Después de estar algo más de una hora bajando escaleras, ante ellos se desplegó un terreno siniestro y desconocido. El techo era de un material extraño, como de plástico duro, muy parecido al cristal. Los rayos y truenos se colaban en la sala que estaba vacía. La lluvia resbalaba por aquel cristal de plástico. La luz artificial que alumbraba la gran estancia era amarilla, parecía a punto de extinguirse. Las paredes eran granate, de papel, con algunos desgarros.

-Es como si hubiesen desgarrado la pared con algo afilado - comentó Stinger-. Casi lo atraviesan. Este sitio me da escalofríos.

-Eres tú el que quiere investigar y buscar gente. Algo me dice que esto no es nada.

-¿Qué insinúas?

-Presiento una fuerza fuera de lo normal y eso casi nunca es bueno - hizo una pausa-. No me hagas caso - finalizó.

-¿Eres brujo o algo parecido para presentir la fuerza de los demás?

Juan Pedro sonrió con picardía.

-Sigamos explorando - continuó Stinger-. Quiero salir de aquí cuanto antes, no sin antes saber y encontrar.

En mitad de la sala localizaron dos puertas, una enfrente de la otra.

-Mira, dos puertas. Tú ve por esa que yo me meto por la de la derecha, ¿de acuerdo? No me hace ilusión el separarnos pero así abreviamos. Echamos una ojeada y regresamos rapidito, ¿eh? - decidió Stinger-. No tardes.

-Lo mismo digo. Eres mi guardían.

-No te burles. Una persona asustada no puede ser guardián de nadie.

-No te subestimes - inmediatamente después cruzó la puerta silenciosamente.

-¿A qué te refieres? - volteó la cabeza viendo como se cerraba la puerta-. Vaya, sí que tiene prisa.

Stinger se introdujo en la habitación con mucho sigilo y precaución. Cerró la puerta tras de sí, descubriendo que, como casi todos los lugares de aquella fortaleza, estaba vacío, excepto por unos cuadros, bastantes intrigantes, colgados en la pared. En el centro, y al lado de ellos, una chimenea apagada y una única y gran lámpara iluminando el salón.

Stinger se adentró aún más.

Al mirar a su izquierda, unas ventanas de raras dimensiones llamaron su atención. Tenían formas geométricas en diversas posiciones. El sitio, a pesar de la potente luz de la lámpara, con seguidos altibajos de luz, se veía casi a oscuras por varios rincones.

A través de las ventanas, Stinger tuvo que concentrarse para poder ver lo que había en el exterior. Era un pequeño jardín y en él creyó ver a una persona.

-¿Una persona? ¡Hey! ¡Espera!

Seguidamente corrió hacia el fondo de la estancia, cerca de la chimenea, localizando una puerta en la misma línea en donde se ubicaban las ventanas y otra puerta en en lado opuesto.

Abrió la puerta saliendo afuera. No vio a nadie. Al rato quiso entrar pero, sin saber cómo, se quedó encerrado.

-¡Genial! - dijo con rabia-. Esto me da muy mala espina.

Por su lado, Juan Pedro fue a parar a un cuarto lúgubre. La luz, de un color amarillento, se mantenía a duras penas. Enfrente de él, una cama manchada de sangre.

-Parece reciente - mascullaba retirado a una distancia prudencial de la cama.

Al lado de esta, una ventana y, casi al lado, un armario. Avanzó hacia él y se dispuso a abrirlo. Su sorpresa fue tal al ver lo que había dentro que le dieron ganas de vomitar.

-¡Qué hedor! - dijo tapándose la nariz con la mano.

Las toallas estaban empapadas de sangre. Al no poder contener el asco que le producían, cerró la puerta.

-Aquí no hay nada. A ver que tal le ha ido a Stinger.

Cuando fue a salir del aposento, situado al lado de la cama, la puerta del cuarto de baño, que permanecía entre abierta, llamó su atención. Fue a la puerta y la abrió lentamente haciendo que chirriara. Una vez dentro, con la puerta abierta, vio más sangre. Las cortinas, que tapaban la bañera, estaban salpicadas. Juan Pedro se quedó contemplando con la guardia alta.

-Creo que tendré que retirar las cortinas.

El cuarto de baño era muy amplio en comparación con la pieza en sí. Juan Pedro se puso a una distancia prudencial, advirtiendo, en el lavabo, un líquido verde fosforescente. A medida que pasaba el tiempo iba perdiendo color hasta convertirse en un color opáco para, posteriormente, desaparecer.

-¿Qué es esto? ¿Se puede saber qué lugar es este? Está todo lleno de sangre y... - se calló quedándose pensativo-. ¿Qué será lo que hacen?

Al lado del lavabo atisbó un extensor para limpiar cristales, así que se movió hasta allí y lo tomó. Viendo el lavabo más de cerca, descubrió algo.

-Es una tarjeta. Tarjeta de Seguridad, Nivel Tres. Hum, un pase de seguridad. Tal vez me sea útil.

De pronto escuchó sonido de burbujas. Se mantuvo en silencio sin volver a escucharlo. Al final abandonó la idea de indagar en la bañera para irse a buscar a Stinger. Al aproximarse a la bañera, de nuevo oyó el sonido de las burbujas. Sin pensárselo dos veces, corrió las cortinas.

-¡Grrrrgh! - gruñió con cara de asco.

La bañera rebosaba de un líquido rojo verduzco. Investigó más de cerca sin discernir nada anormal, de modo que decidió largarse cuanto antes. Justo cuando salía del cuarto de baño, una mano surgió de la bañera, no obstante, Juan Pedro cerró la puerta sin percatarse de ello.

-Menos mal que no hay nada peligroso ahí dentro, me hubiera dado un infarto - dijo sonriendo.

Tras oír un ligero sonido, marchó hacia la ventana para mirar pero un chasquido, más próximo a él, desvió su atención antes de llegar a la ventana. La luz que huía del baño por debajo de la puerta era interrumpida por algo que se ocultaba detrás de ella. El picaporte comenzaba a girar descontroladamente. También, debajo de la puerta, salía un líquido verde fluorescente que invadía la habitación.

Juan Pedro iba a salir de ella cuando la puerta fue abierta por completo. Se detuvo para ver qué era lo que se iba a presentar. Extrañado, pues no se asomaba nada, caminó sigilosamente hacia la salida. De súbito, algo parecido a una persona hizo acto de presencia.

-Ju..., Juan Pedro - le llamó con voz ronca con algunas partes de su cuerpo de color negro, mas estaba envuelto en un líquido verde que resbalaba por él-. Ayúdame.

-¿Te conozco?

-¡Ayúdame! - comenzaba a gritar, hinchándosele el cuerpo, notándosele las venas.

-¡No puedo! ¡No sé cómo!

El cuerpo del hombre iniciaba una transformación. Crecía en altura, sus músculos aumentaban de forma exagerada, sus ojos cambiaban a color negro...

-¡Algo me está pasando! ¡¿Qué me han hecho?! ¡Ayúdame, por favor!

El suelo se resquebrajaba por el peso del ser.

-Lo siento - y apartándole, salió del cuarto-. Es urgente que encuentre a Stinger. Puede estar en peligro.

Corrió hasta donde dejó a Stinger. Aguardó un rato pero su impaciencia le hizo ir en su busca, entrando por la puerta por la que había entrado su amigo.

-Increíble, qué sala más grande..., y vacía. ¿Dónde se habrá metido?

Caminó por todos lados, ubicando las dos puertas.

-¿Por cual habrá entrado? - nervioso se preguntaba a sí mismo.

Mientras tanto, Stinger daba vueltas buscando la manera de salir.

-Está claro que por mucho que busque esta vez no hay escape. ¿Y si rompo la ventana?

Se fue a la ventana en donde pudo ver a Juan Pedro intentando abrir la otra puerta y no estaba solo. No se había dado cuenta de que un ser le acechaba por la espalda. Stinger le llamó a gritos mas no le pudo oír.

-Bueno, intentaré con la otra - resolvió Juan Pedro.

Seguía sin darse cuenta del monstruo hasta que llegó a la chimenea. De la ventana, apareció Stinger volando. Chocando con la pared, cayó desplomado al suelo. Juan Pedro se apresuró a socorrerle.

-¡Stinger! ¿Estás bien? - le preguntaba intentado levantarle.

Le agarró del brazo con fuerza y le incorporó.

-Ese tipo es muy fuerte - comentaba Stinger aturdido.

-¿Quién?

Ambos se quedaron atónitos, pero más Stinger al ver al que fue su compañero de habitación antes de que se lo llevaran.

-Es al que se llevaron cuando estuve encerrado.

-No me ayudaste. Voy a matarte - el chico que entraba por la ventana dejó de hablar y agachó la cabeza. Luego la levantó -. Ayudadme, por favor ayudadme. Voy a perder la razón, me convierto en un monstruo, ayudadme - suplicaba.

-Fantástico. De estos dos no vendrá nada bueno.

-¿Porqué lo dices? - inquirió Stinger.

-Stinger, mátame, mátame antes de convertirme en un monstruo sin alma ni conciencia - dijeron los dos seres al unísono.

Al chico que parecía normal, empezaron a hinchársele los músculos, a aumentar de tamaño, rasgando las pocas ropas que le quedaban.

-¡Ya ha comenzado! ¡Iros! - gritó con histeria.

Así que, Stinger y Juan Pedro, se fueron por la puerta que tenían más a mano, la que Juan Pedro no consiguió abrir antes y que ahora estaba abierta.

El chico que se transformaba se dirigió al otro.

-¡Cierra la puerta, Stinger! Lo que pase ahí no creo que sea agradable..., como todo en esta fortaleza.

No pasó ni un minuto cuando se originó un gran estruendo seguido de un fortísimo temblor.

 

Continuará...

La semana que viene... Capítulo 4: Un encuentro inesperado. El misterioso Juan Pedro.

 

Esta historia es un relato original protegido y creado por Fox Stinger (M.N.Z.)