Fox Stinger: GÉNESIS
Capítulo 7: Se desvela un secreto.
Huida a contrarreloj.
Finalmente Ely derrotó a Obscura,
abriéndose un portal hacia otra estancia. Sin embargo, en esa nueva sala,
para su sorpresa, se encontraron con Dez, derrotado por Juan Pedro, y a Obscura,
fundiéndose en un solo ser. Apareció Stinger muy magullado. Los tres
se enfrentaron al nuevo monstruo, no obstante no pudieron hacerle mucho a pesar
de sus esfuerzos. Todos fueron derrotados. Stinger desarrolló una fuerza
inusitada, dejando visible un estigma difuminado en su frente. Después de
todo, Ely reaccionó y atacó al monstruo. Pero otra vez les sorprendió
una inesperada transformación de la fusión entre Dez y Obscura. Al
parecer es más poderoso y se llama Demon.
Ely inició su ataque individual contra
Demon pero no tuvo nada que hacer. Con sólo la mirada, la golpeaba sin cesar.
Abatida, la agarró del cuello y, elevándola a varios metros del suelo,
se lo apretó para que sufriera.
-Pobre Démonah, eres tan tonta. El
Doctor tiene planes para ti. ¿Qué le has hecho para que te quiera
tanto? ¿Eres una traidora?
-No..., me llames... ¡Démonah!
- y haciendo un flash de luz blanca, logró golpear a Demon.
Éste la soltó y Ely, acompañada
por un Juan Pedro maltrecho y Stinger, cogieron las espadas de las armaduras y atacaron.
Mas no le hacían nada. Demon los dispersó con un fuerte viento creado
por su mano despidiéndoles lejos de él.
-Merecéis mis respetos. Sois valientes
y decididos. Lástima que eso no sea suficiente para acabar conmigo.
-Mira que te gusta alardear maldito monstruo
- decía Ely con dificultad.
-¡Hey, Lemon! ¡¿Te olvidas
de mí?! - llamó Stinger la atención desde el lado derecho del
monstruo.
-¡¿Lemon?! Grrrrgh... ¡No
puedes haberte recuperado tan pronto! Te vas a enterar, descarado.
Stinger miró a Ely y a Juan Pedro,
haciendo señales sutiles.
-¡Claro, las vidrieras! Este chico
piensa. Estará gordito pero piensa - reflexionaba Ely asintiendo a Stinger
con la cabeza.
-Este muchacho me sorprende. Parecía
estar peor que nosotros y se ha recuperado en un instante. Humph, su plan es muy
arriesgado, Demon es más fuerte que los tres juntos. Si logramos realizar
el plan con éxito habrá sido un milagro. En fin, no se pierde nada
por intentarlo - deliberaba Juan Pedro desde su mente.
Stinger "cabalgó a galope"
hacia Demon, que le esperaba desafiante. A él se le fue uniendo Ely y Juan
Pedro con las espadas escondidas en sus espaldas. Chocaron contra el enorme cuerpo
de Demon, clavándole las espadas y mermando sus fuerzas, logrando arrastrarle.
Casi cuando parecía que lograban empujarle contra la vidriera, sucedió
lo que Juan Pedro se temió. Los tres fueron expulsados de un manotazo, esquivado
sólo por Ely y Juan Pedro.
-¿Qué pretendéis? No
pensaréis lograr lanzarme contra las vidrieras para caerme al vacío,
¿verdad?
-¿Qué pasa? ¡¿Este
asqueroso monstruo no tiene punto débil?!
-Concentremos todas nuestras fuerzas, amigos.
Bueno, más vosotros que yo - animó Stinger incorporándose del
suelo.
Por arte de magia, las espadas se pusieron
a flotar en el aire.
-Os voy a hacer picadillo, je, je, je - sonreía
con malicia.
-¡¿Nunca te han dicho que quien
ríe el último ríe mejor?! - objetó Ely, exteriorizando
su rabia.
-Dudo que se dé en vuestro caso. ¡AHORA!
Las espadas salieron disparadas en busca
de sus enemigos. Stinger se mantuvo fuera del radio de acción de Demon, aproximándose
a él para intentar que se clavara las espadas que controlaba.
-Ni pienses por un momento que me clavaré
las espadas. ¡Puedo controlarlas a mi antojo!
-¿Seguro? - puso en duda Stinger-.
Eso está por ver.
Stinger tornó de nuevo su mirada a
sus compañeros. Estos no sabían lo que pretendía pero intuyeron
que debían seguirle. Por lo tanto, Stinger avanzó en estampida, con
todas sus fuerzas, contra Demon. Todos se reunieron otra vez. Cuando llegaron a
estar enfrente de él, se pararon en seco.
-¡Rápido! ¡Detrás!
- ordenó Stinger con voz fuerte.
Fue entonces, que Ely y Juan Pedro comprendieron
el plan. Justo cuando iban a ser atravesados por las afiladas hojas, se situaron
en la retaguardia de Demon, empujándole hacia ellas que llegaban a una velocidad
vertiginosa. Desconcertado, el monstruo no tuvo tiempo para reaccionar y todas las
espadas atravesaron su cuerpo y también las vidrieras.
Juan Pedro y Ely marcharon de un salto, en
cambio, Stinger tuvo que agacharse, viendo pasar por encima de él los cortantes
aceros. Cuando pasó el peligro, se apartó y se congregó con
sus amigos.
-Aún... Aún no estoy vencido
- continuaba diciendo casi sin poder mantenerse en pie y echando sangre verde por
la boca.
-Creo que ha llegado el momento de darle
el golpe de gracia, ¿no creéis chicos? - señaló Juan
Pedro pidiendo opinión a sus compañeros antes de ejecutar la sentencia.
-Sí. Esto ya ha durado demasiado -
contestó Ely agotada, llena de moratones y de sangre, con la ropa rasgada.
-¿Es necesario? No puede casi ni quedarse
en pie.
Demon preparaba su último ataque.
Extendió los brazos a los lados reuniendo una gran cantidad de energía.
Sin pensárselo dos veces, y tomando carrerilla, se dirigieron hacia Demon.
Stinger se quedó un poco rezagado. Al llegar, empujaron al monstruo pero
no se movía ni un centímetro, así que Stinger se apresuró
para ayudar a sus amigos. El empuje se hizo más fuerte, consiguiéndole
arrojar al abismo.
Demon cayó encima de los cristales
que se desprendieron antes. Al estrellarse contra el suelo, creó un terremoto.
Las armaduras, algunas aún con espadas, rompieron las vidrieras. Todos los
cristales y las espadas que quedaban se abatieron sobre Demon, ultimando su propia
maldad.
Su cuerpo se consumió con la acostumbrada
fase de descomposición. Stinger y los demás se asomaron para comprobar
que el fluido fosforescente se extinguía por completo.
-¿Qué sois? ¿Magos u
otra clase de monstruos? - abordó Stinger después de apartarse de
la ventana que quedó desnuda -. Lo siento. Perdonadme, es que...
-Tranquilo, lo comprendo. Aunque no te conozco
lo suficiente como para contarte mi vida, te lo debo. Tú me ofreciste tu
amistad y confianza sin hacer preguntas. Debí decírtelo antes.
Todos se apoyaron en la pared y se sentaron
para descansar.
-Entonces, ¿sois uno de ellos? - preguntó
de nuevo Stinger pues le preocupaba y quería dejarlo claro.
-No. En contraste con ellos, nosotros no
estamos modificados genéticamente. Somos humanos. Solamente que hemos desarrollado
habilidades inherentes en todos los seres, lo que pasa es que algunos no llegan
a desarrollarlos, ni siquiera saben que los tienen - esclareció Ely con seriedad.
-¿Cómo es eso? - quiso indagar
Stinger.
-¿No deberías quitarte la máscara
y decir la verdad? - miró Juan Pedro resentido a Ely -. ¿No crees?
¿Démonah?
-Es verdad, te han llamado Démonah
bastantes veces - añadió Stinger.
Ely apretó los labios y sollozaba
con la mirada agachada.
-No puedo hablaros de mí.
-¡Dinos! ¡¿Qué
nos ocultas?! ¡Nos encontraste en una situación inverosímil
y encima eres una humana con la habilidad de transformarte! ¡¿Trabajas
para ese Doctor que hace cosas raras y que por lo visto quiere matarnos con sus
experimentos?! - se expresaba Juan Pedro enrabietado.
-¡Cállate! Tú no sabes
nada de mí. Ni yo misma se quién soy, así que... ¡Déjame
en paz! - se exaltó de sopetón y se fue a sentarse apartada de ellos,
al escalón, cerca del trono medio destruido.
-Esta tía no me gusta. Esconde muchas
cosas y quien oculta algo es por que no es buena persona. No confío en ella.
-No seas así Juan Pedro. Dale un voto
de confianza. Está con nosotros, luchando contra seres extremadamente raros
y fuertes. ¿Quién no esconde algo por mínimo que sea? Todos
escondemos cosas. Un cometido, un pasado, una vida... Otras son más simples
que todo eso. Confiemos en ella.
Juan Pedro inclinó la cabeza hacía
abajo pues, al oír expresarse a Stinger, con cierta madurez, se dio cuenta
que tenía razón. Poco después. Ely regresó al lado de
ellos.
-Lo tengo decidido. Os contaré algunas
cosas - les dijo contristada.
Pasaron cinco minutos de absoluto silencio.
-No te preocupes Ely. Cuando estés
preparada para contarlo estaremos deseosos de escucharte. ¿Verdad Juan Pedro?
Juan Pedro no presentó respuesta.
Continuaba con la cabeza mirando al suelo.
Por su parte, Ely se quedó sorprendida
y a la vez aliviada por la compresión de Stinger, por lo que le regaló
una ligera y tierna sonrisa.
-Bueno, pues ya que no lo haces tú,
lo haré yo. Contaré alguno de mis secretos pese a que hay una enemiga
entre nosotros. Formo parte de una sección secreta llamada "La Organización".
Estoy buscando a la persona descrita en la Biblia Oscura, relatado por El
Anciano.
-¡¿La Biblia Oscura?! - decía
la voz de Ely dentro de su mente.
Sin aviso, un temblor se volvió gradualmente
más potente. Todo el lugar se oscureció todavía más.
Los truenos y rayos se escuchaban y se veían. A continuación se encendieron
unas luces rojas que parpadeaban sin cesar.
-Quedan diez minutos para la destrucción.
Por favor, evacuen la fortaleza. En cinco minutos se sellaran todas las salidas
- advertía una voz femenina que embriagaba todo el complejo.
-¡Se ha activado la autodestrucción!
- exclamó Juan Pedro.
-¡Tenemos que salir de aquí,
YA! Pero, ¿cómo? - dijo Ely nerviosa.
-¿Os olvidáis de que he estado
pululando por este lugar? Cerca del trono, en su lado izquierdo, hay una puerta
camuflada de pared. ¡Seguidme! - instó Stinger algo asustado.
Le siguieron y éste les mostró
la puerta.
-¡Mierda, está atascada!- informó.
-Aparta Stinger, la echaré abajo -
dijo Juan Pedro con decisión.
Después de mucho esfuerzo y darse
muchas veces contra la pared, logró derribarla. Se adentraron. El techo se
desplomó tras ellos, dejando la entrada cerrada.
Al dejar el lugar, una figura siniestra de
ojos rojos se hizo tenuemente visible gracias a los relámpagos, desapareciendo
al instante.
Los tres compañeros atravesaron un
pasillo y subieron por una escaleras. Llegaron a un pequeño laboratorio con
seres raros e intrigantes metidos en tubos de todos los tamaños y, en su
interior, el ya familiar líquido verde brillante.
-Oops, no recuerdo esto - comentó
Stinger.
-¡¿Cómo?! Genial, no
veo salida posible. Vamos a morir - hablaba Ely tranquila y pesimista.
-En un laboratorio debe haber una salida
de emergencia o algo así por si hay algún incendio o algo parecido,
¿no?
-Faltan cinco minutos para la destrucción.
Todas las puertas han sido selladas.
-Me parece fantástico. ¡Ahora
sí estamos muertos! - vociferó Juan Pedro.
-No perdamos la calma. Yo también
tengo miedo, ¿vale? Pero si perdemos la serenidad es peor. No os quejéis
tanto y buscad una salida - imploró Stinger.
Ely y Juan Pedro miraron a Stinger y, muy
serios, asintieron con la cabeza poniéndose manos a la obra.
Stinger comenzó dando golecitos en
la pared.
-¡Stinger, ¿qué estás
haciendo?! ¡Déjate de rollos y busca una salida! - recriminó
Ely.
-Qué carácter tiene la niña
- observó Juan Pedro.
-¡Juan Pedro! ¡Ven!
Juan Pedro acudió rápidamente
a donde se hallaba Stinger.
-Rompe la pared, por favor - pidió.
-A ver si hacemos más ejercicio, ¿eh?
- lanzó Juan Pedro con sarcasmo.
Dio un golpe en seco y se despedazó
con facilidad. Todos, excepto Stinger, se petrificaron al ver una rampa que les
conducía al exterior.
-Tendremos que dejarnos caer. Primero las
damas.
-No digas estupideces Stinger - le habló
acercándose a la rampa, a lo cual Stinger le respondió con una sonrisa.
En seguida se lanzó Juan Pedro, quien
dudó al principio ya que quería que fuese antes Stinger pero éste
le presionó y finalmente se dejó resbalar. Por último le tocaba
a Stinger. Iba a lanzarse cuando alguien le agarró del harapo que llevaba
como camiseta y le retiró lejos de la única salvación.
-¡¿Quién eres?! ¡¿Qué
es lo que quieres?!
¿Quién será el que ha
detenido a Stinger de salvarse? ¿Se salvará?
La semana que viene no te pierdas el Capítulo
8: Intromisión violenta de los Agentes de La Organización.
Continuará...
Esta historia es un relato original protegido
y creado por Fox Stinger(M.N.Z.)