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No soy Beatriz de Mesina... Pero puedo ser tan ácida y corrosiva como ella. Y si no, que se lo pregunten a Wayfarer... Pero, como casi siempre, todo es mucho ruido y pocas nueces.

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Beatriz de Mesina/Female/21-25. Vive en Spain/Madrid/Móstoles/Hospital, habla Spanish. Pasa 20% del día contectado/a. Usa una conexión de Fast (128k-512k). Y le gusta Baile/Cine.
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Spain, Madrid, Móstoles, Hospital, Spanish, Beatriz de Mesina, Female, 21-25, Baile, Cine.

Viernes, 05 de Marzo, 2004

Fox Stinger: GÉNESIS

Capítulo 8: Intromisión violenta de los Agentes de La Organización.

Stinger, Ely y Juan Pedro se enfrentaron a un ser extremadamente fuerte, Demon. Después de una larga y dura batalla, consiguieron derrotar a su enemigo con su propia arma, arrojándole al vacío. Tras vencerle, se relajaron un poco en donde salió a relucir el otro nombre de Ely, Démonah. Tanto Ely como Juan Pedro esconden secretos, sin embargo, Juan les reveló que pertenecía a una sección secreta llamada "La Organización". Al rato, un sonido, seguido de una voz, anunciaba la destrucción de la fortaleza. Stinger les mostró una salida. Un temblor les dejó encerrados en un pequeño laboratorio. Allí tuvieron que buscar una vía de escape. Gracias a Stinger, Ely y Juan Pedro pudieron escapar, no obstante, Stinger fue detenido por alguien que le retiró de la salvación.

-¡¿Quién eres?! ¡¿Qué es lo que quieres?! - quiso saber Stinger sin llegar a discernir, por la lobreguez del lugar, quien le hablaba.

-Tú eres - dijo una voz varonil con una silueta oscura bastante imponente por sus ojos rojos que alumbraban en la oscuridad.

-¡¿Yo soy, qué?! ¡¿O quién?!

-El que salvará este mundo. Todos los mundos. Soy el enemigo pero estoy de tu parte, mas puedo no estar de tu lado y ser tu amigo.

-¡¿De qué me estás hablando?! ¡No entiendo lo que me quieres decir!

-Debes sobrevivir a las batallas. Debes salvar los mundos de los sueños.

Sin más, se esfumó. Un ser que había en un tubo empezaba a romper el cristal que lo tenía prisionero.

-Hay que destruir este lugar antes de que lo haga conmigo.

Sin dilación, abrió un par de bombonas de metano que se encontraban allí y una pequeña bombona de gas. El tubo de cristal se vació, saliendo de él, y rompiendo el cristal, el monstruo.

Era pequeño y chepudo. Parecía que llevaba una coraza en la espalda. Su rostro era de un ser humano al igual que su cuerpo y sus piernas. Su piel era gris y sus ojos negros como aquella noche de tormenta.

Stinger necesitaba fuego y no lo hallaba. No tuvo otro remedio que lanzar las bombonas, abriéndose estas, hacia los tubos de ensayo con soluciones de diversos colores, mientras le atacaba el pequeño ser. Algunos tenían unos pequeños quemadores encendidos a fuego lento. Stinger se abalanzó hacia la rampa a la vez que el pequeño monstruo iba a atacarle. Sin embargo todo estalló, derrumbándose el techo encima del monstruo. Las llamas se colaron por la rampa, persiguiendo a Stinger. Afortunadamente logró escapar, aunque mal herido, pues el Metamorfo, sin saber cómo, le había alcanzado.

Juan Pedro y Ely salían de la cueva, una antigua alcantarilla, viendo que aquel presidio estaba explotando en pedazos. Aún llovía. Se adelantaron un poco más por el gran descampado, viendo una carretera a lo lejos.

-Ely, ¿no te parece raro que Stinger todavía no haya salido? Se suponía que venía detrás mío - miraba fijamente al interior de la oscura alcantarilla.

Aguardaron un rato.

-Ya no aguanto más. Voy a buscarle - dijo con arrojo.

-¡Espera! - clamó Ely -. Voy contigo.

Mientras tanto, Stinger aterrizaba en el suelo, casi inconsciente. La sombra regresó.

-La esperanza. Los amigos. Está en ti - decía la voz un tanto indefinible, con un leve eco.

-¿Quién..., quién eres? ¿Esperanza?

-Los sueños...

-¡Stinger! - interrumpió Juan Pedro desde lejos.

-He notado una fuerza extraña. No me parecía un Genético. Me era conocido. Me lo habré imaginado - hablaba Ely consigo misma, algo contrariada.

-¡Stinger! ¿Estás bien? - le preguntó ayudándole a levantarse-. Ya ha pasado todo. Larguémonos de aquí. ¿Qué habrá pasado allí arriba? Está sangrando.

En el cielo, un robot en forma de murciélago, los espía, viendo como salen de la cueva. Alguien les vigila a través de él.

-Se parece mucho a mí - decía una voz en algún lugar inhóspito y en la oscuridad -. Estoy seguro de que es él. Es aquel a quien busco, el que menciona la Biblia de La Luz. Si es así tendré que matarle - su voz se desvaneció en las densas tinieblas.

Los tres supervivientes con Stinger subido a la espalda de Juan Pedro, se dirigieron a la carretera. Dejaba de llover. Otra explosión se dejó notar. Tras unos segundos, un coche pasó y se detuvo. Subieron.

El automóvil se puso en marcha y, alejándose, suspiraron aliviados fijando su mirada en la llamarada que resplandecía en la lejanía y que cada vez se distinguía menos.

Fox Stinger: GÉNESIS 1.0

Esa misma noche, Juan Pedro, Ely y Stinger pararon en un motel. La tormenta había parado. Se bajaron del coche y este se marchó. Ely y Juan Pedro ayudaban a Stinger, que caminaba arrastrando los pies, dejándole que se apoyara en ellos con los brazos rodeándoles el cuello. Una mano casi llega a tocar un pecho de Ely, la cual se puso nerviosa porque no quería que la tocara.

Entraron en el motel y el recepcionista veía la televisión. Al verles se quedó pasmado, ya que Juan Pedro sólo llevaba los calzoncillos largos que se quedaron demasiado cortos, rotos y sucios. Ely se encontraba algo mejor. Ligerita de ropa, con una camiseta que sólo le tapaba lo justo y los pantalones que se le hicieron excesivamente cortos. Stinger era el que tenía más ropa pero al igual que sus compañeros, estaba sucio, con las ropas destrozadas, lleno de heridas y sangre.

El recepcionista les examinó de arriba a abajo, comprobando que tampoco llevaban calzado, excepto Ely.

-Queríamos una habitación triple - inicio Juan Pedro.

-Eeeeeeh... - el hombre tartamudeaba de la impresión -. ¿Van a pagar con tarjeta o en efectivo?

-Preferimos pagar cuando nos vayamos, si no le importa - contestó Juan.

-¿De dónde vienen así?

-De un lugar repleto de Genéticos - volvió a contestar serio.

-Sí, ¿qué más? ¿Está de broma? Eso no se lo cree... - la cara del recepcionista, que al principio se destornillaba de risa, cambió radicalmente al ver el semblante de sus huéspedes -. Perdón. Tomen - dijo serio dándoles la llave -. Habitación quinientos trece. Está en la quinta y última planta a la derecha.

Ely tomó las llaves y Juan Pedro subió a Stinger a su espalda.

-¡Cómo pesa el condenado! Subamos por el ascensor.

Cuando abandonaron el elevador, su puerta quedaba a mano izquierda.

Al mismo tiempo, en la televisión daban la noticia de que en una zona específica del descampado ardía y que era un misterio que sólo se quemara esa área en concreto puesto que no se había extendido, ni restos de heno ni tampoco cimientos de casa alguna.

Llegaron a la puerta de la habitación. Stinger no despertaba. Ely introdujo la llave y entraron.

-¡Por fin podemos descansar! - suspiró Ely cayendo, como si pesara plomo, encima de una cama.

-Voy a duchar a Stinger y a curarle las heridas. Si quieres, duerme.

Ely ya se había quedado dormida.

Juan Pedro llevó a su compañero al baño. Le desnudó a la vez que llenaba la bañera de agua. Juan se impresionó al ver que algunas heridas profundas que vio antes ya no las tenía, dándole la sensación de que se curaban solas lentamente. Sin embargo estaba tan cansado que no le dio importancia. Así pues, le metió en la bañera y comenzó a frotarle con una esponja.

No se fijó antes pero en el cuello de Stinger colgaba una cadena de plata con un dibujo. Era un triángulo de plata, blanco, invertido, con las puntas superiores picudas y la zona superior un poco arqueada. Lo observó por un rato y luego continuó limpiando a su amigo. El agua era una mezcla entre negro y rojo. Posteriormente le sacó de la bañera y le sentó, como pudo, en el retrete. Miró en un espejo, encima del lavabo, encontrando alcohol y algodones. Más tarde le llevó al aposento, le tumbó en la cama y le envolvió, desnudo, con las sábanas. Se fue a su habitación pasando por el cuarto de Ely. Se detuvo contemplando su lindo cuerpo. Volteó la cabeza varias veces y muy rápido y caminó hacia su pieza, tirándose en plancha sobre la cama y quedándose dormido en el acto.

Despertaba el amanecer. Todo era silencioso y tranquilo con el cantar de los pájaros.

Afuera se veía el motel. Cinco plantas y un luminoso que parpadeaba constantemente. Detrás del motel, descampado raso.

El recepcionista todavía miraba la televisión sin despegar la vista de la pantalla, ni siquiera parpadeaba.

El interior del motel era modesto. El suelo estaba enmoquetado de color azul oscuro. Algunas bombillas de los pasillos se encendían y apagaban solas, emitiendo un sonido de electricidad. Las paredes eran de color pistacho, un poco sucias.

Pasados cinco minutos, el hombre de la recepción que observaba atontado la televisión, había cambiado, sin embargo hacía lo mismo. Probablemente el otro había acabado su jornada laboral. Éste era feo, muy delgado, con gafas muy gruesas, los dientes negros y algunos caídos.

De súbito, entraron cinco hombres uniformados con trajes negros. También llevaban gafas de sol y pelo engominado.

-¡Anda! ¡Pero si son los "Men in black"! - exclamó el feo recepcionista excitado.

-¿Ha venido alguien de apariencia extraña? - dijo uno, seguramente el cabecilla del grupo, con exagerada seriedad.

-¿Aparte de ustedes? - preguntó con voz de haber inhalado helio y riéndose -. No. Yo acabo de llegar a mi turno - cambió de formas al ver la formalidad con la que esos tipos aparentaban venir.

-¿Tienes registro de huéspedes?

-No señor. Lo siento - volvió a reír ligeramente.

-No hace falta. Ya les encontraremos. Imbécil - finalizó murmurando, yéndose por las escaleras seguidos por los otros cuatro.

Al tiempo que subían por las escaleras, el jefe se puso la mano en la oreja y hablaba.

-¿Sabéis donde está? - esperó un tiempo y prosiguió: - En la última planta. Habitación quinientos trece. ¿Confirmado? De acuerdo. ¡Chicos, ya habéis oído, habitación quinientos trece! - comunicó al resto del equipo.

En la habitación, Juan Pedro tuvo un presentimiento, por eso se despertó y se levantó con brusquedad.

-No pensé que llegarían tan pronto - decía susurrando al dirigirse hacia la entrada. Se situó enfrente de la puerta para esperarles y que no armaran barullo, mas los tipos no se anduvieron por las ramas. De una patada echaron la puerta abajo, atrapando, sin querer, a Juan Pedro entre ésta y la pared. Los cuatro hombres de negro entraron precipitadamente y el jefe del equipo el último de todos.

-¡Eh, vosotros! - gritó Juan Pedro enojado -. ¡¿Se puede saber que puñetas estáis haciendo?!

-¡Juan Pedro, ¿estás bien?! - se arrodilló el jefe para ayudar a Juan que yacía malhumorado en el piso.

-¡Claro que sí! ¡Hasta que habéis llegado! ¡¿En qué estáis pensando?!

-Perdona por esta intromisión. Nos informaron de que tal vez te tenían secuestrado. Nos notificaron que te vieron con dos personas más y creímos...

-Sois idiotas. ¿Quién os ha dado esa información? Es errónea. No me ayudes, ya puedo solo - le frenó con cierto resquemor.

-¡Amigo! ¡Les hemos encontrado! ¡Aquí hay una chica! - comunicó otro hombre de negro al jefe.

-¡Hey, dejadme en paz, subnormales! ¡Soltadme si no queréis arrepentiros! - se quejó Ely y mirando a Juan Pedro preguntó: - ¡Juan Pedro, ¿quiénes son estos orangutanes?!

 

¿Qué pretenden esos tipos? Si son amigos de Juan Pedro, ¿qué les ocurrirá ahora a Ely y a Stinger? ¿Estarán a salvo? ¿Qué pasará?

 

La semana que viene no te pierdas el Capítulo 9: Dentro de La Organización y el sueño de Ely.

Continuará...

 

Esta historia es un relato original protegido y creado por Fox Stinger(M.N.Z)