Fox Stinger: GÉNESIS
Capítulo 8: Intromisión
violenta de los Agentes de La Organización.
Stinger, Ely y Juan Pedro se enfrentaron
a un ser extremadamente fuerte, Demon. Después de una larga y dura batalla,
consiguieron derrotar a su enemigo con su propia arma, arrojándole al vacío.
Tras vencerle, se relajaron un poco en donde salió a relucir el otro nombre
de Ely, Démonah. Tanto Ely como Juan Pedro esconden secretos, sin embargo,
Juan les reveló que pertenecía a una sección secreta llamada
"La Organización". Al rato, un sonido, seguido de una voz, anunciaba
la destrucción de la fortaleza. Stinger les mostró una salida. Un
temblor les dejó encerrados en un pequeño laboratorio. Allí
tuvieron que buscar una vía de escape. Gracias a Stinger, Ely y Juan Pedro
pudieron escapar, no obstante, Stinger fue detenido por alguien que le retiró
de la salvación.
-¡¿Quién eres?! ¡¿Qué
es lo que quieres?! - quiso saber Stinger sin llegar a discernir, por la lobreguez
del lugar, quien le hablaba.
-Tú eres - dijo una voz varonil con
una silueta oscura bastante imponente por sus ojos rojos que alumbraban en la oscuridad.
-¡¿Yo soy, qué?! ¡¿O
quién?!
-El que salvará este mundo. Todos
los mundos. Soy el enemigo pero estoy de tu parte, mas puedo no estar de tu lado
y ser tu amigo.
-¡¿De qué me estás
hablando?! ¡No entiendo lo que me quieres decir!
-Debes sobrevivir a las batallas. Debes salvar
los mundos de los sueños.
Sin más, se esfumó. Un ser
que había en un tubo empezaba a romper el cristal que lo tenía prisionero.
-Hay que destruir este lugar antes de que
lo haga conmigo.
Sin dilación, abrió un par
de bombonas de metano que se encontraban allí y una pequeña bombona
de gas. El tubo de cristal se vació, saliendo de él, y rompiendo el
cristal, el monstruo.
Era pequeño y chepudo. Parecía
que llevaba una coraza en la espalda. Su rostro era de un ser humano al igual que
su cuerpo y sus piernas. Su piel era gris y sus ojos negros como aquella noche de
tormenta.
Stinger necesitaba fuego y no lo hallaba.
No tuvo otro remedio que lanzar las bombonas, abriéndose estas, hacia los
tubos de ensayo con soluciones de diversos colores, mientras le atacaba el pequeño
ser. Algunos tenían unos pequeños quemadores encendidos a fuego lento.
Stinger se abalanzó hacia la rampa a la vez que el pequeño monstruo
iba a atacarle. Sin embargo todo estalló, derrumbándose el techo encima
del monstruo. Las llamas se colaron por la rampa, persiguiendo a Stinger. Afortunadamente
logró escapar, aunque mal herido, pues el Metamorfo, sin saber cómo,
le había alcanzado.
Juan Pedro y Ely salían de la cueva,
una antigua alcantarilla, viendo que aquel presidio estaba explotando en pedazos.
Aún llovía. Se adelantaron un poco más por el gran descampado,
viendo una carretera a lo lejos.
-Ely, ¿no te parece raro que Stinger
todavía no haya salido? Se suponía que venía detrás
mío - miraba fijamente al interior de la oscura alcantarilla.
Aguardaron un rato.
-Ya no aguanto más. Voy a buscarle
- dijo con arrojo.
-¡Espera! - clamó Ely -. Voy
contigo.
Mientras tanto, Stinger aterrizaba en el
suelo, casi inconsciente. La sombra regresó.
-La esperanza. Los amigos. Está en
ti - decía la voz un tanto indefinible, con un leve eco.
-¿Quién..., quién eres?
¿Esperanza?
-Los sueños...
-¡Stinger! - interrumpió Juan
Pedro desde lejos.
-He notado una fuerza extraña. No
me parecía un Genético. Me era conocido. Me lo habré imaginado
- hablaba Ely consigo misma, algo contrariada.
-¡Stinger! ¿Estás bien?
- le preguntó ayudándole a levantarse-. Ya ha pasado todo. Larguémonos
de aquí. ¿Qué habrá pasado allí arriba? Está
sangrando.
En el cielo, un robot en forma de murciélago,
los espía, viendo como salen de la cueva. Alguien les vigila a través
de él.
-Se parece mucho a mí - decía
una voz en algún lugar inhóspito y en la oscuridad -. Estoy seguro
de que es él. Es aquel a quien busco, el que menciona la Biblia de La Luz.
Si es así tendré que matarle - su voz se desvaneció en las
densas tinieblas.
Los tres supervivientes con Stinger subido
a la espalda de Juan Pedro, se dirigieron a la carretera. Dejaba de llover. Otra
explosión se dejó notar. Tras unos segundos, un coche pasó
y se detuvo. Subieron.
El automóvil se puso en marcha y,
alejándose, suspiraron aliviados fijando su mirada en la llamarada que resplandecía
en la lejanía y que cada vez se distinguía menos.
Fox Stinger: GÉNESIS 1.0
Esa misma noche, Juan Pedro, Ely y Stinger
pararon en un motel. La tormenta había parado. Se bajaron del coche y este
se marchó. Ely y Juan Pedro ayudaban a Stinger, que caminaba arrastrando
los pies, dejándole que se apoyara en ellos con los brazos rodeándoles
el cuello. Una mano casi llega a tocar un pecho de Ely, la cual se puso nerviosa
porque no quería que la tocara.
Entraron en el motel y el recepcionista veía
la televisión. Al verles se quedó pasmado, ya que Juan Pedro sólo
llevaba los calzoncillos largos que se quedaron demasiado cortos, rotos y sucios.
Ely se encontraba algo mejor. Ligerita de ropa, con una camiseta que sólo
le tapaba lo justo y los pantalones que se le hicieron excesivamente cortos. Stinger
era el que tenía más ropa pero al igual que sus compañeros,
estaba sucio, con las ropas destrozadas, lleno de heridas y sangre.
El recepcionista les examinó de arriba
a abajo, comprobando que tampoco llevaban calzado, excepto Ely.
-Queríamos una habitación triple
- inicio Juan Pedro.
-Eeeeeeh... - el hombre tartamudeaba de la
impresión -. ¿Van a pagar con tarjeta o en efectivo?
-Preferimos pagar cuando nos vayamos, si
no le importa - contestó Juan.
-¿De dónde vienen así?
-De un lugar repleto de Genéticos
- volvió a contestar serio.
-Sí, ¿qué más?
¿Está de broma? Eso no se lo cree... - la cara del recepcionista,
que al principio se destornillaba de risa, cambió radicalmente al ver el
semblante de sus huéspedes -. Perdón. Tomen - dijo serio dándoles
la llave -. Habitación quinientos trece. Está en la quinta y última
planta a la derecha.
Ely tomó las llaves y Juan Pedro subió
a Stinger a su espalda.
-¡Cómo pesa el condenado! Subamos
por el ascensor.
Cuando abandonaron el elevador, su puerta
quedaba a mano izquierda.
Al mismo tiempo, en la televisión
daban la noticia de que en una zona específica del descampado ardía
y que era un misterio que sólo se quemara esa área en concreto puesto
que no se había extendido, ni restos de heno ni tampoco cimientos de casa
alguna.
Llegaron a la puerta de la habitación.
Stinger no despertaba. Ely introdujo la llave y entraron.
-¡Por fin podemos descansar! - suspiró
Ely cayendo, como si pesara plomo, encima de una cama.
-Voy a duchar a Stinger y a curarle las heridas.
Si quieres, duerme.
Ely ya se había quedado dormida.
Juan Pedro llevó a su compañero
al baño. Le desnudó a la vez que llenaba la bañera de agua.
Juan se impresionó al ver que algunas heridas profundas que vio antes ya
no las tenía, dándole la sensación de que se curaban solas
lentamente. Sin embargo estaba tan cansado que no le dio importancia. Así
pues, le metió en la bañera y comenzó a frotarle con una esponja.
No se fijó antes pero en el cuello
de Stinger colgaba una cadena de plata con un dibujo. Era un triángulo de
plata, blanco, invertido, con las puntas superiores picudas y la zona superior un
poco arqueada. Lo observó por un rato y luego continuó limpiando a
su amigo. El agua era una mezcla entre negro y rojo. Posteriormente le sacó
de la bañera y le sentó, como pudo, en el retrete. Miró en
un espejo, encima del lavabo, encontrando alcohol y algodones. Más tarde
le llevó al aposento, le tumbó en la cama y le envolvió, desnudo,
con las sábanas. Se fue a su habitación pasando por el cuarto de Ely.
Se detuvo contemplando su lindo cuerpo. Volteó la cabeza varias veces y muy
rápido y caminó hacia su pieza, tirándose en plancha sobre
la cama y quedándose dormido en el acto.
Despertaba el amanecer. Todo era silencioso
y tranquilo con el cantar de los pájaros.
Afuera se veía el motel. Cinco plantas
y un luminoso que parpadeaba constantemente. Detrás del motel, descampado
raso.
El recepcionista todavía miraba la
televisión sin despegar la vista de la pantalla, ni siquiera parpadeaba.
El interior del motel era modesto. El suelo
estaba enmoquetado de color azul oscuro. Algunas bombillas de los pasillos se encendían
y apagaban solas, emitiendo un sonido de electricidad. Las paredes eran de color
pistacho, un poco sucias.
Pasados cinco minutos, el hombre de la recepción
que observaba atontado la televisión, había cambiado, sin embargo
hacía lo mismo. Probablemente el otro había acabado su jornada laboral.
Éste era feo, muy delgado, con gafas muy gruesas, los dientes negros y algunos
caídos.
De súbito, entraron cinco hombres
uniformados con trajes negros. También llevaban gafas de sol y pelo engominado.
-¡Anda! ¡Pero si son los "Men
in black"! - exclamó el feo recepcionista excitado.
-¿Ha venido alguien de apariencia
extraña? - dijo uno, seguramente el cabecilla del grupo, con exagerada seriedad.
-¿Aparte de ustedes? - preguntó
con voz de haber inhalado helio y riéndose -. No. Yo acabo de llegar a mi
turno - cambió de formas al ver la formalidad con la que esos tipos aparentaban
venir.
-¿Tienes registro de huéspedes?
-No señor. Lo siento - volvió
a reír ligeramente.
-No hace falta. Ya les encontraremos. Imbécil
- finalizó murmurando, yéndose por las escaleras seguidos por los
otros cuatro.
Al tiempo que subían por las escaleras,
el jefe se puso la mano en la oreja y hablaba.
-¿Sabéis donde está?
- esperó un tiempo y prosiguió: - En la última planta. Habitación
quinientos trece. ¿Confirmado? De acuerdo. ¡Chicos, ya habéis
oído, habitación quinientos trece! - comunicó al resto del
equipo.
En la habitación, Juan Pedro tuvo
un presentimiento, por eso se despertó y se levantó con brusquedad.
-No pensé que llegarían tan
pronto - decía susurrando al dirigirse hacia la entrada. Se situó
enfrente de la puerta para esperarles y que no armaran barullo, mas los tipos no
se anduvieron por las ramas. De una patada echaron la puerta abajo, atrapando, sin
querer, a Juan Pedro entre ésta y la pared. Los cuatro hombres de negro entraron
precipitadamente y el jefe del equipo el último de todos.
-¡Eh, vosotros! - gritó Juan
Pedro enojado -. ¡¿Se puede saber que puñetas estáis
haciendo?!
-¡Juan Pedro, ¿estás
bien?! - se arrodilló el jefe para ayudar a Juan que yacía malhumorado
en el piso.
-¡Claro que sí! ¡Hasta
que habéis llegado! ¡¿En qué estáis pensando?!
-Perdona por esta intromisión. Nos
informaron de que tal vez te tenían secuestrado. Nos notificaron que te vieron
con dos personas más y creímos...
-Sois idiotas. ¿Quién os ha
dado esa información? Es errónea. No me ayudes, ya puedo solo - le
frenó con cierto resquemor.
-¡Amigo! ¡Les hemos encontrado!
¡Aquí hay una chica! - comunicó otro hombre de negro al jefe.
-¡Hey, dejadme en paz, subnormales!
¡Soltadme si no queréis arrepentiros! - se quejó Ely y mirando
a Juan Pedro preguntó: - ¡Juan Pedro, ¿quiénes son estos
orangutanes?!
¿Qué pretenden esos tipos?
Si son amigos de Juan Pedro, ¿qué les ocurrirá ahora a Ely
y a Stinger? ¿Estarán a salvo? ¿Qué pasará?
La semana que viene no te pierdas el Capítulo
9: Dentro de La Organización y el sueño de Ely.
Continuará...
Esta historia es un relato original protegido
y creado por Fox Stinger(M.N.Z)