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Viernes, 23 de Abril, 2004
Fox Stinger: GÉNESIS 2.0
Capítulo 15: Abisso: Un Genético temible. Tarsis: La enigmática. Ely, Juan Pedro y Stinger partieron hacia Villa Europa. Después de dar un paseo se hospedaron en un motel y allí descansaron. Se durmieron y Stinger comenzó a tener una visión en forma de sueño. Al día siguiente fueron a investigar por la ciudad. Stinger se perdió y, cansado, se sentó en un banco. A lo lejos, una joven le miró descaradamente y el tiempo pareció detenerse, cambiando el entorno. Era una muchacha muy misteriosa. El tiempo se detuvo. La joven le incitó a que la siguiera y Stinger lo intentó avanzando muy despacio. Por fin, se introdujo en un callejón donde todo regresó a la relativa normalidad. La muchacha aparecía y desaparecía a voluntad y se esfumó tras un muro. Stinger se dirigió allí y, al dar la espalda al muro, una mano lo atravesó y le empujó al interior. Una vez dentro, una luz le decía cosas que él no comprendía. En un atril se encontraba La Biblia Oscura y en el centro del libro, un triángulo blanco invertido. De pronto el ente de luz aumentó su brillo, al igual que la Biblia, y Stinger volvió al banco en donde estaba sentado. Ely y Juan Pedro le habían hallado y éste decía cosas raras. Pensaron que estaba alucinando por el efecto del sol. Decidieron ir a comer. Stinger les relató lo acontecido pero ellos continuaban sin darle credibilidad. Se hizo el atardecer. Dentro de poco se presentaría la noche. Desconcertados, Juan Pedro, Ely y Stinger, veían como la gente se marchaba precipitadamente de aquel lugar en donde acababan de comer. Otras andaban apresuradamente o corrían por las calles. -¿Se puede saber qué ocurre? - preguntó Stinger observando a la gente. Una camarera, de uniforme granate y el cuello de la camisa blanco, se les acercó con inquietud y un poco ansiosa. -Perdonen las molestias pero tienen que darse prisa. Vamos a cerrar en breve - avisó con voz temblorosa por los nervios. -Si sólo son las ocho menos diez - aludió Ely. -Es la primera vez que vienen a esta ciudad, ¿no es así? La camarera fue respondida afirmativamente. -No sé de donde serán ustedes - continuó la camarera -. ¿Acaso no han visto las noticias? Lo dicen en todos los medios, ha salido en la televisión. Los Genéticos suelen salir al atardecer o de noche por eso hay un toque de queda. -¿Y a qué hora es ese toque de queda? - indagó Ely. -En primavera y verano empieza a las nueve por eso recogemos antes, aunque no suelen salir hasta que es totalmente de noche. -¿No atacan por el día? - preguntó Juan Pedro. -Sí, raras veces lo hacen. -¡Carolina! - llamó un hombre de mediana edad y serio -. No te entretengas y recoge todo, nos vamos en un cuarto de hora. -¡Sí! - exclamó la camarera -. Será mejor que se vayan a su casa, en ellas no atacan a no ser que haya alguna razón. -Gracias por todo - respondió Stinger -. Deberíamos irnos. Esta gente está asustada. -Nunca me imaginé que la situación fuese tan grave y lo peor es que todavía no hemos encontrado a El Anciano ni La Biblia Oscura - reflexionaba Juan Pedro. Seguidamente pagaron y se fueron. Escasos minutos más tarde vieron como cerraban el restaurante y se marchaban. Eran las nueve y veintisiete. El sol comenzaba a ocultarse. Aún se veía a algunas personas en la calle, caminando con rapidez. Las luces de las farolas se encendieron. Todo quedó siniestro, sólo se presentía el leve sonido del cálido viento. Los que andaban por allí, al ver a Stinger y a sus amigos, se acercaron sutilmente a ellos. -¿Os importa que nos quedemos con vosotros? - asaltó la tímida voz de una adolescente agarrada con fuerza al brazo de su novio. Tres personas más, dos mujeres, una joven y una anciana con su marido, se añadieron sin decir palabra por timidez. La noche se asentó definitvamente y la ciudad daba miedo por el intrigante silencio ya que estaba desierta. Era una ciudad fantasma. De súbito, oyeron voces y un fortísimo estruendo. Eran Genéticos que hicieron explotar un par de coches. -Parece que están de juerga. Más vale que vayamos por otro lado, ¿no? - comentó Stinger en voz baja y asustado. Juan Pedro se puso el dedo verticalmente delante de sus labios en señal de silencio. Se escondieron en la alumbrada esquina de un banco. -¡Sacad a la humana! - gritó un Genético riéndose y haciendo reír a los demás. Desde donde se ubicaban, Stinger y las demás personas oyeron los gritos del monstruo que creaba un agudo eco en toda la calle. -¡Tienen una inocente! Juan Pedro, tienes que hacer algo - exclamó Stinger susurrando y con angustia. -Eso creo - le contestó. No obstante, Juan se quedó paralizado. Ely y Stinger esperaban una reacción. Éste volteó la cabeza mirando a las personas que permanecían con ellos. -Si no lo haces tú lo haré yo - dijo Ely con arrojo. -Yo te sigo, Ely, aunque esté muerto de miedo. Stinger se adelantó para ser descubierto. -Alto ahí, chaval - detuvo Juan Pedro agarrándole de la camiseta -. Ely, lleva a estas personas al motel por otro sitio, Stinger y yo rescataremos a la chica. -Claro, como no. Cuando hay una chica de por medio en una situación comprometida, los machos acuden desesperados. Además Stinger es un debilucho, te será un estorbo - objetó Ely. -Haz lo que te he dicho - contestó muy serio -. Nosotros nos las arreglaremos. Tú eres fuerte. Si te encuentras con el enemigo podrás protegerlos. -Está bien. Vamos - animó Ely a que la siguieran. Cuando Ely y los que la acompañaban se alejaron de allí, Juan Pedro y Stinger entraron en acción, aunque este último con retraso. -¡Eh, vosotros! ¡Dejad a la chica! - gritó Juan con voz fuerte y amenazante. -¿Quién ha dicho eso? - dijo el Genético líder dándose la vuelta. Tenía el cabello teñido de verde y los ojos negros por completo. -¡Yo, imbécil! ¡¿Acaso no me ves?! Como un rayo, Juan Pedro se presentó delante de él, dándole un puñetazo tremendo en la cara que le mandó contra una farola que, al chocar, la dobló. Stinger se paró en donde lo hizo Juan Pedro en un principio. La joven víctima miró a Stinger de manera rara, como si le llamase mi atención. -Por fin ha llegado - dijo la joven por lo bajini. -Esa chica... ¿La he visto antes? - pensó Stinger. El tipo que fue abatido por Juan, se levantó y se dirigió a su compañero quien tenía agarrada a la chica. Le apartó con violencia y la tomó él. -¡Mario! - creyó oír Stinger que giró la cabeza varias veces -. ¡Stinger! - dijo a continuación -. ¡Stinger, sálvame! - rogó la joven. -¡Cállate asquerosa humana! - vociferó el Genético agitándola de un lado a otro, dándola la vuelta para mirarla a los ojos. Al fijarse en ellos no pudo dejar de mirarlos. La expresión del Genético fue sorprendente pues la soltó arrojándola al suelo. Actuó lleno de pavor. Se apartó de ella y cayó de rodillas mientras se deshacía. Se tumbó y se evaporó, ni siquiera se vio la típica sangre verde fluorescente. Todos los compañeros del Genético que acababa de desaparecer, se preguntaban unos a otros que qué había sucedido. Por arte de magia otro Genético hizo acto de presencia. Este era mucho más musculoso. Sus ojos negros eran más profundos, tanto que te perdías en ellos. su cabello azul se volvía un poco más claro con la iluminación de las farolas. Vestía una camiseta gris sin mangas, de tiras, y unos pantalones vaqueros con botas de montaña con la puntera de hierro. -Olvidadle - dijo al resto de los Genéticos -. Era un idiota. Vamos a cargarnos a estos humanos. Hola - dijo hablando a Juan Pedro -. Me llamo Abisso, ¿y tú? La chica, que se encontraba en el suelo, fue recogida por Stinger y corrieron hasta ponerse bastante detrás de Juan Pedro. -Vale, Abisso, prepárate. De esta no sales. -Eres un mal educado. Me he presentado y tú no. Me has ofendido - dijo con cara de enfado para al instante sonreír -. Da igual. -¡Abisso! - clamó uno de sus secuaces -. ¡Nosotros también queremos divertirnos! -¡Tú! ¡El sin nombre! - llamó Abisso -. ¡¿Pueden divertirse contigo?! -No creo que puedan - contestó con arrogancia. Los Genéticos se abalanzaron como fieras sobre Juan Pedro. Con unos fugaces movimientos de este, los enemigos cayeron fulminados, tintando la calle de verde. Sin embargo le hicieron un leve corte en la mejilla. -Sangre roja. Interesante. Compruebo que no eres un Genético ni nada parecido. Ya decía yo... Al transformarte noté algo diferente, aunque he de admitir que eres muy fuerte y tienes un Ki extraordinario a pesar de tu limitación. A ver cuánto te dura conmigo. Se pusieron a luchar en medio de un gran charco de sangre verde fosforescente que iluminaba todo alrededor y que, en un par de minutos, se disipó. Después de diez minutos de combate, hicieron una pausa. -De veras que me has sorprendido. Gracias por el calentamiento - presumía el Genético. -¡¿Calentamiento?! -¡¿Pensabas que luchaba en serio?! No me hagas reír, te creía más listo. Todavía no he desplegado mi auténtico poder y ya me he cansado de juegos. Sin más demora, Juan Pedro lanzó una bola de energía azul contra Abisso. Al colisionar contra él, la energía se extendió por todo su cuerpo. Juan comenzó a tirarle una bola tras otra y lo único que lograba era cansarse. -Necio. ¿Sabes lo que estás haciendo? Aumentas mi Ki. Si fuera tú me resignaba a morir. Por otro lado, Stinger permanecía con la enigmática joven, contemplando la situación impotente, y con la boca abierta, cómo luchaban y el derroche de energía. -¿Qué será eso del Ki? - mascullaba Stinger casi sin entenderle nada. -No estoy segura pero creo que es una expresión que se refiere a la energía vital o espiritual - respondió la chica. -¿En serio? Oye... - mencionó pensativo -. ¿Nos conocemos? -Puede que en sueños - a Stinger le aturdió esta respuesta y ella continuó -: ¡Ah! Gracias por salvarme. Me llamo Tarsis. -Es demasiado pronto para cantar victoria. Aún no estamos a salvo. -Estoy segura que sí lo estamos - afirmó mirando a los ojos a Stinger, con esos ojos azules intensos, siendo difícil para él apartar su mirada. -¡Un momento! - dijo apartando la mirada y pegando un grito -. El tío ese absorbe la energía por eso aumenta la suya, ¿no? ¿Qué pasaría si tiene una sobrecarga de energía? -Es posible que se haga infinitamente más fuerte y tu amigo muera. -Vaya, no había pensado en eso pero también podría explotar. Bueno, hay que intentarlo, de todos modos es más fuerte que nosotros, ¿qué podemos perder? -Eres muy inteligente y tienes razón en algunas cosas pero te equivocas en una. -¿En cuál? -Abisso no es mucho más fuerte que tú. -No hay tiempo para bromas. ¿Tú me has visto? - contestó Stinger sonriendo retraídamente -. ¡Juan Pedro! - chilló con fuerza. Juan Pedro giró la cabeza hacia atrás en donde se hallaba Stinger, sin saber lo que le quería decir. -¡Mierda! ¿Cómo le digo sin que Abisso se entere de mi plan? -Concéntrate en lo que le quieres decir. Tu mensaje llegará - le dijo Tarsis agarrándole de la mano sin que Stinger se diera cuenta. -¿Tú crees? Vale, lo intentaré - cerró los ojos y se concentró -. Juan Pedro, atibórrale de energía, tal vez consigas que estalle. -Es la voz de Stinger. Pero ¿cómo? Eso no importa ahora. Así que eso es lo que me quería decir. Dudo que funcione. No tengo nada que perder. Allá voy.
¿Conseguirá Juan Pedro derrotar a Abisso? ¿Quién es realmente Tarsis? ¿De qué conocerá a Stinger? ¿Estará Ely y sus acompañantes a salvo? No te pierdas la semana que viene el Capítulo 16: La reaparición de la sombra de ojos rojos. Tarsis, del Mundo de Los Sueños. Continuará...
Esta historia es un relato original protegido y creado por Fox Stinger(M.N.Z.) Nota: Si alguna palabra no es comprendida por el lector, visite la página web de la Real Academia de la Lengua Española. |