El Forum de Barcelona a medio gas
El Fòrum abrió sus puertas con una inesperada tranquilidad, sin la
masiva asistencia prevista, ni los temidos desbordamientos. Más de 16.000
visitantes, según cifras oficiales facilitadas por la organización,
visitaron ayer el recinto. Un número bajo, por ser un domingo festivo y soleado,
aunque con rachas de fuerte viento, que arruinó las previsiones del Fòrum.
Dos de los espectáculos permanentes, Fantòtems y El Gigante de los
7 Mares, tuvieron que ser suspendidos, y sólo se pudieron ver al atardecer,
lo que acentuó un debut por debajo de las expectativas.
Salvo algunas colas en el momento de la apertura y a la entrada de la exposición
de Los guerreros de Xian, el día transcurrió sin sobresaltos ni aglomeraciones.
La inmensa plaza, semidesierta durante muchos momentos, constituía un espectáculo
preocupante, si el reto final es alcanzar los 7,5 millones de espectadores, fijados
por el alcalde de Barcelona y presidente del Fòrum, Joan Clos. Ese listón,
que exigiría la entrada diaria de más de 50.000 visitantes a lo largo
de los 141 días, va a ser ya una losa para los trabajadores del Fòrum.
A las siete de la tarde, los tornos marcaban una entrada de 14.232 visitantes, el
día del esperado debut.
MENSAJE DE SERENIDAD
La organización quiso restar trascendencia al número de visitantes
y vendió un mensaje optimista ante las altas expectativas creadas. "La
gente ha entendido que el acontecimiento dura 141 días y es importante no
arrancar con cifras que nos acerquen al colapso. No tenemos cifras finales, pero
son idóneas para el primer día, y estamos contentos", afirmó
Xavier Marcet, director de comunicación.
Las 1.000 personas que se acumularon a la entrada horas antes de abrir las puertas
hicieron pensar en un estreno desbordante, pero la realidad distó mucho de
ser así. Hubo, además, problemas en el acceso porque las máquinas
no reconocían la validez de algunos de los tíquets vendidos de forma
anticipada. El primer visitante del Fòrum fue Cosme Saló Ibars, un
jubilado de 68 años, que guardó dos horas de cola. "Quiero ver
todo lo que no he visto hasta ahora en televisión", dijo.
Durante la jornada, los visitantes llegaron de forma muy tranquila y escalonada,
y pudieron disfrutar de las cuatro exposiciones sin los aprietos de los ensayos.
Muchos de ellos lamentaron no poder entrar comida en el recinto y criticaron la
"pobre oferta" de entretenimiento, ayer desbaratada además por
el viento.
RECTIFICAR DECISIONES
La organización anunció que "tomará nota" de los
errores y quejas del público, pero no dijo que la alarma, puertas adentro,
se ha encendido. Hasta llegaron a calificar el recinto de "extraordinariamente
grande", como un síntoma de clara preocupación. Decisiones radicales,
como la prohibición de entrar comida, o de salir del recinto una vez se ha
validado la entrada, serán inmediatamente revisadas. Hay también un
plan de zonas de sombras, que la dirección anuncia que presentará
en los próximos días.
"El Fòrum debe tener capacidad de reacción y atender las peticiones
de los ciudadanos", comentó explícitamente el consejero delegado
Jaume Pagès. Fue una forma de decir que el Fòrum debe tapar de inmediato
las grietas abiertas.
Mientras se analizan las encuestas de calle, la organización insiste en que
"quiere escuchar" y considerar todas las reclamaciones. Pero le incomodan
las expresiones de los grupos anti-Fòrum, que van a merecer el celo policial.
Ayer un pequeño colectivo quiso alborotar enganchando pegatinas cerca de
las taquillas. El Fòrum les considera autoexcluidos, y contestó que
su proceso participativo "ha sido ejemplar".