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No soy Beatriz de Mesina... Pero puedo ser tan ácida y corrosiva como ella. Y si no, que se lo pregunten a Wayfarer... Pero, como casi siempre, todo es mucho ruido y pocas nueces.

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Beatriz de Mesina/Female/21-25. Vive en Spain/Madrid/Móstoles/Hospital, habla Spanish. Pasa 20% del día contectado/a. Usa una conexión de Fast (128k-512k). Y le gusta Baile/Cine.
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Spain, Madrid, Móstoles, Hospital, Spanish, Beatriz de Mesina, Female, 21-25, Baile, Cine.

Viernes, 14 de Mayo, 2004

Fox Stinger: GÉNESIS 2.0

Capítulo 18: Entrada clandestina a La Organización. Sección: Mathril.

Stinger tuvo otro sueño en el que le seguían llamado Orimá. Iban a operarle cuando sus ojos se cerraron, despertando del sueño. Tarsis le estaba mirando, sabiendo de qué trataba el sueño. Se levantó y se fue al baño. Tras lavarse y mirarse al espejo, otro nombre le venía a la cabeza con insistencia y sin que él pudiera evitarlo; Mario.

-¡¿Eh?! - exclamó agitando la cabeza -. ¡¿Qué me pasa?! ¡¿Quién es Mario?! Debo estar alucinando. Entre Tarsis, que cuenta cosas de ficción, y estos ridículos sueños, me voy a volver majara.

Cogió la toalla y se secó, suspirando profundamente. Regresó al cuarto y se vistió.

-Me parece a mí que vamos a tener que ir de compras. Fíjate, Stinger, en cómo vas vestido. Pareces un pordiosero - apreciaba Ely sin pelos en la lengua.

-Pues me veo bien. Normal.

-Ya. Comprendo que quieras aparentar que estás menos gordo con esa ropa ancha pero es que...

-Vaya, te has levantado con ganas de meterte conmigo. ¿Vas a aconsejarme en cuanto mi imagen? - decía con naturalidad, sin enfados ni resentimiento.

-No es necesario que te aconseje, es que lo necesitas... Necesitas un cambio de imagen.

-Gracias, eres muy amable.

-No tiene remedio - se metió Juan Pedro -. Quien nace antipática y amargada, no cambia. Además te utiliza como excusa para poder ir de compras.

-¡¡¡¿Qué?!!! ¡Dilo otra vez y a la cara si te atreves, imbécil!

Juan Pedro se acercó a su cara y se lo repitió.

-¿Son siempre así? - preguntó Tarsis sonriéndose mientras ellos seguían discutiendo.

-A veces. Por sus caracteres chocan mucho aunque suelen decir que los que se pelean se desean - explicó entre risas -. ¡Chicos! ¡Chicos! - les gritó separándolos -. Pensemos en el itinerario. ¿Qué vamos a hacer?

-Antes de ir de compras vamos a La Organización en este sector - planteó Juan Pedro.

-¡¿A La Organización?! Caray, estáis en todas partes como las cucarachas... ¿O tal vez como las ratas?

-¡No te soporto! ¡Estoy harto de ti! ¡Últimamente no paras de quejarte por todo, así que cállate que estás más guapa!

-¡A mí no manda callar nadie y menos un estúpido musculoso sin cerebro!

-¡¿Estúpido?! ¡¿Sin cerebro?! ¡¿Quieres que te demuestre quién es el estúpido aquí?!

-Ya empezamos otra vez. Se están poniendo pesaditos - comentaba Stinger a Tarsis, la cual sonreía.

-¡No hace falta, las chicas somos más inteligentes, más audaces, más intrépidas, más perspicaces y mucho más que los hombres! Está demostrado - decía Ely con chulería, cruzando los brazos, con orgullo.

-Qué bonito es el amor cuando llega la primavera - dijo Tarsis precedido por un suspiro, abriendo y cerrando los ojos rápidamente, jugando con las pestañas.

-Otra que tal baila - la miró Stinger llevándose la mano a la cabeza.

Ya cansado de oírlos discutir, Stinger agarró a cada uno del brazo y se los llevó a fuera. Tarsis se quedó en el salón, sonriente, viendo como Stinger se los llevaba a la fuerza y éstos continuaban discutiendo, sacándose la lengua y haciendo pedorretas. Enfrente de la puerta, Stinger frenó su andadura, empujándoles hacia afuera.

-¡Basta ya! ¡Parecéis niños pequeños! No quiero volver a oíros discutir el resto del día, ¿vale? Tenemos cosas que hacer - acabó hablando un poco más tranquilo.

-Vale, pero que esa no me hable - respondió Juan Pedro.

Ely le dio la espalda, visiblemente enfadada.

-Oye, ¿y Tarsis? - echó en falta Stinger.

Éste fue con paso ligero al interior. Para su sorpresa, Tarsis había desaparecido.

-Sigo pensando que Tarsis es muy enigmática - deliberó.

Se juntó con Juan Pedro y Ely que se daban la espalda para no mirarse y, menos, hablarse.

-Vaya día me espera - resopló resignado.

Siguiendo las indicaciones de Juan Pedro, llegaron al exterior de un alto edificio de muchas plantas.

-Wow, es enorme - decía Ely mirando el edificio, mientras Juan Pedro le observaba riéndose -. ¿De qué te ries? - dijo pensativa para saltar al rato: - ¡Eres un asqueroso obseso! Me refería al edificio. Debe tener al menos quince plantas.

-Qué pequeña - decía Juan Pedro entre dientes, con malicia y sonriéndose -. Casi aciertas, nena. En realidad tiene veintinueve pisos.

-¿Este lugar tan cutre es tu adorada Organización? - preguntó Ely peyorativamente.

Juan Pedro pasó de ella y no la contestó, haciendo como si no existiera. Esa actitud hizo cabrear más aún a Ely.

-Venga chicos, ¿porqué no hacéis las paces? - dijo Stinger con voz de cansancio y cara de hastío.

Se adelantaron para entrar al edificio. Unas puertas automáticas, que se abrían al detectar a alguien delante, les invitaba, sutilmente, a pasar. Una vez dentro, Stinger y Ely no pudieron impedir contemplar estupefactos los que les rodeaba.

El suelo era muy brillante, de mármol, el cual resbalaba. Se veían reflejados en él y reflejado el más mínimo detalle de todo aquel complejo. A los lados unas escaleras muy largas que ascendían. También, a cada lado, se vislumbraban unos ascensores transparentes y grandes. Al frente, una mesa de dos metros de largo, permanecía en medio de las dos escaleras. Allí se encontraba una recepcionista.

-Esto ha cambiado mucho. No se parece en nada a lo que recuerdo - compartió Juan Pedro.

La recepcionista era rubia teñida con ojos marrones y cejas negras. Llevaba un uniforme azul marino y su voz era agradable aunque un poco chillona. Hablaba como una pija, una niña bien. Al verles colgó el teléfono.

-Buenos días. ¿Puedo ayudarles en algo? - preguntó la recepcionista.

-Sí. Sección Mathril - respondió Juan.

La chicha le miraba sin entender lo que estaba diciendo.

-¿Disculpe?

-Sección Mathril. Es la identificación de la sección.

-¡A ver si te enteras tía! - intervino Ely con mal humor -. Este tonto lava que ves aquí con cara de burro es un currante de La Organización, ¿te coscas?

Stinger y Juan Pedro intentaron taparla la boca.

-¡Ah, era eso!

-Por fin - manifestó Juan Pedro con alivio.

-Pues no tengo ni idea - les dijo la rubia teñida.

Los tres cayeron al suelo abrumados por la inteligencia que desplegaba la chica.

-¡Olvídalo idiota, que eres más tonta que...!

-¡Ely! - llamó Juan Pedro volviéndola a tapar la boca desde la espalda -. Tranquilízate un poco, estás muy tensa. Ya nos las arreglaremos.

-Sí, por que está visto y comprobado que la pija esta no da más de sí - voceaba Ely, haciendo que las personas de alrededor clavaran su mirada en ella.

-¡Qué grosera! ¡¿Qué la pasa conmigo?! ¿Porqué quiere que me estire?

Salieron a la calle, permaneciendo delante del edificio.

-Esto me da mala espina. Aquí pasa algo y hay que averiguar qué. Será mejor que nos andemos con ojo, algo me dice que esto no es lo que parece - pensaba Juan Pedro.

Por otro lado, la recepcionista, al ver que continuaban allí, tomó el teléfono y presionó una tecla. Inmediatamente se lo puso en la oreja.

-Señor Poderoso, ya están aquí - hizo una pausa para escuchar las ordenes -. De acuerdo Señor, doblaremos la vigilancia. Investigaré en dónde se alojan y... - trazó una ligera sonrisa perversa y malévola.

Era de madrugada. Juan Pedro y compañía se aproximaron con sigilo al edificio. Iban vestidos de negro. Ely y Juan Pedro con ropa muy ajustada al cuerpo, en cambio, Stinger, con ropa ancha. Escondidos en una columna, junto a unas escaleras, echaron una ojeada con unos prismáticos.

-Hay demasiados guardias. Esto se pone feo - anunciaba Juan examinando el terreno con los prismáticos de visión nocturna.

Los guardias se paseaban de un lado a otro con linternas, que apagaban de vez en cuando para no ser detectados por un posible intruso. Después, Juan Pedro se trasladó a una esquina, cerca de un muro situado muy cerca del complejo.

-Genial - murmuraba Ely en voz baja -. Esto está infestado de guardias, más de lo que imaginaba. ¿Cómo...? O mejor dicho, ¿por dónde entraremos?

-Conozco una entrada secreta. Espero que siga ahí.

Ahora corrieron hacia un callejón estrecho, siguiendo el muro. Se resguardaron en una de las columnas, casi a la entrada del edificio.

-Juan Pedro - reclamó Ely su atención poniéndose demasiado cerca de él -. ¿Sientes lo que yo?

-¿Ahora? Bueno, siento una pequeña atracción hacia ti pero no es el momento de...

-No decía eso, idiota. ¿No sientes energía?

-Ahora que lo dices, sí. Son débiles pero hay muchos.

-¿No me estaréis diciendo que los guardias son Genéticos? - preguntó Stinger con temor.

¿Cómo entraran en el edificio? ¿Existirá aún la sección Mathril? ¿Qué secretos habrá en su interior? ¿Podrán descubrirlo sin morir en el intento? Y el Señor Poderoso, ¿no estaba muerto? ¿Qué aventura les espera?

No te pierdas la semana que viene el Capítulo 19: Ely sola ante el peligro.

Continuará...

Esta historia es un relato original protegido y creado por Fox Stinger(M.N.Z.)

Nota: Si alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia de la Lengua Española.