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Viernes, 14 de Mayo, 2004
Fox Stinger: GÉNESIS 2.0
Capítulo 18: Entrada clandestina a La Organización. Sección: Mathril. Stinger tuvo otro sueño en el que le seguían llamado Orimá. Iban a operarle cuando sus ojos se cerraron, despertando del sueño. Tarsis le estaba mirando, sabiendo de qué trataba el sueño. Se levantó y se fue al baño. Tras lavarse y mirarse al espejo, otro nombre le venía a la cabeza con insistencia y sin que él pudiera evitarlo; Mario. -¡¿Eh?! - exclamó agitando la cabeza -. ¡¿Qué me pasa?! ¡¿Quién es Mario?! Debo estar alucinando. Entre Tarsis, que cuenta cosas de ficción, y estos ridículos sueños, me voy a volver majara. Cogió la toalla y se secó, suspirando profundamente. Regresó al cuarto y se vistió. -Me parece a mí que vamos a tener que ir de compras. Fíjate, Stinger, en cómo vas vestido. Pareces un pordiosero - apreciaba Ely sin pelos en la lengua. -Pues me veo bien. Normal. -Ya. Comprendo que quieras aparentar que estás menos gordo con esa ropa ancha pero es que... -Vaya, te has levantado con ganas de meterte conmigo. ¿Vas a aconsejarme en cuanto mi imagen? - decía con naturalidad, sin enfados ni resentimiento. -No es necesario que te aconseje, es que lo necesitas... Necesitas un cambio de imagen. -Gracias, eres muy amable. -No tiene remedio - se metió Juan Pedro -. Quien nace antipática y amargada, no cambia. Además te utiliza como excusa para poder ir de compras. -¡¡¡¿Qué?!!! ¡Dilo otra vez y a la cara si te atreves, imbécil! Juan Pedro se acercó a su cara y se lo repitió. -¿Son siempre así? - preguntó Tarsis sonriéndose mientras ellos seguían discutiendo. -A veces. Por sus caracteres chocan mucho aunque suelen decir que los que se pelean se desean - explicó entre risas -. ¡Chicos! ¡Chicos! - les gritó separándolos -. Pensemos en el itinerario. ¿Qué vamos a hacer? -Antes de ir de compras vamos a La Organización en este sector - planteó Juan Pedro. -¡¿A La Organización?! Caray, estáis en todas partes como las cucarachas... ¿O tal vez como las ratas? -¡No te soporto! ¡Estoy harto de ti! ¡Últimamente no paras de quejarte por todo, así que cállate que estás más guapa! -¡A mí no manda callar nadie y menos un estúpido musculoso sin cerebro! -¡¿Estúpido?! ¡¿Sin cerebro?! ¡¿Quieres que te demuestre quién es el estúpido aquí?! -Ya empezamos otra vez. Se están poniendo pesaditos - comentaba Stinger a Tarsis, la cual sonreía. -¡No hace falta, las chicas somos más inteligentes, más audaces, más intrépidas, más perspicaces y mucho más que los hombres! Está demostrado - decía Ely con chulería, cruzando los brazos, con orgullo. -Qué bonito es el amor cuando llega la primavera - dijo Tarsis precedido por un suspiro, abriendo y cerrando los ojos rápidamente, jugando con las pestañas. -Otra que tal baila - la miró Stinger llevándose la mano a la cabeza. Ya cansado de oírlos discutir, Stinger agarró a cada uno del brazo y se los llevó a fuera. Tarsis se quedó en el salón, sonriente, viendo como Stinger se los llevaba a la fuerza y éstos continuaban discutiendo, sacándose la lengua y haciendo pedorretas. Enfrente de la puerta, Stinger frenó su andadura, empujándoles hacia afuera. -¡Basta ya! ¡Parecéis niños pequeños! No quiero volver a oíros discutir el resto del día, ¿vale? Tenemos cosas que hacer - acabó hablando un poco más tranquilo. -Vale, pero que esa no me hable - respondió Juan Pedro. Ely le dio la espalda, visiblemente enfadada. -Oye, ¿y Tarsis? - echó en falta Stinger. Éste fue con paso ligero al interior. Para su sorpresa, Tarsis había desaparecido. -Sigo pensando que Tarsis es muy enigmática - deliberó. Se juntó con Juan Pedro y Ely que se daban la espalda para no mirarse y, menos, hablarse. -Vaya día me espera - resopló resignado. Siguiendo las indicaciones de Juan Pedro, llegaron al exterior de un alto edificio de muchas plantas. -Wow, es enorme - decía Ely mirando el edificio, mientras Juan Pedro le observaba riéndose -. ¿De qué te ries? - dijo pensativa para saltar al rato: - ¡Eres un asqueroso obseso! Me refería al edificio. Debe tener al menos quince plantas. -Qué pequeña - decía Juan Pedro entre dientes, con malicia y sonriéndose -. Casi aciertas, nena. En realidad tiene veintinueve pisos. -¿Este lugar tan cutre es tu adorada Organización? - preguntó Ely peyorativamente. Juan Pedro pasó de ella y no la contestó, haciendo como si no existiera. Esa actitud hizo cabrear más aún a Ely. -Venga chicos, ¿porqué no hacéis las paces? - dijo Stinger con voz de cansancio y cara de hastío. Se adelantaron para entrar al edificio. Unas puertas automáticas, que se abrían al detectar a alguien delante, les invitaba, sutilmente, a pasar. Una vez dentro, Stinger y Ely no pudieron impedir contemplar estupefactos los que les rodeaba. El suelo era muy brillante, de mármol, el cual resbalaba. Se veían reflejados en él y reflejado el más mínimo detalle de todo aquel complejo. A los lados unas escaleras muy largas que ascendían. También, a cada lado, se vislumbraban unos ascensores transparentes y grandes. Al frente, una mesa de dos metros de largo, permanecía en medio de las dos escaleras. Allí se encontraba una recepcionista. -Esto ha cambiado mucho. No se parece en nada a lo que recuerdo - compartió Juan Pedro. La recepcionista era rubia teñida con ojos marrones y cejas negras. Llevaba un uniforme azul marino y su voz era agradable aunque un poco chillona. Hablaba como una pija, una niña bien. Al verles colgó el teléfono. -Buenos días. ¿Puedo ayudarles en algo? - preguntó la recepcionista. -Sí. Sección Mathril - respondió Juan. La chicha le miraba sin entender lo que estaba diciendo. -¿Disculpe? -Sección Mathril. Es la identificación de la sección. -¡A ver si te enteras tía! - intervino Ely con mal humor -. Este tonto lava que ves aquí con cara de burro es un currante de La Organización, ¿te coscas? Stinger y Juan Pedro intentaron taparla la boca. -¡Ah, era eso! -Por fin - manifestó Juan Pedro con alivio. -Pues no tengo ni idea - les dijo la rubia teñida. Los tres cayeron al suelo abrumados por la inteligencia que desplegaba la chica. -¡Olvídalo idiota, que eres más tonta que...! -¡Ely! - llamó Juan Pedro volviéndola a tapar la boca desde la espalda -. Tranquilízate un poco, estás muy tensa. Ya nos las arreglaremos. -Sí, por que está visto y comprobado que la pija esta no da más de sí - voceaba Ely, haciendo que las personas de alrededor clavaran su mirada en ella. -¡Qué grosera! ¡¿Qué la pasa conmigo?! ¿Porqué quiere que me estire? Salieron a la calle, permaneciendo delante del edificio. -Esto me da mala espina. Aquí pasa algo y hay que averiguar qué. Será mejor que nos andemos con ojo, algo me dice que esto no es lo que parece - pensaba Juan Pedro. Por otro lado, la recepcionista, al ver que continuaban allí, tomó el teléfono y presionó una tecla. Inmediatamente se lo puso en la oreja. -Señor Poderoso, ya están aquí - hizo una pausa para escuchar las ordenes -. De acuerdo Señor, doblaremos la vigilancia. Investigaré en dónde se alojan y... - trazó una ligera sonrisa perversa y malévola. Era de madrugada. Juan Pedro y compañía se aproximaron con sigilo al edificio. Iban vestidos de negro. Ely y Juan Pedro con ropa muy ajustada al cuerpo, en cambio, Stinger, con ropa ancha. Escondidos en una columna, junto a unas escaleras, echaron una ojeada con unos prismáticos. -Hay demasiados guardias. Esto se pone feo - anunciaba Juan examinando el terreno con los prismáticos de visión nocturna. Los guardias se paseaban de un lado a otro con linternas, que apagaban de vez en cuando para no ser detectados por un posible intruso. Después, Juan Pedro se trasladó a una esquina, cerca de un muro situado muy cerca del complejo. -Genial - murmuraba Ely en voz baja -. Esto está infestado de guardias, más de lo que imaginaba. ¿Cómo...? O mejor dicho, ¿por dónde entraremos? -Conozco una entrada secreta. Espero que siga ahí. Ahora corrieron hacia un callejón estrecho, siguiendo el muro. Se resguardaron en una de las columnas, casi a la entrada del edificio. -Juan Pedro - reclamó Ely su atención poniéndose demasiado cerca de él -. ¿Sientes lo que yo? -¿Ahora? Bueno, siento una pequeña atracción hacia ti pero no es el momento de... -No decía eso, idiota. ¿No sientes energía? -Ahora que lo dices, sí. Son débiles pero hay muchos. -¿No me estaréis diciendo que los guardias son Genéticos? - preguntó Stinger con temor. ¿Cómo entraran en el edificio? ¿Existirá aún la sección Mathril? ¿Qué secretos habrá en su interior? ¿Podrán descubrirlo sin morir en el intento? Y el Señor Poderoso, ¿no estaba muerto? ¿Qué aventura les espera? No te pierdas la semana que viene el Capítulo 19: Ely sola ante el peligro. Continuará... Esta historia es un relato original protegido y creado por Fox Stinger(M.N.Z.) Nota: Si alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia de la Lengua Española. |