Se cuestiona el fármaco más usado contra el Alzheimer
Un grupo de investigadores acaba de 'poner contra las cuerdas' al fármaco
más utilizado contra la demencia más común, el Alzheimer, una
enfermedad neurodegenerativa que afecta a 600.000 españoles. El donepezilo
(fabricado por Pfizer/Eisai y comercializado como Aricept) es un inhibidor del enzima
colinesterasa y fue el segundo producto aprobado para la terapia de esta dolencia
tras la tacrina. Ahora, después de ocho años en las farmacias españolas,
un extenso número de científicos del Reino Unido -agrupados en el
llamado AD2000 Collaborative Group y liderados por Richard Gray, de la Universidad
de Birmingham,- acaba de hacer públicos los resultados de una investigación
que pone en duda los beneficios reconocidos del fármaco.
El debate sobre los inhibidores de la colinesterasa no es nuevo. A pesar de que
existe literatura científica que avala su eficacia, «su efectividad
práctica es controvertida», tal y como apunta Lon S. Schneider, de
la Universidad de California (EEUU), en el editorial que acompaña al estudio.
Según este especialista, que recuerda que la nueva investigación es
independiente (no está financiada por una compañía) y que sus
participantes son pacientes típicos, «mientras muchos expertos defienden
su uso generalizado y prolongado, otros cuestionan su utilidad clínica».
Está demostrado que las ventajas del donepezilo se mantienen durante un tiempo
determinado (alrededor de dos años). De hecho, el nuevo trabajo, publicado
en el número de hoy de la revista 'The Lancet,' confirma la existencia de
efectos estadísticamente significativos a nivel cognitivo y funcional en
los pacientes que se mantienen a lo largo de 24 meses. Los investigadores, que trataban
de averiguar si el mencionado producto causaba mejorías en la dependencia,
la discapacidad, en los síntomas psicológicos y de comportamiento,
así como si ayudaba a retrasar el momento en el que los enfermos tienen que
ser ingresados en residencias, estudiaron a un total de 565 pacientes con Alzheimer
ligero o moderado. Mientras que unos recibieron diariamente cinco mg o 10 mg del
fármaco otros tomaron un placebo (sustancia inactiva).
Los datos demuestran que «donepezilo mejoró las capacidades mentales
y funcionales durante los dos años de tratamiento, aunque de manera baja».
No obstante, no hubo diferencias significativas entre los que recibieron el producto
activo y los que tomaron el placebo en cuanto al momento de ingresar en una residencia
para el resto de su vida (un 42% en el caso del primer grupo y un 44%, en el segundo,
a los tres años de tratamiento), determina el trabajo.
Tampoco, al parecer, se hallaron distinciones entre los participantes en lo referente
a la conducta y el estado de ánimo. Teniendo en cuenta estos datos, los autores
de la investigación apuntan que la relación entre el coste y la eficacia
de donepezilo no es favorable y que sus beneficios que «están en el
umbral mínimo de lo que es clínicamente significativo». Manifiestan,
incluso, que «se necesitan otros tratamientos más efectivos».
José Manuel Martínez Lage, neurólogo de la Clínica Universitaria
de Navarra, puntualiza el estudio: «No estoy de acuerdo con la metodología
porque uno de los factores en los que se basa para valorar la eficacia es el ingreso
en una residencia, algo que en Reino Unido se produce en el 90% de los casos mientras
que aquí sólo en el 15%. En este hecho, entran otras variables como
la descarga del cuidador».
Este especialista recuerda que el Alzheimer no tiene cura, pero que los fármacos
como el donepezilo, la rivastigmina y la galantamina, juegan un papel fundamental
porque retrasan la progresión de la enfermedad en 24 o 36 meses. Insiste
en que el coste de la terapia farmacológica no supera el 8% del gasto total
del tratamiento, que en su opinión siempre está por debajo de los
costes sociales y familiares. Pfizer ha declarado a SALUD que reconoce el valor
intrínseco de los estudios independientes, aunque matiza que en éste
se intentó reclutar a 3.000 pacientes y sólo se incluyeron 565, de
los que apenas 20 entraron en la última fase, por lo que los datos son de
limitado valor comparados con los de estudios amplios.