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No soy Beatriz de Mesina... Pero puedo ser tan ácida y corrosiva como ella. Y si no, que se lo pregunten a Wayfarer... Pero, como casi siempre, todo es mucho ruido y pocas nueces.

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Beatriz de Mesina/Female/21-25. Vive en Spain/Madrid/Móstoles/Hospital, habla Spanish. Pasa 20% del día contectado/a. Usa una conexión de Fast (128k-512k). Y le gusta Baile/Cine.
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Spain, Madrid, Móstoles, Hospital, Spanish, Beatriz de Mesina, Female, 21-25, Baile, Cine.

Viernes, 15 de Octubre, 2004

Fox Stinger: GÉNESIS 3.0

Capítulo 35: Stinger encuentra A Alexei. Nero, el Jénoma.

Stinger se introdujo por la entrada de la chimenea. Tuvo que pasar varios peligros siendo herido en la pierna. Finalmente logró pasarlos con éxito. Ahora era el turno de Ely, que había bajado por el pasadizo que se abrió por el suelo, descendiendo por unas escaleras que se convirtieron en trasparentes al cerrarse la entrada encima de ella. Sólo la acompañaba una tenue capa de luz que dejaba discernir, por el juego de luces y brillos, los peldaños y que se colaba por las grietas de un invisible techo. Fuera de las escaleras, en los laterales y bajo sus pies, se vislumbraba un abismo de oscuridad infinita.

-Odio estas situaciones en las que no ves ni tres en un burro - se quejaba.

De bruces, cayó de espaldas dándose un golpe en la cabeza. Al igual que Stinger, parecía estar en un tobogán. Tuvo la sensación de que pronto acabaría la diversión, se puso de pie y se paró de golpe haciendo aspavientos con los brazos para guardar el equilibrio. Algo se desprendió de debajo de sus pies. Gritó mientras caía por la inhóspita negrura. Se aproximaba a lo que se asemejaba a suelo pero era un muro grueso e iba aterrizar de boca. En vez de estamparse contra él, lo atravesó. Acto seguido chocaba con Juan Pedro, que permanecía en pie, derribándole y dando algunas vueltas, de modo que éste quedó encima de ella, rostro con rostro, casi labios con labios. Ely le dio un tortazo, dejándole la marca de la mano en su cara.

-¡Quítate de encima, aprovechado!

-¡¿Qué?! ¡Pero si has sido tú la que te has tirado a mí! Menos mal que no ha sido al revés, me hubieras aplastado.

-¡¿Qué insinúas?! ¡¿Qué estoy gorda?!

-No es momento para demostraciones de cariño - detuvo un hombre desconocido.

El tipo era de piel negra, sus ojos eran rojos. En apariencia era musculoso y fuerte. Llevaba la cabeza rasurada y vestía con una camisa negra de manga larga, ancha, y con unos pantalones negros holgados pero lo suficientemente ajustados para notársele los músculos de las piernas.

-Mmmmmm, qué tío más bueno - pensó Ely -. ¿Nos hemos visto antes? ¿Quién eres? - miró Ely con familiaridad.

-¿Acaso no me reconocéis? Soy Erión.

-Erión... - contempló Juan Pedro alucinado -. Ya no eres una sombra.

-No es tiempo para bromas, hay que rescatar a El Oráculo.

-Tonto, mírate las manos - dijo Ely.

-Es cierto, tengo un alma. Debe haber una razón.

-Erión, no es momento para divagar. Tú sabes dónde está El Oráculo - mencionó Ely.

-Un momento, ¿dónde está Stinger? - preguntó Erión mirando detrás de Juan Pedro y Ely.

-Eso. ¿Dónde está Stinger? - repitió Juan.

-Encontramos dos entradas. Él encontró una en una chimenea falsa y como no sabíamos por cuál buscarte, nos separamos - explicaba la fémina.

-¡¿Cómo?! Ese camino es el más peligroso..., y el más directo a la sala de El Doctor. Si no ha muerto llegará antes que nosotros. Rápido, no hay segundo que perder.

Erión se dio la vuelta y se marchó. Ely y Juan Pedro se apresuraron para seguirle y no perderle de vista. Atravesaron una pared transparente y se difuminaron.

Stinger, mientras tanto, dejó atrás un pasillo para abrirse, ante él, un gran aposento, más parecido a un salón. Estaba medio vacío. Todo era casi transparente, las paredes, el suelo, las escalerillas, las columnas... Notó una corriente proveniente de un balcón. Fue a investigar, yendo con sigilo, viendo a Alexei.

-¡Carlos! - avisó en voz baja.

Alexei le hizo una señal para que se fuera.

-No he pasado todo lo que he pasado para largarme ahora - pensó.

De modo que se acercó a niño, el cual en postura de estrella, unas cadenas le limitaban, estando éstas enganchadas en unas columnas. Stinger decidió liberarle.

-¡Stinger! Pensé que...

-Mis amigos me encontraron y me contaron lo sucedido. No tenías que haberlo hecho y menos sabiendo que eres El Oráculo. Estoy seguro que cuando tuvo esa visión con Tarsis tú también lo viste.

-Aún no soy El Oráculo, para eso tengo que cumplir los quince.

-¿Los quince? Entonces, ¿no es a los catorce cuando será revelado tu poder?

-No, es al año que viene, coincidiendo con el acercamiento de Marte a la Tierra.

-Estamos salvados, pues - manifestó contento -. Ese Doctor no absorberá tu poder, no se fusionará contigo. Yo lo voy a evitar.

-¿En serio? Pues dime cómo - salió una voz muy parecida a la de Stinger de detrás de él, sólo que un poco más ronca.

Stinger, que se hallaba de rodillas para quitar a su joven amigo las cadenas de los tobillos, se incorporó y se volteó. No pudo reaccionar ante lo que estaba viendo. Sus ojos se quedaron perpetuos, inmóviles. Como si fuese un sueño en tercera persona, se veían las piernas y la bata blanca de El Doctor, que casi llegaba al piso, atisbándose, desde esa altura, el rostro perplejo de Stinger y, detrás, a Alexei.

-Soy... Soy yo - balbuceaba Stinger impresionado.

-No me compares contigo, yo soy muy superior a ti. Al contrario de ti, la oscuridad, la maldad, las pesadillas, son lo que me dan el poder, el poder supremo. Tú estás creado con un corazón puro, te ha tocado tener todo lo bueno de nuestro creador por eso no me vencerás nunca, aunque pensándolo bien hasta un corazón puro puede corromperse. Cuando acabe contigo y obtenga todo el poder que necesito me veré las caras con nuestro creador en el Mundo Supremo, lo conquistaré y destruiré a la raza humana para hacer mi ejército perfecto. Reinaré sobre todos los mundos convirtiéndolos en uno solo y seré una pesadilla eterna, el ser más poderoso que pueda existir - hizo una pausa mirando a Stinger -. ¿Y si te dijera que puedes conocer a nuestro creador, a Mario, en persona? ¿Querrías conocerle?

-Sssss..., sí - titubeó.

-Te mata la curiosidad, ¿eh? ¿Será tan bueno como piensas? ¿Sabías que gracias al poder de El Oráculo podrás viajar a través de los mundos, verle y hablarle?

Stinger no contestó. Apretaba los labios porque él anhelaba conocer a su creador pero no quería que se destruyeran los mundos y las personas que en ellos viven.

-¡No le hagas caso, intenta confundirte! ¡Sabes sus verdaderos planes, sabes lo que pretende! - gritó Alexei a Stinger -.

-¡Cierra tu maldita boca, Alexei! Mestizaje de una insignificante humana y un Genético rebelde. Formas parte de un sueño que pronto acabará. No tienes identidad.

-¡¿Y tú?! ¡Aquél que se hace llamar El Doctor porque no tiene nombre, porque no tiene identidad propia! Eres el fruto de nada, eres un vacío en un mundo que no perteneces por eso ansías el control y la eliminación de todo que no sea como tú. Ni siquiera eres un sueño. Eres patético.

-Se te van a quitar las ganas de fanfarronear cuando vayas a formar parte de mí.

-Mario no es nuestro creador, es MI creador. Tú eres un accidente. Y no te creas que voy a permitir que absorbas las habilidades de Alexei. Lucharé para remediarlo aunque me cueste la vida - intermedió Stinger.

-Te pareces a los héroes de cómic con tu palabreo. Me gustas. Me haces reír y eso me agrada. Lástima que tenga que borrarte del mapa sino te dejaría como bufón. Te concederé un regalo de despedida. Aprovéchalo bien - desapareció de delante de Stinger para aparecer al lado de Alexei, haciendo que Stinger se diera la vuelta -. Despedíos, está será la última vez que os veáis.

-¡No! - vociferó Stinger dirigiéndose hacia su amigo y a El Doctor.

Sin embargo, alguien se interpuso en medio, chocando contra su cuerpo y siendo derribado.

-No grites tanto, pequeño, nadie podrá oírte. Este lugar será tu tumba.

-¿Eres Nero?

-Vaya, es un honor ser reconocido por semejante escoria humana. Prepárate para irte al otro barrio, mocoso.

-¿Quieres probar quién cae antes? - lanzó en tono desafiante.

-Crío insolente, te arrepentirás. Yo no soy un Genético normal, soy un Genético evolucionado. Soy un Jénoma.

¿Tendrá, Stinger, alguna posibilidad de ganar la batalla? ¿Se saldrá El Doctor con la suya? ¿Llegarán Ely, Juan Pedro y Erión a tiempo para ayudar a Stinger? ¿Estarán los mundos y la raza humana condenada a la extinción?

No te pierdas la semana que viene el Capítulo 36: El combate contra Nero.

Continuará...

Esta historia está registrada y protegida. Es un relato original creado por Fox Stinger(M.N.Z.)

Nota: Si alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia de la Lengua Española.