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Viernes, 29 de Octubre, 2004
Fox Stinger: GÉNESIS 3.0
Capítulo 37: Después de la tempestad llega la calma... Stinger se transformó y luchó contra Nero. En principio, dominaba la situación hasta que su oponente le lanzó una gigantesca y poderosa bola energética. Sin embargo, esta fue intercedida por Erión, el cual ya poseía un cuerpo. Stinger volvió a su forma original. Tras una pequeña conversación entre sus amigos, reanudaron el combate, siendo Stinger el primero en caer puesto que no había completado su transformación. Inmediatamente, Ely y Juan Pedro sufrieron su metamorfosis y, seguidos por Erión, continuaron la batalla. -¿Eso es todo? Hum, sabía que no podía esperar más de una escoria inferior. En fin, puesto que habéis desperdiciado los turnos, ahora me toca a mí. En un santiamén, y con una rapidez inusitada, Juan Pedro fue el primero en caer. Le golpeó mil veces y nadie lo había percibido. Luego le tocó a Ely, que prevenida por lo sucedido a su compañero, puso mucha resistencia al esquivar los terribles ataques de su enemigo, sin embargo no duró demasiado y fue derrotada. Nero finalizó su despiadado ataque con una potente patada en la cara de la fémina que la envió contra la pared, la cual resquebrajo haciendo un gran agujero y grietas. Ahora sólo quedaba Erión que vio las habilidades de su adversario, quedándose quieto pero tranquilo, sin demostrar ninguna emoción. Acto seguido, Nero desapareció. Erión intentó localizarle sin lograr ubicarle. -¡Erión, va a aparecer detrás de ti! - avisó Stinger pegando un fuerte grito. Erión se dio la vuelta, a tiempo para frenar el rodillazo de Nero. A continuación éste dio un salto hacia atrás, apartándose de Erión. -Es sorprendente. ¿Cómo puede haberle visto y yo no? Ni siquiera desprende energía vital - cavilaba Erión. -Está claro, tú no eres humano. Eres más fuerte de lo que quieres hacerme creer. ¿Por qué no despliegas todo tu potencial energético? No me importa la razón que tengas, quiero luchar con alguien que sea digno de mí pero visto que no estás por la labor no voy a perder más el tiempo con seres tan débiles como vosotros. Otros se ocuparán. -¡¿Qué quieres decir?! -He ordenado que venga un ejército de Metamorfos y Genéticos, los más poderosos. Ellos acabarán con vosotros, a no ser que hagas uso de todo tu poder. Yo..., me voy. Adiós - y se desvaneció, mientras se alejaba caminando, con un humo azul oscuro y negro del que salían unos pequeños rayos del mismo color. Erión miró a sus espaldas. Todos se veían muy mal heridos, aunque Stinger algo menos. -Debemos largarnos de aquí - dijo actuando muy rápido y con mucha seriedad. -Erión..., no podemos irnos sin Alexei. Sé que aún sigue en algún lugar de aquí. -¿Alexei? -Sí. Se hizo pasar por mí y resulta que es El Oráculo. -De todos modos tenemos que irnos, no estamos en condiciones de enfrentarnos a las huestes de El Doctor. De pronto, un leve temblor se inició. Cuanto más pasaba el tiempo, el temblor se hacía más fuerte. Eran salvajes y contundentes pisadas que avisaban de la cercanía de un gran peligro. Stinger intentó incorporarse. Al hacerlo se mareó y se sentó en el suelo. -Stinger... - miraba Erión al muchacho un poco tenso. El temido ejército de Genéticos y Metamorfos continuaba su amenaza. En un abrir y cerrar de ojos irrumpieron en la estancia, haciendo añicos todo lo que se les ponía por delante. Se pararon un instante. Se les quedaron mirando. Había hombres lobo, vampiros, otros con dientes de piraña, algunos con apariencia de gorilas, de arañas, perros con tres cabezas, diferentes felinos... Comenzaron a correr a ellos y se les echaron encima con una violencia terrorífica. Todos los seres se juntaron sin dejar ver a quién estaban atacando. Uno de ellos gritó que se apartaran. Al hacerlo, se llevaron una sorpresa al descubrir que sus presas no se encontraban. Desaparecieron. En el centro de la ciudad, estaban cuatro Genéticos atacando a unos adolescentes. Todos se quedaron aturdidos al verlos aparecer de la nada. -¡Ey! ¡¿Quiénes sois vosotros?! - pregunto uno de ellos, un tipo de dos metros y medio y lleno de músculos por todas partes. Erión, que se arrodilló para dejar a los demás tumbados en el suelo, se levantó y, con cara de enfado, se dirigió a él para propinarle un fortísimo puñetazo en la cara, haciéndole sangrar en abundancia la nariz y dejándole sin conocimiento en el piso. Los otros, al ver sus ojos rojos y su fuerza, no dudaron en emprender la huida. -Tengo que apresurarme en esconder mis ojos, sino puede ocurrir algo fatal - pensaba mientras caminaba hacia los chiquillos -. ¿Estáis bien? Daos prisa en ir a vuestras casas. Los niños no salían de su asombro por lo que había hecho, a la vez que miraban sus ojos. -Gracias señor - respondió una joven. Los jóvenes se marcharon. Erión, por su parte, se acercó a sus tres amigos y se puso de cuclillas para cargar a sus compañeros. -Debemos ir a un lugar seguro, El Doctor no tardará en darse cuenta que estamos vivos y Nero volverá a por nosotros. -Pues tenemos un problemilla - decía Stinger sonriendo con dificultad, por el cansancio. -¿Cuál? -No me responden las piernas, me duele todo y ellos están echando una siesta. ¿Qué vamos a hacer? Sin vacilar, Erión tomó a Stinger y se le puso a la espalda. Luego, a Juan Pedro se le puso debajo de un brazo y a Ely en otro. -Tenemos suerte de que seas tan grande. ¿Cuánto mides de largo y de ancho? - bromeó adolorido. -No os acostumbréis - contestó con una, casi, inapreciable. Por casualidad, llegaron a un motel que pasaba desapercibido. Erión dio unos golpecitos a una reja. Una joven se asomó por una ventana. Al verlos, entró de nuevo. A los pocos segundos, abrió la puerta principal, dejando la reja cerrada como protección. La muchacha se quedó impresionada al verlos en tan lamentable estado y, sobre todo, al fijarse en los ojos rojos de Erión, los cuales daban mucho miedo. -Ayúdenos, por favor - suplicó Erión. Al oír su voz, la joven se compadeció de ellos y los abrió. Se daba mucha prisa en cerrar, como si temiera algo. -Gracias por ayudarnos. La muchacha era joven y bella. No tendría más de veinte años. De largos y rizados cabellos castaño claro y de ojos verdes. Su piel era tostada y desprendía un olor muy agradable... Todo el motel emitía un olor a selva tropical. -¿Qué hacían en la calle a estas horas sabiendo que es muy peligroso? - preguntaba con un ligero acento andaluz. -Es una larga historia. ¿Puede ayudarme a curar a mis amigos? -Claro, no lo dude. Subieron por unas escaleras, a pesar de que tenía ascensor, y, llegando a la cuarta y última planta, entraron por una de las habitaciones. -Espéreme aquí, voy a por el botiquín. Mientras tanto, Erión dejó a cada uno en una cama. A Stinger en una de matrimonio. Este abría los ojos de tal forma que nadie se percataba de que lo veía todo. A los pocos segundos, la chica llegó. -Ya estoy aquí. Tome - y le dio vendas, alcohol y yodo -. No sé si será suficiente. -Gracias. ¿Cómo te llamas? -Lana. ¿Por qué tiene los ojos rojos? Perdóneme, no es asunto mío - dijo con timidez y sonrojándose -. No debí... -No lo sé, siempre los he tenido así pero ahora tengo que protegérmelos cuanto antes. -¿Es un Genético? -No, ninguno de los que estamos aquí lo es, aunque en algunas ocasiones pueda parecerlo. Somos humanos. -Sus amigos tienen muy mal aspecto. Si no le importa iré a curar a su amiga. -En absoluto. Te lo agradezco. Si necesitas algo no dudes en llamarme. La joven sonrió y se marchó, dejando la puerta de par en par. -Se ha impresionado mucho al verte. Creo que le gustas - decía Stinger sonriente y con torpeza. -Pero ¿no estabas dormido? La he impresionado porque parezco un monstruo. Soy muy alto y musculoso y para colmo tengo los ojos rojos. Eso es lo que le ha impresionado. Tal vez hubiese sido mejor quedarme como sombra, por lo menos me podía camuflar en la oscuridad. -No digas tonterías. Es bueno ser una persona física que no un ente de humo. Además ahora también puedes camuflarte con las sombras... Eres negro - hizo una pausa con sus risas quejumbrosas y, poniéndose serio, siguió la conversación-. Oye Erión... -Dime. -¿Por qué nos ayudas? ¿Quién eres realmente? ¿Cuál es tu verdadero cometido? -Ni yo mismo lo sé con certeza. Me guío por mi instinto pero de algo sí que estoy seguro. -¿De qué? -Estoy aquí para proteger este mundo, a ti y a tus amigos. -Supongo que este mundo y yo somos la pieza clave de toda esta historia. -Es posible. Ahora calla, tienes que descansar. -Sabes que tenemos que volver allí, ¿verdad? - dijo Stinger. -Sí. Todavía falta un año, hasta entonces tienes que fortalecerte, aumentar tu fuerza y tu energía para vencer a El Doctor y a sus poderosos secuaces. Tú no conoces la capacidad y sus habilidades. Es muy poderoso. -Y todo por los sueños de nuestro creador. ¿Porqué habrá formado a un ser tan malo con El Doctor? A pesar de que hay cosas que entiendo, hay otras que se escapan a mi control. -La mayoría de los sueños acaban bien y, en ocasiones, podemos controlar nuestras pesadillas que en definitiva son nuestros temores. Ojalá podamos controlar esta. Ambos se tornaron en silencio. Los dos sabían que cabía la posibilidad de no sobrevivir y no poder evitar que El Doctor alcanzara el Mundo Supremo para llevar el caos con su tremendo poder e inclusive matar a su creador para no ver amenazada su propia existencia, para que este no creara más sueños y, con él, la esperanza de que la pesadilla concluyera para siempre. Erión terminó de curar a Stinger, el cual se durmió, arropándole con una sábana. -Su amiga está curada y su amigo también. Si puedo hacer algo más sólo tiene que decírmelo. -He de serte sincero. No tengo con qué pagarte. -¿Y? Ya me lo imaginaba. Por eso no se preocupe ya me lo pagarán. La joven, mientras le hablaba, le examinaba discretamente. A su vez, este no le miraba, permanecía frío, inexpresivo, pasivo, lejano... -Gracias de nuevo, Lana. Voy a descansar un rato. Si me disculpas. Lana se quedó cortada y se marchó haciendo mutis. Después de esta aparente calma, ¿qué les sobrevendrá a nuestros héroes? ¿Rescatarán a Alexei? ¿Se sabrá el misterio de los ojos rojos de Erión? ¿Quién será la enigmática Lilith? No te pierdas la semana que viene el Capítulo 38:... y de nuevo la tempestad. El contraataque de Nero. Continuará... Esta historia está registrada y protegida. Es un relato original creado por Fox Stinger(M.N.Z.) Nota: Si alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia de la Lengua Española.
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