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Viernes, 12 de Noviembre, 2004
Fox Stinger: GÉNESIS 4.0
Capítulo 39: El robo de La Biblia Oscura. La muerte de Stinger. Stinger y sus amigos quedaron mal heridos. Gracias a Erión pudieron escapar de morir a manos de montones de Genéticos y Metamorfos. Apareciendo en el centro de la ciudad, hallaron un motel en donde recuperarse. Allí conocieron a Lana, una bella joven que le ayudó a curar a sus amigos. Al día siguiente, Erión y Stinger ocultaron a Ely, Juan Pedro y Lana en el sótano del motel para, después, marcharse y enfrentarse a los Genéticos que amenazaban la ciudad. Erión se hizo cargo de dos Genéticos pero, a pesar de su fuerza, fue derrotado. Estos Genéticos comenzaron a atacar a Stinger, el cual vencieron sin problemas. Sin embargo, Stinger se enfureció y les devolvió el ataque, matándoles. En ese momento apareció en escena Nero, con unas gafas de sol y dispuesto a acabar con Stinger. Nero atacó con enorme rapidez. Stinger se defendía y esquivaba los golpes como podía, poniéndole en más de un aprieto. -Parece que has mejorado pero no pienses ni por un momento que vencerás. El combate continuaba. Nero logró darle en zonas vitales del cuerpo. Aún así, Stinger luchaba con sagacidad y tenacidad. Erión permanecía con una rodilla en el suelo y apoyado en la otra sin lograr ver nada. -No consigo ver con claridad. El sol afecta mi vista pero lo peor no es eso, si esta situación se prolonga... - de pronto abrió los ojos y estaban cambiando a color amarillo. Stinger ya no podía dar más de sí. Estaba extasiado. Se retiró de Nero. Stinger respiraba fatigoso. -¿Ves? Te lo dije. Por muy fuerte y experto que puedas llegar a ser, jamás conseguirás vencerme - hablaba mientras se acercaba a Stinger. -No... No pienso... ¡Rendirme! - y se lanzó al ataque atizándole con todas las fuerzas que le quedaban. Le dio una fortísima patada en la cara, arrojándole las gafas de sol al suelo, muy cerca de donde se hallaba Erión. -Eres muy valiente pero de nada te va a servir. Has de morir. En una acción fugaz, Nero le agarró del cuello, elevándole a varios metros del piso, y le apretó sin piedad. Stinger intentaba defenderse dándole patadas pero Nero no reaccionaba ante tales golpes. De los ojos de su víctima, corrían lágrimas. Nero introdujo la mano en el pecho de Stinger, creando un círculo nebuloso entre azul oscuro y negro del que salían unos pequeños rayos. Inmediatamente Stinger ya no se movía. De pronto todo su cuerpo se encendió como si fuese una llama de color blanco. -¡Qué energía tan excepcional! Qué desperdicio - se mofaba Nero. Del interior de Stinger sacó un libro negro con un extraño símbolo blanco, un triángulo, arqueado y con las puntas superiores puntiagudas, invertido. -¡¡¡Por fin!!! - vociferó Nero como un energúmeno -. ¡¡¡La Biblia Oscura!!! En el tejado, la misteriosa mujer se quedaba sorprendida por el triunfo de su compañero y de lo que estaban viendo sus ojos. -No me lo esperaba. Ha conseguido robarle La Biblia Oscura. Cuando El Doctor fusione las dos biblias y resurja La Biblia del Stigma, nadie podrá detenerle. No obstante ese chico es muy misterioso. Creo que volveremos a verle - hablaba en soledad, solamente enfocándosele sus ojos color miel. -El Doctor quedará satisfecho. Al quitarle la Biblia Oscura tu amigo es tan solo un desecho humano. Pronto morirá - avisaba Nero. -Stinger. ¡¡¡Noooooooo!!! - gritó Erión a voz en cuello. -Ja, ja, ja, ja... Nadie será capaz de parar a El Doctor ni a sus poderosos siervos, Los Jénoma. Cuando Nero terminó de extraer la biblia, arrojó al suelo el cuerpo, casi sin vida, de Stinger. -Stinger acabará con él - dijo Erión en voz baja pero entendible. -Me temo que ya no. Erión pareció ver, de forma borrosa, una sombra negra situado cerca de él. Eran las gafas de sol de Nero. Las palpó y, al descubrir lo que eran, las tomó y se las puso. Ahora podía ver con normalidad aunque lo veía todo de color amarillo rojizo pero poco a poco iba viendo en colores. Sin avisar, golpeó a Nero muchas veces y con una potencia extraordinaria. Le había vencido, sin embargo, La Biblia Oscura se mantenía lejos de su alcance, a varia distancia. Seguidamente, una sombra se precipitó sobre la biblia. -¿Y tú quién eres? - preguntó Erión con frialdad. -Veo que mantienes la sangre fría, Erión. -¿Nos conocemos? La enigmática mujer, por fin se daba a conocer. Era alta, un metro setenta y cinco, cabello liso acabando en rizado, castaño claro. Un mechón de pelo recogía su larga melena. Un par de mechones le caían por el flequillo. Sus ojos eran de color miel y algo siniestros pues, si te fijabas mucho, podías ver el líquido fosforescente. Era delgada y atlética. Vestía con una falda oscura, larga y amplia. Llevaba un top de cuero que la llegaba al cuello, estilo japonés, y que tenía una cremallera que bajaba unos centímetros por debajo del pecho. Sus labios eran entre gruesos y finos y su voz era muy sexy. -No, pero he oído hablar de ti a El Doctor. En fin, no tengo ganas ni tiempo para quedarme a charlar contigo. Si no te importa, esto me lo quedo yo - dijo elevando la biblia con telequinesia. Al darse la vuelta para irse creó un portal dimensional de densa niebla y oscura que se movía en círculos y que emitía rayos. -Sí me importa. Erión fue a arrebatarla lo que era de su amigo. Enfocando su sonrisa, esta se volteó para mirar a Erión. Sus ojos se pusieron verdes, haciendo que Erión chocase con una fuerza invisible que le impulsó lejos. -Yo no soy como este estúpido de Nero. El cuerpo de este, también comenzó a levitar a su lado y cruzaron el portal, difuminándose sus cuerpos. Después, la entrada se hizo más pequeña hasta que dejó de verse. Enseguida fue a socorrer a Stinger que yacía en el suelo y sin respiración. -Maldita sea, no respira. Le tomó en brazos y se fue corriendo a un hospital. Al llegar a la puerta, está se abrió automáticamente y entró. En el interior no se veía a nadie. -¡¿No hay nadie?! ¡Necesito a un doctor! ¡Es urgente! No recibió respuesta, solo su propio eco. El teléfono sonaba sin parar. -No te mueras. No he sabido protegerle - decía con cierto resentimiento hacia él mismo. -Disculpe - dijo un joven de detrás de Erión, poniéndole la mano sobre el hombro -. ¿Necesita ayuda? Erión se giró, descubriendo a un muchacho joven, de unos veintiún años, de pelo castaño al igual que sus ojos y más bajo que él. -¿Eres médico? - dijo extrañado. -Soy estudiante en prácticas. Es mi primer año. Sólo llevo cuatro meses pero tal vez pueda ayudarle. El joven examinó el pulso y la respiración. No respiraba, por eso se lo llevaron a un cuarto, en donde había un desfibrilador, para reanimarle. Conectó a Stinger a una máquina que informaba de las constantes vitales. Le inyectó una sustancia en el corazón para reavivarlo. Le dieron oxígeno pero no sucedió nada positivo. -Lo siento. Me temo que está muerto - anunció el joven muy apenado. -No puede ser. Siga reanimándole - exigió con autoridad. -Pero... -¡Hazlo! - chilló. El muchacho hizo lo que Erión le pidió. Estuvo durante diez minutos intentando reanimarle pero Stinger no resucitaba incluso tras haberle subido el voltaje. El muchacho desconectó la ruidosa máquina y la apartó. -He hecho todo lo que ha estado a mi alcance. Lo siento, no puedo hacer más. El joven se marchó para dejar solo a Erión con Stinger. -Esto no debía ocurrir. Stinger... ¿Será éste el fin de la raza humana? ¿De los diversos mundos de los sueños y de los sueños mismos? ¿Podrán detener a El Doctor y sus propósitos? No te pierdas la semana que viene el Capítulo 40: Juan Pedro: El regreso de un recuerdo olvidado. Continuará... Esta historia está registrada y protegida. Es un relato original creado por Fox Stinger(M.N.Z.) Nota: Si alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia de la Lengua Española. |