Como perder peso sin perder la salud
Llegan las navidades con ella las comidas desmesuradas, grasas y por consiguiente
los kilos de más, y la pregunta es:¿ Como perder peso sin perder la
salud?
No importa si es la dieta de South Beach, Weight Watchers, Beverly Hills, Shape
Lovers o Atkins; cuando se trata de bajar de peso la mejor receta es la perseverancia.
Pero el empeño no sólo debe durar lo que tardan los regímenes
alimenticios que prometen desaparecer en un par de semanas todas las libras de más;
debe ser lo suficiente fuerte como para lograr un cambio definitivo que se refleje
en la figura y en la salud en general.
Un peso adecuado asegura menor riesgo de enfermedades coronarias, de diabetes, problemas
en las articulaciones, colesterol, problemas de autoestima, entre muchas otras ventajas.
''Es mejor tardar más tiempo en bajar de peso, pero que ese cambio dure de
por vida'', destaca Angie Placeres, nutricionista del Baptist Hospital.
''Se puede bajar de peso fácilmente con dietas cortas, pero se pasa hambre
y luego, cuando se termina la dieta, se come más que antes'', añade.
Placeres desarrolla en el Baptist Hospital Intuitive Eating, un programa de reducción
de peso en el que tener hambre no es malo, sino una simple señal de que el
cuerpo necesita alimentos que le den energía.
''Es un plan basado en la pirámide de alimentos que consiste en guiarse por
el hambre y la llenura. Lo importante es aprender a cerrar la boca cuando se está
satisfecho'', destaca Placeres.
El problema de sobrepeso, según analiza la nutricionista, radica, entre otras
cosas, en que con los años los adultos pierden la habilidad de atender a
ese signo fisiológico del cuerpo que indica que ya está bien de comida.
''Comemos con muchas distracciones, frente al televisor, frente al computador, en
el carro. No nos sentamos y nos tomamos el tiempo necesario y la calma para desayunar,
almorzar o cenar'', señala Placeres. ''Hay que crear un ambiente relajado
para comer'', aconseja.
Para Sandra Castellanos, nutricionista del Palmetto General Hospital, otra de las
metas es el ser capaces de dejar comida en el plato.
''Nos acostumbramos a comer todo lo que nos sirven, porque de chiquitos no nos permitían
levantarnos de la mesa si no lo hacíamos'', indica.
Una costumbre que dice se agrava con las porciones de la comida rápida, que
ahorran tiempo en la cocina pero son generosas con las cantidades y calorías.
''Por poco dinero podemos comer más; al mismo tiempo, tenemos menos actividad'',
explica Castellanos.
Lo bueno es que nunca es demasiado tarde para empezar a hacer el cambio. No importa
sin son 20 o 70 o más libras de sobrepeso; muchos especialistas están
de acuerdo en que es mejor poner la perseverancia a prueba antes de llegar a decisiones
definitivas como las cirugías gástricas.
''Cada caso es individual, pero hay quienes han llegado a bajar hasta 100 libras
en un año con dieta. Eso depende además del ejercicio y de un cambio
de hábitos'', comenta Placeres.
''La solución no siempre es la operación. Igual, para optar por la
dieta o para la operación hay que estar preparado psicológicamente.
Mucha gente se puede hacer la operación y luego adopta otros hábitos
como fumar u otros escapes'', destaca.
La razón es que para muchos la comida puede convertirse en algo emocional.
'Es como una droga `aceptada' que aliviana los problemas que tengas; la comida se
vuelve una adicción'', explica Lourdes Vicente, nueva propietaria del sistema
de dietas Shape Lovers, que pasó por la experiencia de pesar 321 libras.
Vicente, de 51 años, no bajó con dieta. Recurrió a la cirugía
gástrica, que redujo su peso a 150 libras. Sin embargo, ella todavía
cree en las dietas.
''La cirugía ayuda, pero no es la respuesta definitiva. Siempre hay que cuidarse
porque el estómago es un músculo que vuelve y cede'', destaca Vicente,
que dicta charlas sobre nutrición en hospitales y en la sede de Shape Lovers.
La dieta que recomienda es baja en porciones y con control de grasa, azúcar
y sal. La clave está en planificar día a día lo que se va a
comer e incorporar el ejercicio.
'Pero lo primero es tomar la decisión; un día me dije: `voy a elegir
cómo quiero vivir mi vida; no quiero agacharme con dificultad, sudar en cantidades,
verme mal en cualquier tipo de ropa, evitar las reuniones con amigos y, aunque suene
cruel, no quiero perder oportunidades de trabajo', porque aunque estaba calificada,
cuando me presentaba a las entrevistas me los negaban'', señala.
Convencido de que hay otras alternativas antes de llegar al quirófano, George
Reyesbach, chileno de 39 años, optó por hacer el cambio con el programa
del Baptist Hospital.
''Como buen jugador de tenis y una persona que sube y baja a diario los 10 pisos
de mi edificio no podía entender mi sobrepeso'', cuenta Reyesbach, que pesaba
286 libras.
Después de evaluar su tipo de alimentación, su nivel de estrés
y su rutina de ejercicio, la nutricionista llegó a la conclusión de
que el problema radicaba en las porciones que consumía.
''Yo pensaba que mis enormes bistecs eran normales, pero tuvieron que reducirse
al tamaño de una baraja de cartas y, de los tres o cuatro huevos que comía
al desayuno, ahora me como uno y no todos los días'', añade.
El incluye ahora en su menú más pollo, pescado, frutas y vegetales;
no ha llegado a su meta final, pero ya siente el cambio.
''Mis pantalones me quedan grandes y ya no siento la necesidad de estar comiendo
constantemente como antes'', asegura.
Reyesbach está dispuesto a lograrlo lenta y definitivamente antes de tomar
una decisión radical.
''Es mejor la dieta que la operación, para alguien enfermo de gordura es
una solución, pero para alguien sano como yo se trata de correr otros riesgos
innecesarios'', comenta.
Por otras razones de talla, el cambio definitivo le tomó a Cinthia Corzo
un año y medio, tiempo en el que perdió 47 libras. Su peso lo ha mantenido
por más de dos años y recuperó su talla 6.
''Después de mi embarazo empecé a ganar libras hasta llegar a 167
'', cuenta Corzo.
''Pero mi decisión definitiva la tomé cuando fui a comprar un pantalón
y vi que no entraba en la talla 12; entonces me propuse que nunca me compraría
una talla 14'', explica.
Su primer paso fue buscar una dieta efectiva. Atkins no la consideró por
su alto contenido de grasa y proteína. Finalmente optó por Weight
Watchers, cuyos representantes ofrecían reuniones en su oficina.
Además de las charlas sobre la alimentación adecuada, los controles
de peso y de medidas, Corzo recibió una guía con una tabla de valores
de los alimentos, donde cada uno tiene un puntaje que controla las porciones.
''Para almorzar en el trabajo, me compré las cajitas de Lean Cuisine porque
me gustaban más sus recetas y en la noche siempre preparaba mi comida de
acuerdo a los puntos permitidos; nunca dejé de incluir el arroz con frijoles'',
añade.
Otra de las cosas que aprendió en las reuniones de control es que debía
comer hasta que se sintiera satisfecha y no hasta que limpiara su plato.
''Con el tiempo se reduce la capacidad del estómago, visualmente ya calculas
lo que puedes comer'', explica de su experiencia.
Al igual que Corzo, Ileana Peña, de 51 años decidió hacer su
cambio de alimentación con Weight Watchers, desde enero, pero lo hizo por
motivos de salud.
''Mi médico me dijo que las 35 libras que tenía de sobrepeso ponían
en riesgo mi salud'', cuenta.
De una dieta alta en dulces, comida rápida y carbohidratos, Peña optó
por las cajitas de Weight Watchers y por caminar tres veces a la semana.
''Pero las cajas tienen mucho sodio y decidí cocinar en casa; aprendí
a manejar las cantidades y a usar menos grasa y más productos integrales'',
dice Peña.
Después de bajar las 35 libras recomendadas, desaparecieron sus problemas
de tiroides y colesterol.
''Mi médico no lo puede creer'', dice Peña, que llegó a su
meta perdiendo de una a tres libras por semana, como generalmente se recomienda
en los cambios a largo plazo.