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Viernes, 03 de Diciembre, 2004
Fox Stinger: GÉNESIS 4.0
Capítulo 42: En busca de la entrada secreta. La prisionera del castillo. Stinger apareció en Dirdam, encarándose con todos los Genéticos y venciéndolos. Tarsis se presentó en el motel para anunciar que faltaba poco para que se cumpliera la profecía no escrita y que se iba con ellos a luchar junto a Stinger. El Anciano, los teletransportó a donde se hallaba Stinger y, una vez allí, decidieron entrar al palacio de cristal, que más tarde se convirtió en un castillo. Ely se quedó un poco pensativa pero todos corrieron hacia él. Llegaron enfrente del castillo. Se quedaron absortos mirando lo grande que era. -Y ahora cómo entramos - cuestionaba Stinger. -Stinger nos transportará al interior - dijo Tarsis. -¿Qué dices? Si hay un campo protector - saltó Ely. -Hacedme caso, poned las manos sobre Stinger - volvió a decir El Anciano. Ely puso su mano en un hombro, Erión en otro y Juan Pedro en la cabeza. -Muy gracioso, Juan Pedro. Tarsis ya se había ido. -No sé cómo lo voy a hacer. ¿Tarsis? - miraba para todas las direcciones -. ¿Tarsis? Ya se ha dado el piro. Esta chica me pone en un compromiso y después se escaquea. Bueno, si ella lo ha dicho será por algo. Tendré que intentarlo. -¡Vamos, Stinger, que es para hoy! ¡Si vas a hacer algo, hazlo ya! - dijo Ely quejumbrosa. Así pues, Stinger cerró los ojos. Efectivamente desaparecieron. Al rato, sólo se veían los ojos cerrados de Stinger que, al abrirlos, descubrió que se ubicaban en el mismo lugar. -¡No nos hemos movido! - recriminó Ely -. ¡¿Qué clase de poderes tienes?! ¡Son más cutres...! -Lo siento - sonrió tímidamente -. La culpa la tiene Tarsis - pensaba -. Tened paciencia. Voy a intentarlo otra vez. -Más vale que te salga bien. Seguro que Tarsis nos lleva ventaja. -Tranquila, mujer - se puso serio -. Vamos allá. Repitió lo mismo, cerró los ojos, se concentró y, seguidamente, ya no se encontraban allí. Esta vez aparecieron en el aire, a pocos metros del suelo. Todos, excepto Erión, cayeron encima de Stinger. -¡¿Qué?! ¡Seguimos en el mismo sitio! ¡¿A qué estás jugando, Stinger?! Te creía más serio. -Estás un poco pesadita, rica - dijo Juan Pedro. -Ely, no te enfades, yo no tengo la culpa... Ya verás como ahora me sale bien. Dicen que a la tercera va la vencida. -O a la cuarta. Espero que sea así por que sino... -Juan Pedro... - susurró Erión a la oreja de este -. ¿Esta chica es siempre así? -No - respondió de la misma forma, viendo el alivio de su compañero -. Esto no es nada, es mucho peor. -¡¿Es peor todavía?! -¡¿Qué estáis murmurando sobre mí?! - interrumpió Ely. -Nada. ¿Te crees que todo el mundo gira alrededor tuyo? -Está bien. Venga, salgamos de esta aburrida situación cuanto antes. Tengo ganas de acción - mencionó Ely estirando el brazo. Por tercera vez, todos se agarraron a Stinger, realizando, este, el mismo ritual. Cerró los ojos y se concentró. Se quedó así durante un tiempo. -No seas tonto, Stinger, ya puedes abrir los ojos - reprendió Ely. Stinger abrió los ojos lentamente, con cierto temor. Una vez abiertos por completo se sorprendió del lugar en donde estaban. Era un espacio infinito. Tras un fondo blanco se apreciaba un horizonte azul entremezclándose, asemejándose a una aurora boreal. -¿Qué es este lugar? - contempló Juan Pedro maravillado -. No hay nada. De detrás de ellos se presentó Tarsis. -Hola pandilla. ¿Habéis visto? Un lugar muy interesante. -Ya podías transportarnos a otro sitio - sugirió Ely a Tarsis. -Lo siento, en este castillo mis habilidades son bastantes limitadas. -Genial. ¿Cómo vamos a salir de aquí? Todo es culpa tuya, Stinger, ya podías habernos llevado a otra parte - regañaba Ely sin compasión. -Lo siento mucho. Si quieres puedo volver a intentarlo. -No te preocupes, Stinger, encontraremos una salida - dijo Erión. -Mira que eres quejica - dijo Juan Pedro sonriéndose. -¡No te burles de mí! - gritó la fémina. -Stinger... - llamó Tarsis su atención -. Solo tú puedes encontrar la salida. Debes concentrarte, siente su energía. -¿Crees que podré sentir la energía como hacen Juan Pedro y Erión? - y Tarsis corroboró afirmativamente con la cabeza -. Esta bien, lo intentaré. -Oye, ¿te has olvidado de que yo también puedo sentir el Ki? - preguntó Ely al tiempo que sus compañeros la mandaban callar. -Shhhhhh... Nuevamente cerró sus ojos con lentitud. Al principio no sentía nada. No lograba concentrarse del todo. De pronto, todo ruido se esfumó. A continuación notó como un latigazo seguido de un fuerte mareo. Tenía una sensación extraña. Abrió los ojos de golpe apresuradamente, y atemorizado. -Ya los has percibido, ¿no es así? - preguntó Tarsis desde su espalda, poniéndole una mano sobre el hombro. -Percibir, ¿qué? Yo no he percibido nada. Si nosotros no lo hacemos, dudo mucho que pueda hacerlo él - platicaba Ely malhumorada. -No sé si seré capaz de... - confesó a Tarsis en un sinuoso murmullo. -No temas, tus amigos y yo estamos a tu lado aunque habrá ocasiones en que no nos podrás ver. -¿Qué quieres decir? - preguntó sin comprender -. Sí. No hay por qué temer. -¡Así se habla, Stinger! - vociferó Juan Pedro dándole una fuerte palmadita en la espalda. -Augh, qué bruto eres. Seguidme, pues - dijo con aparente seguridad y aplomo -. Encontraré esa entrada. Misteriosamente Tarsis ya no estaba con ellos. Pasaron varios minutos que se hicieron horas. -Oye, Stinger - dijo Ely agotada y casi sin fuerzas -. Llevamos mucho tiempo andando y no hemos encontrado la entrada, o la salida, según se mire. Stinger se detuvo. -¿Qué pasa, Stinger? - le preguntó Juan Pedro extrañado. Stinger no respondió. Todos se miraban unos a otros encogiendo los hombros. De pronto, vieron como este alargaba el brazo hacia delante, introduciéndolo, y desapareciéndole, en una especie de pared líquida que formaba ondulación similares a agua. Sin pensárselo, lo atravesó y los demás le perdieron de vista. -¡¿Dónde se ha metido?! - exclamó Ely. -Ely... Me temo que tenemos que atravesarlo - dijo Juan Pedro. Este, metió la mano con temor. Sentía algo frío que le iba invadiendo todo el cuerpo. Así pues, decidió atravesarlo. -Vamos, entremos - animó Erión con seriedad, tomando a Ely por el brazo, casi arrastrándola. Cuando todos se encontraron al otro lado, Juan Pedro, Stinger, incluso Tarsis, la cual había desaparecido, les esperaban. -¡Hey, chicos! ¡Habéis tardado! - dijo Stinger sonriendo. -No te hagas el gracioso, listillo - rechistaba Ely en tono de broma. -Wow. ¿En dónde estamos ahora? - comentó Juan Pedro sorprendido. Alrededor de ellos había tuberías que iban en todas las direcciones, unas más finas y otras más gruesas, inclusive en el suelo. El lugar era un poco agobiante y asfixiante pues era estrecho, sin embargo, era muy largo. Caminaron por mucho tiempo. Fijándose bien, y desde muy lejos, pudieron discernir una puerta. Llegaron a un sitio en el que solamente se veían celdas. De repente, comenzaron a escuchar un ruido de metal siendo golpeado. Se detuvieron. -Y ahora, ¿qué? -Qué pesadita estás, Ely. ¿Porqué no dejas de quejarte un momento? ¿Escucháis eso? - amonestó Juan Pedro y preguntó a sus compañeros. -Tal vez alguien, o algo, esté dando golpes a los barrotes - opinó Stinger. Este se adelantó. Estaba muerto de miedo. Cuando se acercó al lugar de donde procedía el ruido, se asomó con cuidado. Así pudo ver, en el interior de una mazmorra, a una joven atractiva. Era de estatura media, rubia con ojos verdes, delgada y atlética y de apariencia frágil. De tez ligeramente morena y de labios gruesos. Vestía unos pantalones vaqueros y una camiseta de tirantes, dejando entrever su abundante pecho sin ser exagerado. Los demás se aproximaron con lentitud y aplomo. ¿Quién será esa chica? ¿Porqué está encarcelada? ¿Lograrán, por fin, rescatar a Alexei y acabar con El Doctor? No te pierdas la semana que viene el Capítulo 43: Troyana. La caza vampiros. Continuará... Esta historia está registrada y protegida. Es un relato original creado por Fox Stinger(M.N.Z.) Nota: Si alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia de la Lengua Española. |