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Viernes, 10 de Diciembre, 2004
Fox Stinger: GÉNESIS 4.0
Capítulo 43: Troyana. La caza vampiros. Erión, Ely, Juan Pedro y Tarsis se reunieron con Stinger. Una vez allí, intentaron entrar dentro del castillo. Después de varios intentos, por parte de Stinger, para teletransportarse al interior, finalmente lograron entrar aunque fueron a parar a un lugar muy raro y desconocido. Tarsis aconsejó a Stinger que se concentrara para hallar la entrada. Ella desapareció de nuevo. Una vez más, Stinger intentó varias veces concentrarse hasta que, por fin, encontró la entrada secreta al castillo. Una pared invisible de apariencia líquida. Luego se animó Juan Pedro, seguido de Erión quien tomó del brazo a Ely llevándola casi arrastras. Al otro lado les esperaba Juan Pedro, Stinger y Tarsis. Siguieron de frente, rodeados de centenares de tuberías por todas partes, llegando a una parte en donde, en la parte derecha, había celdas. Escuchando el ruido de alguien golpeando las rejas, Stinger se aventuró a indagar, descubriendo a una joven prisionera. Sin embargo, los demás, no se dieron a descubrir tan pronto. -Hola - dijo apareciendo de pronto -. ¿Qué haces aquí encerrada? -¡Imbécil, me has dado un susto de muerte! ¿Tú que crees? Estoy haciendo una fiesta particular... ¡Fíjate! ¡Conmigo misma! - dijo con sarcasmo. -Vaya, ni siquiera me conoces y ya has empezado a insultarme. Eres una borde. No me extrañaría que estuvieses ahí encerrada por mal educada y antisocial. -¿Cómo dices? Si has sido tú quien me ha encerrado aquí. Supongo que me consideras una amenaza por mi fuerza sobrehumana de caza vampiros. -¡¿Eres una caza vampiros?! ¡Qué pasada! Pensaba que no existían, que tan solo eran una leyenda o personajes ficticios. -Recuerda, Stinger, que tú también lo eres - irrumpió Ely en la conversación. -Vaya, por lo que veo viene mucha gente a visitarme hoy. -Lo siento, guapa - dijo Ely con violencia en sus palabras -. Tú no has pillado de paso, sólo eso. -Ya. Viéndote a ti me lo he supuesto, mona - respondió de malos modos. Ely manifestó una rabia silenciosa sin abrir la boca. -Un momento - detuvo la joven examinando a Stinger de arriba abajo -. ¿Tú eres El Doctor? Te veo notablemente cambiado. Has rejuvenecido y tienes sobrepeso. Al oír estás palabras de parte de una bella joven, y encima desconocida, se puso colorado como un tomate. -Se llama Stinger y es El Génesis - salió Erión de la penumbra con serenidad. -¿De dónde sales tú? Pues sí que está esto muy concurrido. ¿Acaso regalan un piso? Sois muy raros. De modo que te llamas Stinger. No entiendo eso del génesis. ¿Os preparáis para una batalla? -Esta tía no se corta ni un pelo - dijo Ely visiblemente enojada. -Sí - contestó Erión con voz oscura -. Todavía no nos has dicho quién eres tú y qué haces aquí. -Eso mismo me pregunto yo de vosotros, grandullón. ¿Quiénes sois? ¿Qué habéis venido a hacer en este lugar? -Primero he preguntado yo. Se nota que los modales no son tu fuerte. De todas maneras te responderé. Él... - presentó señalando a cada uno -. Es Juan Pedro, esta es Ely, ella es El Anciano... -Llámame Tarsis - corrigió. -Y yo soy Erión. Hemos venido a salvar a El Oráculo, derrotar a El Doctor y salvar este mundo. La joven inició un concierto de carcajadas. Sus ojos cedían a las lágrimas. -¿Estáis de guasa o qué? -¿Qué te hace tanta gracia estúpida? - explotó Ely. -¿Me has llamado estúpida? Cuando salga de aquí te voy a enseñar quien es estúpida. Entonces te arrepentirás de haberme insultado. -Vaya dos que se juntan - murmuró Juan Pedro a Erión. -No. ¿Porqué? - preguntó Stinger. -Mira Stinger... Puedo tutearte, ¿verdad? - y sin dejarle contestar prosiguió: - Eso que me estáis contando sí que es de ciencia ficción y, aunque fuera cierto, tu doble tiene unos aliados muy fuertes y él..., no es humano... Creo. Es muy poderoso. Necesitaréis toda la ayuda posible, si bien es cierto que toda ayuda es poca contra él. -No nos has contestado. ¿Cómo te llamas y por qué estás encerrada? - exigió Erión con templanza. -Qué pesado - decía entre dientes -. Me llamo Troyana, voy a cumplir los dieciocho, soy caza vampiros desde los catorce... ¿Me vais a sacar de este maldito lugar o tengo que contaros mi vida y mi currículum para que lo hagáis? -Claro, claro, belleza... - miraba Juan Pedro entusiasmado a sus compañeros. Ely, al ver el modo de actuar de Juan Pedro, le hizo la zancadilla poniendo su pie entre los dos pies de este, por los talones, haciéndole caer de cara al suelo precipitadamente. Troyana sonreía desapercibidamente, sin que se la notara mas, para Stinger, sus ojos la delataban. A Tarsis le hacía gracia la situación. Erión no mostraba ninguna clase de emoción y Stinger no sabía qué hacer. -¡Eh! ¡¿Porqué has hecho eso?! - dijo Juan Pedro muy enfadado y avergonzado. -¿Me hablas a mí? - preguntó Ely irónicamente. -Sí, a ti, bruja. -¡¿Cómo has dicho?! ¡Vuélvelo a repetir y te prometo que te hago tragar los dientes! Troyana hacía todo lo posible para no mostrar ningún sentimiento y Stinger se daba cuenta de eso. -¿Porqué? ¿Porqué lo hará? - cavilaba él. -Stinger, no podemos permitirnos perder más tiempo. Sugiero que nos vayamos ya - puso Erión el toque serio. -Tienes razón. Vamos - dijo Stinger. Tenían decidido irse dejando a Troyana allí. -¡Esperad! ¡¿Pensáis dejarme aquí?! - gritó. Erión y Stinger regresaron a la celda. -No veo razón por la cual sacarte. Serías un estorbo - dijo Erión. -Se nota que no me conoces, grandullón. Puedo seros útil. -Aparta, a ver si puedo - dijo Stinger. Probó a doblar los barrotes pero no podía. -Concéntrate. Puedes hacerlo, tienes el poder - pensaba Tarsis dentro de ella misma. -Lo siento. No puedo - claudicó Stinger -. Por favor, Erión... Sin embargo, Erión se dio cuenta, al igual que Troyana, que los barrotes estaban ligeramente doblados y Stinger no se había percatado. -Hum, estoy impresionada - hablaba seductoramente -. Estoy rodeada de hombres fuertes. -¿Has oído? Está rodeada de hombres fuertes. Cómo quisiera demostrarle lo fuerte que soy - dijo Juan Pedro. -Eres un idiota, esa no es mujer para ti. -¿Acaso lo eres tú? Ely se quedó callada y ruborizada ante la pregunta. Llegaron frente a la puerta. Erión fue quien la abrió. Todos entraron. Les alumbraba la poca claridad que salía tras la puerta ya que aquello se veía un tanto lúgubre. La puerta se cerró del todo, provocando un estruendoso eco. Se mantuvieron quietos y expectantes. Entre la oscuridad vieron que estaban dentro de una esfera transparente, llena de columnas. Todos miraban arriba mientras que a Erión le pareció ver una sombra correr de una columna a otra. No obstante, no dijo nada. Se adentraron un poco más, pudiendo ver la ciudad. -¡El castillo está volando! - dijo Juan Pedro. Seguidamente se hizo notable un aire siniestro. Stinger comenzó a marearse y a sentir un latigazo de corriente por todo su cuerpo. Erión tuvo que sostenerle. -¿Qué ocurre, Stinger? - dijo agarrándole. -He sentido algo muy extraño. Tengo una mala sensación. -Sí, yo también lo he sentido. Es muy poderoso. -El Doctor anda cerca, ¿verdad? - preguntó Stinger. En el cielo se iniciaba una tormenta. En ese momento eran relámpagos acompañados de truenos pero aún no se había desencadenado la tempestad. Entre relámpago y relámpago, se divisaba a alguien con una bata de doctor negra. Se mantenía en el aire, volando, dándoles la espalda y la luna, a punto de ser tapada por las nubes, iluminándole. -Estoy muy sorprendido. No tenía muy claro que volveríais a intentar rescatar a El Oráculo. Os he subestimado, no pensé que llegarías tan rápido. Supongo que es gracias a Stinger y a esa..., Tarsis. Dais la impresión de querer morir. No tenéis ninguna posibilidad, ni siquiera con esa caza vampiros de vuestro lado. -¡Dinos dónde está Alexei! - exigió Stinger. -No seas necio, Stinger. ¿Te crees que te lo voy a entregar así como así? Antes tendrías que lograr vencerme y nunca lo conseguirás aunque estés transformado en súper luchador. Habéis durado demasiado. Voy a dejaros un regalo para poner fin a vuestra vana existencia. Admirad esta ciudad, este mundo, por que será la última vez que lo veáis. De súbito, hicieron acto de presencia miles de Genéticos. -Mierda, estos no son Genéticos comunes. Son unos híbridos entre Genéticos y Metamorfos - avisaba Troyana. -¡Transformaos! - mandó El Doctor a gritos. A sus siervos les crecieron los colmillos. Debían tener cinco centímetros y eran muy afilados. Los ojos se les pusieron amarillos con el borde de la pupila rojos, se hicieron más corpulentos y altos, las venas se les hincharon y el fluido verde fosforescente se iluminaba desde el interior de sus cuerpos. La tormenta estalló. Rayos, relámpagos, truenos... -Tomad - dijo Troyana repartiendo estacas -. Son estacas de madera con aleación de plata. Esto no les matará pero les paralizará el tiempo suficiente para exterminarlos. -¡¿Y cómo nos los cargamos?! - preguntó Ely con ganas de entrar en acción. -Cortándoles la cabeza. De entre la muchedumbre de híbridos vampiro, Stinger logró ver a Alexei y cómo El Doctor le hacía un gesto en modo de desafío. Stinger le clavó sus ojos. El grupo se lanzó a la lucha, clavando las estacas a los fortísimos vampiros que les ponían en más de un aprieto. Les cortaron el cuello. La sangre verde fluorescente resplandecía con fuerza para convertirse en ceniza al igual que el cuerpo de los híbridos. Mas no se quitaron a todos de en medio. Aunque eliminaron a treinta y cinco, todavía les quedaban cinco. Estos entraron en una especie de trance, multiplicando sus habilidades. Su aspecto era más bestial. -Me temo que esto se va complicar - auguró Troyana con calma y frialdad. ¿Conseguirán acabar con esos híbridos? ¿Será, Alexei, rescatado al fin? ¿Desplegará Stinger todo su potencial? Y después, ¿qué? No te pierdas la semana que viene el Capítulo 44: Stinger contra El Doctor. Una sorpresa inesperada. Continuará... Esta historia está registrada y protegida. Es un relato original creado por Fox Stinger(M.N.Z.) Nota: Si alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia de la Lengua Española. |