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No soy Beatriz de Mesina... Pero puedo ser tan ácida y corrosiva como ella. Y si no, que se lo pregunten a Wayfarer... Pero, como casi siempre, todo es mucho ruido y pocas nueces.

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Beatriz de Mesina/Female/21-25. Vive en Spain/Madrid/Móstoles/Hospital, habla Spanish. Pasa 20% del día contectado/a. Usa una conexión de Fast (128k-512k). Y le gusta Baile/Cine.
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Viernes, 10 de Diciembre, 2004

Fox Stinger: GÉNESIS 4.0

Capítulo 43: Troyana. La caza vampiros.

Erión, Ely, Juan Pedro y Tarsis se reunieron con Stinger. Una vez allí, intentaron entrar dentro del castillo. Después de varios intentos, por parte de Stinger, para teletransportarse al interior, finalmente lograron entrar aunque fueron a parar a un lugar muy raro y desconocido. Tarsis aconsejó a Stinger que se concentrara para hallar la entrada. Ella desapareció de nuevo. Una vez más, Stinger intentó varias veces concentrarse hasta que, por fin, encontró la entrada secreta al castillo. Una pared invisible de apariencia líquida. Luego se animó Juan Pedro, seguido de Erión quien tomó del brazo a Ely llevándola casi arrastras. Al otro lado les esperaba Juan Pedro, Stinger y Tarsis. Siguieron de frente, rodeados de centenares de tuberías por todas partes, llegando a una parte en donde, en la parte derecha, había celdas. Escuchando el ruido de alguien golpeando las rejas, Stinger se aventuró a indagar, descubriendo a una joven prisionera. Sin embargo, los demás, no se dieron a descubrir tan pronto.

-Hola - dijo apareciendo de pronto -. ¿Qué haces aquí encerrada?

-¡Imbécil, me has dado un susto de muerte! ¿Tú que crees? Estoy haciendo una fiesta particular... ¡Fíjate! ¡Conmigo misma! - dijo con sarcasmo.

-Vaya, ni siquiera me conoces y ya has empezado a insultarme. Eres una borde. No me extrañaría que estuvieses ahí encerrada por mal educada y antisocial.

-¿Cómo dices? Si has sido tú quien me ha encerrado aquí. Supongo que me consideras una amenaza por mi fuerza sobrehumana de caza vampiros.

-¡¿Eres una caza vampiros?! ¡Qué pasada! Pensaba que no existían, que tan solo eran una leyenda o personajes ficticios.

-Recuerda, Stinger, que tú también lo eres - irrumpió Ely en la conversación.

-Vaya, por lo que veo viene mucha gente a visitarme hoy.

-Lo siento, guapa - dijo Ely con violencia en sus palabras -. Tú no has pillado de paso, sólo eso.

-Ya. Viéndote a ti me lo he supuesto, mona - respondió de malos modos.

Ely manifestó una rabia silenciosa sin abrir la boca.

-Un momento - detuvo la joven examinando a Stinger de arriba abajo -. ¿Tú eres El Doctor? Te veo notablemente cambiado. Has rejuvenecido y tienes sobrepeso.

Al oír estás palabras de parte de una bella joven, y encima desconocida, se puso colorado como un tomate.

-Se llama Stinger y es El Génesis - salió Erión de la penumbra con serenidad.

-¿De dónde sales tú? Pues sí que está esto muy concurrido. ¿Acaso regalan un piso? Sois muy raros. De modo que te llamas Stinger. No entiendo eso del génesis. ¿Os preparáis para una batalla?

-Esta tía no se corta ni un pelo - dijo Ely visiblemente enojada.

-Sí - contestó Erión con voz oscura -. Todavía no nos has dicho quién eres tú y qué haces aquí.

-Eso mismo me pregunto yo de vosotros, grandullón. ¿Quiénes sois? ¿Qué habéis venido a hacer en este lugar?

-Primero he preguntado yo. Se nota que los modales no son tu fuerte. De todas maneras te responderé. Él... - presentó señalando a cada uno -. Es Juan Pedro, esta es Ely, ella es El Anciano...

-Llámame Tarsis - corrigió.

-Y yo soy Erión. Hemos venido a salvar a El Oráculo, derrotar a El Doctor y salvar este mundo.

La joven inició un concierto de carcajadas. Sus ojos cedían a las lágrimas.

-¿Estáis de guasa o qué?

-¿Qué te hace tanta gracia estúpida? - explotó Ely.

-¿Me has llamado estúpida? Cuando salga de aquí te voy a enseñar quien es estúpida. Entonces te arrepentirás de haberme insultado.

-Vaya dos que se juntan - murmuró Juan Pedro a Erión.

-No. ¿Porqué? - preguntó Stinger.

-Mira Stinger... Puedo tutearte, ¿verdad? - y sin dejarle contestar prosiguió: - Eso que me estáis contando sí que es de ciencia ficción y, aunque fuera cierto, tu doble tiene unos aliados muy fuertes y él..., no es humano... Creo. Es muy poderoso. Necesitaréis toda la ayuda posible, si bien es cierto que toda ayuda es poca contra él.

-No nos has contestado. ¿Cómo te llamas y por qué estás encerrada? - exigió Erión con templanza.

-Qué pesado - decía entre dientes -. Me llamo Troyana, voy a cumplir los dieciocho, soy caza vampiros desde los catorce... ¿Me vais a sacar de este maldito lugar o tengo que contaros mi vida y mi currículum para que lo hagáis?

-Claro, claro, belleza... - miraba Juan Pedro entusiasmado a sus compañeros.

Ely, al ver el modo de actuar de Juan Pedro, le hizo la zancadilla poniendo su pie entre los dos pies de este, por los talones, haciéndole caer de cara al suelo precipitadamente. Troyana sonreía desapercibidamente, sin que se la notara mas, para Stinger, sus ojos la delataban. A Tarsis le hacía gracia la situación. Erión no mostraba ninguna clase de emoción y Stinger no sabía qué hacer.

-¡Eh! ¡¿Porqué has hecho eso?! - dijo Juan Pedro muy enfadado y avergonzado.

-¿Me hablas a mí? - preguntó Ely irónicamente.

-Sí, a ti, bruja.

-¡¿Cómo has dicho?! ¡Vuélvelo a repetir y te prometo que te hago tragar los dientes!

Troyana hacía todo lo posible para no mostrar ningún sentimiento y Stinger se daba cuenta de eso.

-¿Porqué? ¿Porqué lo hará? - cavilaba él.

-Stinger, no podemos permitirnos perder más tiempo. Sugiero que nos vayamos ya - puso Erión el toque serio.

-Tienes razón. Vamos - dijo Stinger.

Tenían decidido irse dejando a Troyana allí.

-¡Esperad! ¡¿Pensáis dejarme aquí?! - gritó.

Erión y Stinger regresaron a la celda.

-No veo razón por la cual sacarte. Serías un estorbo - dijo Erión.

-Se nota que no me conoces, grandullón. Puedo seros útil.

-Aparta, a ver si puedo - dijo Stinger.

Probó a doblar los barrotes pero no podía.

-Concéntrate. Puedes hacerlo, tienes el poder - pensaba Tarsis dentro de ella misma.

-Lo siento. No puedo - claudicó Stinger -. Por favor, Erión...

Sin embargo, Erión se dio cuenta, al igual que Troyana, que los barrotes estaban ligeramente doblados y Stinger no se había percatado.

-Hum, estoy impresionada - hablaba seductoramente -. Estoy rodeada de hombres fuertes.

-¿Has oído? Está rodeada de hombres fuertes. Cómo quisiera demostrarle lo fuerte que soy - dijo Juan Pedro.

-Eres un idiota, esa no es mujer para ti.

-¿Acaso lo eres tú?

Ely se quedó callada y ruborizada ante la pregunta.

Llegaron frente a la puerta. Erión fue quien la abrió. Todos entraron. Les alumbraba la poca claridad que salía tras la puerta ya que aquello se veía un tanto lúgubre. La puerta se cerró del todo, provocando un estruendoso eco. Se mantuvieron quietos y expectantes. Entre la oscuridad vieron que estaban dentro de una esfera transparente, llena de columnas. Todos miraban arriba mientras que a Erión le pareció ver una sombra correr de una columna a otra. No obstante, no dijo nada. Se adentraron un poco más, pudiendo ver la ciudad.

-¡El castillo está volando! - dijo Juan Pedro.

Seguidamente se hizo notable un aire siniestro. Stinger comenzó a marearse y a sentir un latigazo de corriente por todo su cuerpo. Erión tuvo que sostenerle.

-¿Qué ocurre, Stinger? - dijo agarrándole.

-He sentido algo muy extraño. Tengo una mala sensación.

-Sí, yo también lo he sentido. Es muy poderoso.

-El Doctor anda cerca, ¿verdad? - preguntó Stinger.

En el cielo se iniciaba una tormenta. En ese momento eran relámpagos acompañados de truenos pero aún no se había desencadenado la tempestad. Entre relámpago y relámpago, se divisaba a alguien con una bata de doctor negra. Se mantenía en el aire, volando, dándoles la espalda y la luna, a punto de ser tapada por las nubes, iluminándole.

-Estoy muy sorprendido. No tenía muy claro que volveríais a intentar rescatar a El Oráculo. Os he subestimado, no pensé que llegarías tan rápido. Supongo que es gracias a Stinger y a esa..., Tarsis. Dais la impresión de querer morir. No tenéis ninguna posibilidad, ni siquiera con esa caza vampiros de vuestro lado.

-¡Dinos dónde está Alexei! - exigió Stinger.

-No seas necio, Stinger. ¿Te crees que te lo voy a entregar así como así? Antes tendrías que lograr vencerme y nunca lo conseguirás aunque estés transformado en súper luchador. Habéis durado demasiado. Voy a dejaros un regalo para poner fin a vuestra vana existencia. Admirad esta ciudad, este mundo, por que será la última vez que lo veáis.

De súbito, hicieron acto de presencia miles de Genéticos.

-Mierda, estos no son Genéticos comunes. Son unos híbridos entre Genéticos y Metamorfos - avisaba Troyana.

-¡Transformaos! - mandó El Doctor a gritos.

A sus siervos les crecieron los colmillos. Debían tener cinco centímetros y eran muy afilados. Los ojos se les pusieron amarillos con el borde de la pupila rojos, se hicieron más corpulentos y altos, las venas se les hincharon y el fluido verde fosforescente se iluminaba desde el interior de sus cuerpos.

La tormenta estalló. Rayos, relámpagos, truenos...

-Tomad - dijo Troyana repartiendo estacas -. Son estacas de madera con aleación de plata. Esto no les matará pero les paralizará el tiempo suficiente para exterminarlos.

-¡¿Y cómo nos los cargamos?! - preguntó Ely con ganas de entrar en acción.

-Cortándoles la cabeza.

De entre la muchedumbre de híbridos vampiro, Stinger logró ver a Alexei y cómo El Doctor le hacía un gesto en modo de desafío. Stinger le clavó sus ojos. El grupo se lanzó a la lucha, clavando las estacas a los fortísimos vampiros que les ponían en más de un aprieto. Les cortaron el cuello. La sangre verde fluorescente resplandecía con fuerza para convertirse en ceniza al igual que el cuerpo de los híbridos. Mas no se quitaron a todos de en medio. Aunque eliminaron a treinta y cinco, todavía les quedaban cinco. Estos entraron en una especie de trance, multiplicando sus habilidades. Su aspecto era más bestial.

-Me temo que esto se va complicar - auguró Troyana con calma y frialdad.

¿Conseguirán acabar con esos híbridos? ¿Será, Alexei, rescatado al fin? ¿Desplegará Stinger todo su potencial? Y después, ¿qué?

No te pierdas la semana que viene el Capítulo 44: Stinger contra El Doctor. Una sorpresa inesperada.

Continuará...

Esta historia está registrada y protegida. Es un relato original creado por Fox Stinger(M.N.Z.)

Nota: Si alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia de la Lengua Española.



Las varices, un problema de "gravedad"

Se llama varices a la dilatación de una o más venas de nuestro organismo. Las varices son, por tanto una consecuencia de una función venosa deficiente o desbordada, que puede producirse tanto en hombres como en mujeres y a todas las edades, aunque el problema es más común a edades más avanzadas.

Las venas son los vasos sanguíneos de nuestro organismo necesarios para permitir que la sangre que ha circulado por las arterias para transportar el oxígeno a los diferentes tejidos sea capaz de retornar de nuevo al corazón.

Así pues, las venas se distribuyen por todo nuestro organismo recogiendo toda la sangre de retorno. No son iguales las que se sitúan en la parte del cuerpo que queda por encima del corazón que las que ascienden al mismo desde el abdomen y las piernas. La diferencia principal estriba en el hecho de que las venas situadas por debajo del corazón deben vencer la fuerza de la gravedad para cumplir con esa función.

Para poder dirigir la sangre de modo ascendente hacia el corazón disponen de válvulas en su interior que impiden que la sangre caiga de nuevo hacia abajo y se ayudan de la acción constrictora de los músculos de la pantorrilla y el muslo que, actuando a modo de bombeo, facilitan la propulsión de la sangre hacia la mitad superior del organismo. Por ello, cuando existen circunstancias que dificultan esta función de evacuación de la sangre de las piernas las venas aumentan de presión y acaban dilatándose e inflamándose, lo que acaba produciendo las varices.

¿Por qué se producen las varices?

Las varices son generalmente consecuencia de la insuficiencia venosa, y es esta insuficiencia la que provoca síntomas como la sensación de pesadez de las piernas, el dolor o la hinchazón de los pies y los tobillos.

Realmente las varices y/o las arañas vasculares (dilataciones de vasitos de menor calibre) son un signo más de este trastorno global, que se produce por el llenado excesivo de las venas superficiales de la piel, lo que acaba dilatándolas.

En personas con gran afectación de varices el grosor de éstas puede ser muy notable, existiendo el riesgo de estallido y sangrado de la variz. Con el tiempo otras posibles consecuencias de la insuficiencia venosa son los calambres nocturnos, los picores, la hiperpigmentación de la piel, la hinchazón continua de los tobillos y las úlceras cutáneas por el riego sanguíneo deficiente, en zonas como los tobillos. También puede ocurrir la trombosis de la variz, en cuyo caso aparece como un cordón duro, doloroso, caliente y rojizo.

¿Por qué no son sólo un problema de mujeres?

Está muy extendida la creencia de que las varices son principalmente un problema de mujeres. Sin embargo, existen evidencias recientes de que la afectación de hombres y mujeres por este problema puede ser muy similar, si bien es cierto que son las mujeres las que más consultan al médico por estos problemas.

Se calcula que la insuficiencia venosa afecta en Occidente en torno a un 30-35% de hombres y mujeres, pero lo cierto es que la cifra de padecimiento de algún tipo de alteración en la circulación venosa, aunque no sea visible, es aún mayor y puede alcanzar hasta la mitad de la población o más.

Existen diversos factores que facilitan la aparición de la insuficiencia venosa y las varices, tanto en hombres como en mujeres. Entre estos factores tienen especial importancia la edad y la herencia genética.

La fortaleza de las paredes venosas y la efectividad de las válvulas de las venas, así como la robustez muscular, son cualidades que vienen determinadas por la edad y también por la constitución de la persona y por tanto por sus genes.

Otro factor de riesgo común es la exposición al calor, que favorece la flacidez y pérdida de tono de las venas. Esta es la causa de que la insuficiencia venosa empeore en verano.

¿Qué factores de riesgo son predominantes en los hombres?

Estar de pie es sin duda otra circunstancia de riesgo importante para los hombres respecto al padecimiento de varices. Estar de pie por tiempos prolongados incrementa el problema del estancamiento venoso. De hecho, en un estudio escandinavo se vio que la probabilidad de padecer varices era superior en los hombres cuyas profesiones les exigía permanecer de pie durante mucho tiempo (dependientes, viajantes de comercio, cirujanos, profesores, etc.).

Otros estudios han asociado también con los trastornos venosos las actividades laborales en las que se está sentado (oficinistas, conductores, etc.) y como es lógico, refleja hasta el tiempo de antigüedad en la empresa en estos puestos de trabajo.

Según más estudios realizados, existen otros muchos factores que favorecen la aparición de los trastornos del reflujo venoso y que inciden de modo distinto sobre los hombres y las mujeres. Parece demostrado que la obesidad, por ejemplo, es un factor de riesgo importante de los trastornos de reflujo venoso en los hombres.

Asimismo se ha visto que las dietas pobres en fibra y el estreñimiento se asocian con más frecuencia al padecimiento de varices en los hombres que en las mujeres, así como el tener hernia inguinal. Asimismo, los hombres que padecen cuadros de aumento de presión abdominal sostenida tienen mayor riesgo de insuficiencia venosa en las piernas.

Cabe destacar también que muchos estudios internacionales mencionan el hábito de muchos hombres de tensar, presionar y cruzar las piernas cuando están sentados como un factor de riesgo casi exclusivamente masculino en la aparición de varices y que en algunos varones puede tener por tanto un papel muy relevante.

Por último existen también datos que revelan que las varices aparecen con más frecuencia en los fumadores y los que tienen una menor actividad física. No es de extrañar por tanto que la enfermedad venosa se asocie más a hombres con riesgo cardiovascular elevado, aunque las varices como tales no son un factor de riesgo de infartocardiaco o cerebral, ni en hombres ni en mujeres.

¿Cómo se diagnostican las varices?

Las varices pueden diagnosticarse fácilmente por ser un trastorno claramente visible y característico en la superficie de las piernas, en forma de manchas o abultamientos violáceos o en forma de pequeñas redes de color rojizo o morado (arañas vasculares).

La cuestión estética es lo que anima a muchas mujeres a solicitar ayuda de su médico para resolver este problema, algo que se da menos en los hombres; estos suelen acudir al médico cuando la enfermedad venosa les está produciendo síntomas evidentes. Otra razón son los síntomas muy molestos que determina la insuficiencia venosa de base.

Para diagnosticar la insuficiencia venosa que provocan las varices es necesario realizar una ecografía Doppler del sistema venoso de la pierna, aunque existen también otras pruebas como la pletismografía, o la flebografía (ésta es invasiva). Con este tipo de procedimientos se puede estimar la eficacia venosa de las diferentes zonas y de los ramos comunicantes perforantes, el grado de reflujo venoso, el estado de las válvulas venosas, etc.

¿Cómo se pueden prevenir las varices?

Es muy importante intentar prevenir al máximo las varices en las personas más proclives a padecerlas, pues cuando las varices aparecen ya no suele ser posible eliminarlas salvo que se aplique un tratamiento para ello.

He aquí una serie de consejos para disminuir en todo lo posible el riesgo de insuficiencia venosa y por tanto de varices:

* Evitar la obesidad y tener una actividad física regular. Caminar todos los días un mínimo de 30 minutos ayuda a reforzar los músculos de la pierna y favorece el retorno venoso. Utilizar un calzado adecuado, ni muy alto ni muy plano.

* Evitar estar de pie o sentado por tiempo prolongado, sin mover las piernas, así como estirarlas o comprimirlas con fuerza excesiva. Es bueno realizar continuamente ejercicios con las piernas para activar la circulación y ponerlas en alto (por encima del nivel del corazón cuando sea posible) si prevemos que vamos a estar mucho tiempo sin andar.

* No usar fajas o ligas que las compriman impidiendo el retorno venoso y evitar el estreñimiento comiendo una dieta rica en fibra.

* Procurar no exponer las piernas al calor intenso.

* Llevar calcetines o medias elásticas de compresión gradual si el riesgo de varices es elevado (obesidad, mucho tiempo de pie, embarazo, etc.)

¿Cómo se tratan las varices?

Cuando hablamos de tratamiento debemos diferenciar entre lo que es el tratamiento global de la insuficiencia venosa crónica y el de las varices per se.

El tratamiento de la insuficiencia venosa es en principio conservador. Cuando aún no es muy acusada la sintomatología lo esencial es procurar que la enfermedad no progrese. Para ello es importante llevar a cabo las medidas preventivas y evitar factores como el consumo de anticonceptivos orales.

Existen fármacos flebotónicos que pueden aliviar parcialmente los síntomas de la insuficiencia venosa, pero que no van a conseguir que las varices desaparezcan.

La solución definitiva a la insuficiencia venosa de la pierna es la cirugía, que consiste en extirpar la vena principal (safena), que recoge la sangre de todo el territorio venoso superficial. Cuando se practica la intervención disminuye la presión venosa en esta zona y los síntomas mejoran notablemente, desapareciendo asimismo la mayor parte de las varices.

La terapia quirúrgica debe plantearse cuando existen varices muy prominentes y/o molestias importantes, o cuando han surgido complicaciones como varicorragia (sangrado de las varices), flebitis (inflamación de la vena) o úlceras cutáneas. También se puede plantear la operación a petición del propio paciente por cuestión estética o de otro tipo.

Por otro lado existen tratamientos estéticos de las varices y las arañas vasculares que, sin resolver el problema de base de la insuficiencia venosa, pueden mejorar bastante la situación haciéndolas desaparecer. Estos tratamientos consisten en la acción directa sobre las venas varicosas con sustancias esclerosantes o el láser principalmente, y suelen conseguir la desaparición completa de las varices sobre las que se incida; pero desafortunadamente no evitan que puedan surgir nuevas varices en otras partes de la pierna.