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Viernes, 17 de Diciembre, 2004
Fox Stinger: GÉNESIS 4.0
Capítulo 44: Stinger contra El Doctor. Una sorpresa inesperada. Tras muchos intentos, consiguieron entrar en el castillo. En él, y encarcelada, encontraron a una joven. Troyana, la caza vampiros. Después de liberarla, entraron a una nueva estancia. Allí se encontraba El Doctor, quien mandó a unos híbridos de Genéticos y Metamorfos a encargarse de Stinger y sus amigos. Troyana les dijo cómo acabar con los vampiros. Sin embargo, todavía les quedaban por eliminar cinco de ellos, los cuales se transformaron a una apariencia más bestial y poderosa. Los seis se enzarzaron en un combate sin tregua contra los cinco monstruos. Tarsis, que no se defendía nada mal, utilizaba su magia. Troyana hacía miles de movimientos que requerían mucho entrenamiento y agilidad. Ely, aún débil, esquivaba los golpes de sus adversarios y atacaba con fiereza. Juan Pedro era muy rápido y fuerte. Erión, en cambio, era el más poderoso de todos ellos. Utilizaba su fuerza, rapidez, agilidad, su energía, todo para acabar con los vampiros híbridos. Stinger, por su parte, intentaba hacer lo posible para estar a la altura pero no pudo. Se lo quitaron de en medio de un plumazo. No obstante, estos seres aumentaban su fuerza golpe tras golpe. Ely fue la siguiente en ser derrotada ya que se quedó muy debilitada. Juan Pedro, al ver cómo Ely era cruelmente atacada, se despistó por unos segundos, tiempo suficiente para que el enemigo aprovechara el momento. También fue vencido. Ahora quedaban tres contra cinco. La balanza se descompensaba drásticamente. Troyana había demostrado unas habilidades inusitadas. Pese a eso, también fue derrotada. Erión, en cambio, logró poner a raya a los vampiros, hasta que uno de ellos le mordió en la muñeca. Se deshizo de él dándoles una fuerte patada en el cuello, cortándosela cual espada afilada. Perdía mucha sangre, sangre verde, cosa que extraño a Stinger y a sus amigos, excepto a Tarsis, que parecía conocer a Erión. Tarsis era la única que quedaba, la cual se retiró pues no podía hacer nada contra aquellos seres. Stinger se levantó y se puso enfrente de ellos. -¿Qué pretendes, Stinger? Si en grupo sólo habéis matado a uno, tú solo no tienes nada que hacer. Eres un estúpido crío seboso. -No permitiré que se haga más daño a las personas que me importan. Stinger juntó sus manos y las puso como si agarrara un balón, concentrando un montón de energía, una esfera de color blanco azulado. -¿De veras piensas que con esa ridícula energía tuya vas a eliminar a mis creaciones? Definitivamente eres idiota – se calló y se puso pensativo: -Maldita sea esta copia de mí está acumulando mucha energía. Tal vez le haya subestimado. Es posible que me esté haciendo creer que tiene menos poder que yo. No puede ser – se decía preocupado, nervioso, e incluso, sudoroso. -Te veo preocupado Doctor. ¿Tienes miedo? – dijo Alexei con sarcasmo. -¡Cállate mocoso! – gritó El Doctor. -¡¡¡Génesis Final!!! – vociferó Stinger con fuerza, extendiendo los brazos y poniendo las palmas de las manos enfrente de sus enemigos para lanzarles la tremenda onda de energía. El Doctor creó, alrededor de él y de Alexei, una barrera que impidió que, la energía liberada por Stinger, les dañara. -Qué imbécil. No controla su Ki – decía sonriente. Troyana, por su parte, no daba crédito a lo que acababa de presenciar. -Ese chico... ¿Es humano? – preguntó ella perpleja. -Es más humano que tú y que yo – le aclaró Tarsis con aire misterioso. Sin embargo, el ataque de Stinger no eliminó a todos los vampiros, aún quedaban tres, aunque sí estaban un poco chamuscados, como sus ropas. -He hecho lo que he podido. No puedo más – cayó al suelo del cansancio -. Son invencibles. -No. No lo son – dijo Erión, recogiéndole del suelo y dejándole en un lugar más seguro. Ahora era Erión quien iba a luchar, ya que el número de híbridos bajó. Los vampiros se sonrieron, pues veían la sangre de Erión salir por su muñeca. -Ahora que lo pienso – cavilaba El Doctor -. Erión forma parte de La Pesadilla Eterna, ¿porqué está de parte de Stinger? -Por El Creador – interrumpió Alexei. -¿Qué quieres decir? Erión luchaba con todo su poder. Pudo deshacerse de uno. Sólo quedaban dos pero sus fuerzas comenzaban a mermar. Mientras tanto, Tarsis se acercó a Stinger, el cual estaba dormido, y le puso las manos en la frente. Una luz le envolvió el cuerpo. A los pocos segundos dejó de hacerlo y Tarsis se puso en pie. Stinger se despertaba con las heridas curadas. Se levantó como si nada, viendo a Erión luchando contra los vampiros. -¿Qué ha pasado? Me siento con fuerzas renovadas. ¿Qué me has hecho? – preguntó Stinger a Tarsis. -Yo no he hecho nada. El final es inminente. Ya se ha despertado la energía escondida en ti. -¿Cómo? No me siento de manera especial. Estoy como siempre – seguidamente vio a Erión en apuros -. Oh, no. ¡Erión! Impresionado por la ferocidad en que avasallaban a Erión miró hacia atrás localizando las estacas con las que habían acabado con los otros vampiros. Rápidamente se hizo con unas cuantas de ellas y las lanzó al corazón de sus oponentes, dos a cada uno. Estos se quedaron inmóviles. -¡Apresúrate, Stinger, estos se recuperarán más rápido! – avisó Troyana. Los híbridos, segundo a segundo, iban adquiriendo movilidad, así es que Stinger se concentró y, sin que nadie se diera cuenta, apareció detrás de los vampiros y debajo de El Doctor y Alexei. Los vampiros híbridos estallaron en mil cenizas. -Hum – dijo El Doctor totalmente serio -. Realmente impresionante. Para ser un gordinflón te mueves con bastante agilidad y rapidez, pero esos trucos no te servirán conmigo. El Doctor se dejó ver por completo. Juan Pedro y Ely se quedaron de piedra al ver que El Doctor era exactamente igual que Stinger, solo que con un cuerpo más fibroso. -No creas que te voy a dejar marchar así como así ni que me voy a dejar vencer tan fácilmente. Ha llegado el momento de acabar con este mal sueño y despertar. -Te equivocas, Stinger. Hoy se cumplirá uno de mis sueños. -¿Cómo? ¿Tienes sueños? Te gusta decir tonterías. Das pena, chaval. -¿Quieres burlarte? Bien, adelante, hazlo. Dentro unos segundos se te quitaran las ganas de hacerlo. Exactamente en tres..., dos..., uno... Al llegar a cero, el tiempo parecía ir despacio. El Doctor, impasible, cerró los ojos. Todos miraban expectantes. -¡Intentas asustarme?! ¡No pienses que soy tan miedica! – gritaba al mismo tiempo que pensaba:-Pues estoy muerto de miedo. ¿Qué estará maquinando? -Se ha quedado en trance o quizá esté echando una siesta en las alturas - monologaba Ely con humor irónico después de haberse incorporado del piso. -¿Cuándo piensa atacar? Esto no me gusta nada – decía Troyana. -No podemos perder esta oportunidad de intentar vencerle – añadió Juan Pedro con determinación y arrojo. -Debemos atacar todos juntos, individualmente no tenemos nada que hacer – dijo Ely aproximándose al grupo formado por Juan Pedro, Erión, Troyana y Tarsis. -No soy muy fuerte pero..., contad conmigo – manifestó Tarsis dispuesta a todo. El Doctor bajó de las alturas. -Cuando queráis – dictaminó Erión. -¡Ya!- gritaron todos menos Stinger que se quedó atrás, viéndoles como le adelantaban desde detrás. De inmediato les siguió y comenzaron a machacar a El Doctor con toda clase de golpes, físicos y energéticos. Los de Stinger eran los que más sentía El Doctor, haciéndole sudar, sin embargo, permanecía estático. De repente, unos rayos, que aparecieron de la nada, fueron absorbidos por el cuerpo de El Doctor. Abrió los ojos bruscamente. Eran totalmente blancos y de ellos desprendía una luz deslumbrante. Levantó los brazos y estiró sus piernas irradiando una energía que apartó a todos de su camino. Alexei se protegió con una barrera. -Ni nos ha tocado y nos ha quitado de en medio como si nada – relataba Stinger para sí. Juan Pedro, Ely, Tarsis, Erión y Troyana estaban en el suelo mal heridos, adoloridos y llenos de sangre y magulladuras. -Incrédulos. No podéis hacerme nada, y menos tú, Stinger. Te conozco. Yo también he sido creado por El Creador. -¡Stinger! – clamó Alexei -. ¡Huye! ¡Aún no estás preparado para vencerle! ¡Cuenta con un poderoso aliado! -¡Ja! Ni ahora ni nunca será el momento de vencerme. ¡Soy el más poderoso de este mundo! – se reía fuertemente, haciendo retumbar el lugar. -¡Alexei! ¡¿De qué estás hablando?! No. No quiero saberlo. Yo forjo mi destino. Estoy seguro que hasta El Creador quiere que tenga libre albedrío. Voy a acabar contigo hoy mismo y salvar este y todos los mundos. Stinger reanudó el combate seguido por sus amigos y su nueva aliada. -¡¿Osáis desafiarme?! No digáis que no os lo advertí. ¡Lo lamentaréis! Estoy harto de vosotros. Sin moverse del sitio y sin hacer ningún gesto, todos cayeron vencidos menos Stinger. -Porque... ¿Porqué me ha dejado a mí en pie? – pensó Stinger. -Stinger, Stinger. Eres muy poderoso, más de lo que puedes llegar a imaginar, bueno, para eso está El Creador. La suerte es que no eres consciente del tremendo potencial que guardas en ti y por tu ignorancia... ¡Morirás! – gritó poniéndosele los ojos verdes fluorescentes. -Sigue soñando. -Eso haré. Con mis sueños puedo hacer lo que me plazca. El escenario se puso borroso, incluso al mirar a sus amigos. Ya no los distinguía ni siquiera a él mismo al mirarse las manos. -¡Stinger! ¡Stinger! – chillaban con todas sus fuerzas. Luego se tornó en blanco y aparecieron, Stinger y El Doctor, en la ciudad, rodeados de rascacielos y edificios casi derruidos. -Estamos en la ciudad – miraba Stinger a su alrededor -. ¿No pretenderás que nos enfrentemos aquí? -¿Tienes miedo? Ahora que tus amigos no están contigo te sientes desprotegido, ¿no es así? Sabes que vas a morir. Te voy a hacer sufrir de verdad. Vas a ser destruido ¡junto con este mundo! El semblante de Stinger indicaba que estaba tranquilo pero, en realidad, tenía pavor. Mientras, en el interior del castillo, sus amigos no sabían qué hacer. -Han desaparecido – decía Ely estupefacta. -Hay que salir de aquí y encontrarle. No podemos dejarle solo – dijo Erión con signos de preocupación. -No podemos hacer nada. Esta vez sí que no hay escapatoria – platicaba un Juan Pedro apesadumbrado. -Confiemos en que Stinger pueda valerse por sí mismo y terminar de una vez y para siempre con El Doctor – terminó Erión. -Qué raro que nos haya dejado aquí sin ninguna sorpresita – cuestionaba Troyana -. Oye, ¿dónde esa mujer tan rara? Tarsis se había esfumado. -No puede ser descubierta por lo que nos avecina – murmuraba Erión. -Al parecer queréis compañía. No os preocupéis, yo os resolveré eso. Vamos a divertirnos un rato – apareció un tipo desde el techo, levitando y aterrizando delante de ellos. -Ca... ¡¿Calixto?! - exclamó Juan Pedro muy turbado. ¿Será Stinger capaz de vencer a El Doctor? ¿Qué nueva amenaza les acaecerá a Juan Pedro y compañía? ¿Será este el final de la historia? No te pierdas la semana que viene el Capítulo 45: La Pesadilla Eterna. Continuará... Esta historia está registrada y protegida. Es un relato original creado por Fox Stinger(M.N.Z.) Nota: Si alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia de la Lengua Española. |