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No soy Beatriz de Mesina... Pero puedo ser tan ácida y corrosiva como ella. Y si no, que se lo pregunten a Wayfarer... Pero, como casi siempre, todo es mucho ruido y pocas nueces.

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Beatriz de Mesina/Female/21-25. Vive en Spain/Madrid/Móstoles/Hospital, habla Spanish. Pasa 20% del día contectado/a. Usa una conexión de Fast (128k-512k). Y le gusta Baile/Cine.
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Spain, Madrid, Móstoles, Hospital, Spanish, Beatriz de Mesina, Female, 21-25, Baile, Cine.

Viernes, 01 de Julio, 2005

Fox Stinger: GÉNESIS 5.0

Capítulo 51: Nero, ¿vivo? Fox Stinger, El Guerrero.

Ely y Juan Pedro se encontraban en la Biblioteca Municipal. Ambos estaban sentados uno frente al otro, con la mesa llena de libros. Juan Pedro miró a Ely discretamente. Ésta hizo lo mismo y asintió levemente con la cabeza. Seguidamente, Juan Pedro se levantó, seguido por Ely un poco más alejada de él. Se ocultaron tras una estantería altísima y repleta de libros. Pasaron diez minutos cuando el vigilante, después de haberse cerciorado de que no había nadie, apagó las luces y cerró la puerta.

-Ha llegado el momento – instó Ely en murmullo.

De pronto escucharon un tenue ruido y se volvieron a ocultar. La claridad del exterior entraba por los anchos ventanales. Una sombra bastante corpulenta se encaminó hacia una zona específica de la biblioteca.

-Esto me da mala espina. Investiguemos – sugirió Ely.

-¡No! ¡Espera! – gritó Juan Pedro aún susurrando, mas Ely continuó adelante -. Esta chica nunca cambiará.

Así pues, con cuidado y sigilo, la siguió. Al acercarse lo suficiente para no ser descubiertos, notaron que la sombra sabía a donde iba. Ésta subió una pequeña estatua de un cuervo, abriendo la puerta secreta que hacía de pared. Se adentró y la puerta volvió a cerrarse.

-¿Te has fijado? El cuervo que vuela bajo. Tenemos que hacer que levante el vuelo – observó Ely tras volver la estatua a su situación original, el cual parecía que planeaba casi rasante.

-Ya. Oye Ely, debemos cuidarnos, siento que ese tipo retiene su energía.

-Eso lo hace más interesante. Sigámoslo.

De modo que elevaron la estatua y la puerta comenzó a abrirse. Al entrar, ésta bajó con rapidez, clausurando la salida. Aquello estaba muy oscuro, sin embargo una ligera luz, una mezcla difusa entre rojo y blanco, daba algo de claridad al camino.

-¿Dónde se ha metido ese mastodonte? – preguntaba Ely en suspenso.

-¿Cómo sabes que es UN y no UNA?

-Su silueta y su manera de andar no son muy femeninas que digamos.

-Tú eres mujer y...

-¡No seas idiota! – dijo dándole un fuerte manotazo en el hombro -. No es momento de bromas. Continuemos.

-¿Quién ha dicho que sea una broma? – seguía bromeando entre una efímera sonrisa.

Se toparon con dos caminos. Uno estaba totalmente en oscuridad. El otro seguía por un pasillo con una ligera brisa y luz que les hizo decantarse por ir por esa ruta. Llegaron a una sala con dos puertas a los extremos y otra, más escondida y casi inapreciable, con dibujos extraños que apenas podían verse.

-Estupendo, ¿por dónde se habrá tirado ese gorila? – persistía Ely en su murmullo escuchando un pequeño eco repitiendo sus palabras.

-¿Cómo quieres que lo sepa? No presiento ninguna fuerza – tras decir esto, se oyó un sonido muy rápido -. ¡Shhhhhh! ¿Has oído?

Giraron la cabeza uno hacia el otro, mirándose con seriedad.

-Me ha parecido percibir una energía muy familiar. ¿Lo has notado? – preguntó Juan.

-Sí. A mí me recuerda a...

-Como siempre, los estúpidos humanos entrometiéndose en asuntos ajenos – interrumpió una siniestra voz a Ely -. Pensé que no volvería a veros – salía la voz de todos los rincones del subterráneo.

-¡¿Nero?! – preguntaron, a la vez que exclamaron, tanto Ely como Juan Pedro, al unísono.

-Es imposible, Erión le mató. Además él no tenía la voz tan ronca – reflexionaba Juan Pedro.

Inmediatamente, la puerta del extremo que quedaba en medio estalló por los aires. El contraluz dejaba ver una silueta pero no sus rasgos. Esta silueta saltó con una rapidez increíble, se ocultó en la zona más oscura sin llegar a saber dónde se hallaba.

-En el fondo intuí que encontraría a alguien metiendo las narices, por eso bajé mi energía al máximo pero ya no es necesario, tengo lo que buscaba. El diario.

-¡¿Cómo?! ¡Da la cara, cobarde! ¡Danosla si no quieres morir! – amenazó Ely.

-Claro, vosotros también la queréis. El diario del doctor Andrés. ¿Sabíais que habla sobre el origen de El Génesis, La Pesadilla Eterna, El Doctor, los experimentos genéticos, sobre El Creador, el Mundo de Los Sueños y el Mundo Real...? En fin, algo que no debe ser descubierto jamás.

-¡Entréganoslo! – exigió Ely.

-Debo destruirlo. El doctor Andrés fue solo un sueño, como nosotros, sin embargo quiso saber acerca del verdadero origen de las cosas y por eso murió. Como moriréis vosotros. Es una lástima que una belleza como tú, Démonah, muera pero sabiendo tu verdadera existencia creo que no importará demasiado.

-¿Todavía no te has enterado, tío? Mi nombre ha sido, es y siempre será Ely y no me subestimes.

-¿No? En realidad me importa poco como te llames. El matarte significará que no podré probarte.

-Ely, ese diario es la clave de toda esta historia. Hay que quitárselo.

-¿A qué estamos esperando?

Los dos se introdujeron en las tinieblas en un combate contra el desconocido, al cual no conseguían golpearle ni robarle el diario. Después de todo, fueron expulsados a la claridad.

-Soy demasiado fuerte para vosotros. No lográis verme.

-Maldito... – dijo Juan Pedro.

-No puedo perder el tiempo con unos seres tan insignificantes.

El enigmático enemigo absorbió toda la luz que habitaba allí. Unas antorchas que se ubicaban lejos de ellos, la claridad que entraba por los recovecos del techo... Finalmente la hizo estallar cegando a sus oponentes.

-¡Ráfaga de Luz!

Les asestó unos fortísimos golpes a cada uno y, sin lograr ver el rostro de su oponente, éste se marchó con calma.

Juan Pedro y Ely no veían nada.

-¡Estoy ciega! - exclamaba frotándose los ojos con desesperación.

-¿Es mi imaginación u oigo un tic tac? – reparó Juan Pedro recuperando gradualmente la visión.

-¡Lo oigo! Parece...

-¡Una bomba! – gritaron los dos, siendo repetido por el eco.

Al cabo de unos segundos, Juan, con la vista recuperada, cogió a Ely de la mano, quien seguía sin ver bien, y regresaron a toda prisa sobre sus pasos. Llegando a la salida, la misma que les había servido de entrada, no podía abrirse.

-¡Mierda! ¡Ese tío se ha molestado en encerrarnos! – dijo Juan Pedro.

Éste apartó a Ely y empezó a concentrar su energía entre las dos manos, como si tuviera una pelota. Extendió los brazos y, como si fuera un cañón, lo proyectó. Con la bola de fuego, la pared quedó reducida a nada. Las alarmas sonaban con estridencia. Solamente quedaban cinco segundos.

-¡No nos queda tiempo! – vociferó Juan Pedro mientras que Ely recuperaba la vista.

Juan se fijo en el gran ventanal. Con decisión, llevando a Ely en volandas, corrieron hacia ella. Quedaban dos segundos. Poco después, debido a la fuerte explosión, ambos saltaban por la ventana con una flama de fuego detrás de ellos. La Biblioteca quedó destruida. Ely y Juan Pedro cayeron al vacío sin ver a donde caían.

Mientras tanto, Stinger y Erión se entrenaban en la Sala de Entrenamiento Virtual con montones de fieros enemigos. De pronto se esfumaron.

-Tiempo de entrenamiento concluido – anunció la máquina con voz de mujer.

Había pasado algo más de once meses y Stinger estaba más alto, más delgado y musculoso. Llevaba unos pantalones anchos y de color gris de pana, camisa ligeramente ajustada de manga corta y botas de montaña de color oscuro.

-Uf, me cuesta seguir el ritmo. Cada vez tolero menos el aumento de gravedad y cada vez lo pones más difícil.

-No te quejes tanto – reprendía Erión -. Siempre dices lo mismo y al final acabas superándolo.

-No sé si será suficiente para derrotar a El Doctor, además Troyana cada vez está más débil.

-¿Por el embarazo?

-Sí. El médico recomendó que se quedara en reposo pero no para de moverse de un lado para otro. Es muy inquieta. Me preocupa.

-Es lógico. Falta poco para que dé a luz.

-Espero que todo salga bien – hace una pausa y prosigue: -¿Cómo les habrá ido a Juan Pedro y a Ely?

Salen de la sala y caminan hacia los aposentos. Detrás de ellos alguien les llama.

-¡Juan Pedro! ¡Ely! ¿Estáis bien? ¿Qué ha ocurrido?

-¿A que no adivinas a quién nos encontramos en la biblioteca? – preguntó Ely mientras Stinger encogía los hombros de ignorancia -. A un tipo con una energía parecida, en principio, a la de Nero.

-Eso no puede ser. Yo le eliminé – dijo Erión con seriedad.

-No he dicho que fuese él, solo que al principio su energía parecía la de Nero – aclaró Ely -. El caso es que se llevó el diario del doctor Andrés, nos hizo un ataque que nos dejó ciegos, aparte de un regalito en forma de bomba, teniendo que salir a toda mecha.

-Parece que lo que dice ese diario es muy importante...

-Era – interrumpió Juan Pedro a Stinger -. Por que iba a destruirlo. Según él hablaba del origen de El Génesis, de El Doctor, La Pesadilla Eterna y demás...

-Pero, ¿de eso no hablan las biblias? Bueno, no os preocupéis, chicos, tal vez no era para que arriesgarais vuestra vida por ese diario.

-Qué agradecido. De todos modos no lo hacíamos por ti, ¿eh? Nosotros queríamos saber la verdad – dijo Ely un poco enojada -. Desde que tu amada Troyana, la caza bichos, está con bebé a bordo ya no te preocupas por tus amigos. Desconsiderado – y pensaba a continuación: - Dentro de nada hará un año que le robaron La Biblia Oscura y que encontramos a Troyana.

-Yo no pedí que fuerais en busca de ese diario. Sin embargo, sí que me preocupo por vosotros y confío en que podéis cuidaros. Una vez me dijiste que tanto tú como él sabéis luchar y que tenéis suficientes recursos para vencer y yo lo creo firmemente, sino no estaría vivo.

-Vale – respondió Ely resignada y volteando la cabeza a un lado y hacia arriba.

-Ahora tengo una responsabilidad más importante, debo proteger a Troyana para que Fox salga sano.

-¿Fox? Si es niño, ¿le vas a llamar Fox? – preguntó Juan Pedro.

-Es un poco americano pero nos gusta.

-¿Fox Stinger? No suena mal – dijo Juan.

-¿Y si es niña? – saltó Ely.

Stinger esbozó una breve sonrisa.

-Estoy seguro que va a ser un niño. Troyana también está convencida de eso y el instinto de una madre nunca falla. En fin, vamos a preparar la cena. ¿Venís?

-Siempre sospeché que esa Troyana iba a darnos problemas – hablaba Ely en voz baja.

-Ya no hay por qué sospechar. ¿No será que estás celosa? – chinchó Juan Pedro bloqueándola el paso con una postura chulesca, con el brazo apoyado en la pared, casi rozando el rostro de Ely.

-¿Porqué siempre estás pendiente de mí, de lo que digo y de lo que hago? Como siempre dices estupideces. A Stinger le quiero como amigo, no como tú piensas. Yo estoy enamorada de otro.

-Ah, ¿sí? ¿De quién? ¿Le conozco? Cuéntamelo – acosaba con su cara aproximándose a la de Ely.

-¡¿Quieres dejarme en paz?! ¡Eres un plasta, tío! ¿Por qué no te metes en tus asuntos? – pasó por debajo del brazo y se marchó.

-Me encanta ese carácter – platicaba mientras veía cómo se iba.

En algún lugar, en el Palacio de Cristal, Alexei permanecía encadenado en forma de equis, sujeto por dos columnas de cristal azuladas, con los brazos en alto y distante del suelo. El Doctor miraba al exterior por una larga y alto ventanal, viendo acercarse nubes negras.

-Falta muy poco para hacerme invencible, inmortal. Con la fusión de las biblias y el poder oculto de El Oráculo, mi poder no tendrá límites.

-¿Crees que será suficiente? Eres un iluso. ¿Acaso piensas que el Señor Eterno va a permitir que seas más poderoso que él? – cuestionó Alexei.

-¡Cállate mocoso! Ni Stinger, ni Orimá, ni Mario, ni siquiera el Señor Eterno podrán detenerme. Nadie.

-Es posible que ninguno de ellos te pare los pies pero sí lo hará El Guerrero Elegido.

-Pretendes confundirme. ¿Quién es ese Guerrero? Dudo que exista.

-Fox Stinger.

-¿Cómo has dicho?

-Hum. Fox Stinger es el guerrero que deberías temer. Su vínculo con El Creador será directa y te arrepentirás de tu presunción.

-¡¿Qué chorradas estás contando?! ¡Mientes! No deberías bromear, odio las bromas.

-Tienes miedo, ¿eh? Temes la realidad de tu destino, temes desaparecer como si nada, tan solo serás un personaje de una historia que pasa página. Sólo eres nada en una efímera fantasía.

-Ya entiendo.

-¿Qué quieres decir?

-Troyana...– dijo pensativo en voz medio alta.

-¿Qué estás tramando?

-¿No puedes predecir el futuro? Tranquilo, pronto lo verás. Muy pronto – y trazó una gran sonrisa maliciosa.

¿Qué tendrá entre manos El Doctor? ¿Es posible que Nero aún siga vivo? ¿Permitirá La Pesadilla Eterna que El Doctor complete sus planes?

No te pierdas el Capítulo 52: El rapto de Troyana. Todos al rescate.

Continuará...

Esta historia está registrada y protegida. Es un relato original creado por Fox Stinger(M.N.Z.)

Nota: Si alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia de la Lengua Española.