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Viernes, 22 de Julio, 2005
Fox Stinger: GÉNESIS 5.0
Capítulo 54: El dilema existencial de Erión. Llegada al Palacio de Cristal. Stinger y compañía decidieron ir a salvar a Troyana, para eso fueron en busca de Genéticos que les condujeron a la fuente de información. En una discoteca, Ely y Juan Pedro se toparon con el mismo personaje que en la biblioteca. Este les informó que El Doctor estaba en el Palacio de Cristal. Este enigmático personaje se marchó dejándoles a un Metamorfo Oscuro quien hizo dudar a Erión sobre su existencia. A punto de morir, Stinger estalló y se transformó. El Metamorfo le llamó el Guerrero de La Luz, de Los Sueños. -Debo purificar tu Ki – dijo Stinger en trance. -Tengo que obedecer a mi ama y señora. Si es necesario sacrificaré mi existencia. -No te voy a eliminar. -Stinger, ¿sabes lo que estás diciendo? – dijo Juan Pedro. No obstante, él parecía no oírles ni reconocerles. -Cuando está así me da miedo – confesó Ely. -Es nuestro amigo, no lo olvides – intentó tranquilizar Juan. El Ser dio un salto hacia Stinger. El combate casi no podía apreciarse por los fugaces movimientos de los dos. La música sonaba muy alta y las luces de la sala no paraban de parpadear dificultando, aún más, la visión. Solamente veían como ráfagas de energía, en forma de choque y viento, que emanaba de todas direcciones. Finalmente el combate acabó. El Metamorfo cayó al suelo temblando y, casi, sin poder moverse, intentaba levantarse. -¿Preparado? – preguntó Stinger al Metamorfo Oscuro. -Aunque hayas llegado a este mundo, no lograrás vencer a La Pesadilla Eterna. Stinger se mantenía serio y clavando sus ojos azules en su enemigo. Los cerró y comenzó a salir energía vital de su cuerpo como si fuese una intensa llama blanca. Cada segundo se hacía más grande y fuerte. De pronto decreció hasta desaparecer. Seguidamente, Stinger abrió los ojos bruscamente y el estigma de su frente dio un fogonazo de luz, cegando a todos. Esta luz cubrió el cuerpo del Ser, convirtiéndolo en una sombra negra, cambiando a una luz blanca que se desvanecía lentamente. Cuando la luz se iba difuminando, hallaron a Stinger tirado por el piso. Erión, por su parte, se mantenía de rodillas, apoyando las manos en el suelo. -Erión, ¿estás bien? – fue Juan en auxilio. -¡No te acerques! – le apartó violentamente con el brazo -. Tenéis que iros. No perdáis más tiempo. Ya os alcanzaré. -Pero, ¿por qué? – preguntó Ely preocupada. -¡Iros ya! – respondió Erión. Levantó la cabeza y Juan pudo verle los ojos. Los que eran rojos se estaban convirtiendo en verdes fluorescentes. Ely no pudo ver nada pues le tapaba Juan Pedro. -Entiendo. Cuídate, Erión – se volteó y se dirigió a Ely -. Vamos, ayúdame con Stinger. -¿Vamos a dejar a Erión aquí? – objetó Ely. -Por ahora es lo mejor. Ya nos pillará. Una vez se hubieron marchado, todo giraba alrededor de Erión. Se puso en pie, tambaleándose. -Demasiada luz para mis ojos. Así pues, ¿soy un ente oscuro? Tal vez mi misión no sea proteger a Stinger sino de... – sus ojos, por fin, eran completamente verdes. La noche entró de lleno. Juan Pedro conducía por una desierta carretera. Stinger estaba dormido en el asiento de atrás cuidado por Ely. Algunos Metamorfos, entre otros, ratas, vampiros y hombres lobo, pululaban por allí pero al llegar a determinada zona, ya no había nada ni nadie. -Este sitio me da escalofríos - comentó Ely desde el asiento trasero. -Es el Campus de illa Mors. -Vale, listo. ¿Y qué significa eso? -¿De veras lo quieres saber? -Pues claro, sino no te preguntaría. -El Campo de la Muerte. Da miedo, ¿eh? – dijo sonriéndose. -Qué tétrico y encima está oscuro. Si lo llego a saber no pregunto – dijo Ely amedrentada. -¿Todavía no despierta? – se interesó Juan Pedro. -Ya le conoces, es un dormilón. Oye, Juan, he estado pensado. Esto se está saliendo de madre. Todo es muy confuso. ¿Stinger es El Génesis o no? -No sé decirte. No hemos tenido ninguna información concreta que nos respondiera nuestras dudas, simplemente nosotros hemos sacado nuestras propias conclusiones y puede que estemos equivocados. ¿Te fijaste en las cosas tan raras que dice Stinger cada vez que se transforma? -¿Y qué me dices de lo que dijo el Metamorfo? Cuando salió toda esa luz del estigma de Stinger le llamó el Guerrero de La Luz y luego dijo Los Sueños. Me cuesta asimilar todo esto. Si es El Creador quien nos ha creado, crea personajes y situaciones, ¿por qué lo embrolla todo aún más? -Ely, sigues sin querer enterarte. Él no puede evitar imaginar, soñar, ese es su poder y por eso nosotros existimos pero no creo que él creé las situaciones, nada más... Surgen. La mayoría de las veces los sueños no se pueden controlar, aunque si te soy sincero, yo tampoco comprendo bien todo esto. Algún día se aclarará. -¿Intentas seducirme? - preguntó Ely con voz sensual. -¿Cómo? – dijo ruborizándose. Un tronco, que se había desprendido de un árbol, obstaculizaba la carretera, estando, casi, a la altura del conductor. -¡Cuidado! – advirtió Ely. Juan Pedro dio un volantazo para su izquierda, mas no pudo esquivarlo. Se chocaron contra el tronco y dieron un par de vueltas de campana. Sobre la tierra seca, las luces de cruce del coche seguían funcionando, aunque el de la derecha parpadeaba, e iluminaban, a duras penas, la carretera. A lo lejos se escuchaban sinuosos ruidos. Juan Pedro permanecía inconsciente, tumbado y con un hematoma serio en la cabeza, sangraba. Ely, despierta y con algunas heridas, sentó a Stinger y le apoyó en el coche, que estaba boca abajo. Pasó el tiempo. Faltaban un par de horas para que amaneciese. Stinger no despertaba y Juan Pedro tampoco. Ely ya le había limpiado la herida de la cabeza con una gasa y agua oxigenada de un botiquín, incluso le cerró la brecha con puntos. Estaba tan agotada que se quedó dormida. A continuación apareció Tarsis, envolviéndola una luz blanca. Después tocó a Juan Pedro, haciéndole desaparecer todas las heridas. Stinger abrió los ojos justo cuando la luz se había disipado. Tiempo más tarde, el sol se alzó. Se incorporó y miró al horizonte viendo cómo se elevaba el gigante de fuego. -Sólo quedan dos días para que Alexei se convierta en El Oráculo, El Doctor fusione las biblias y les robe sus poderes. Ojalá sea capaz de derrotarle antes de que eso ocurra. Y ese ser tan siniestro, La Pesadilla Eterna... Y Troyana y mi hijo, Fox. Sin Tarsis y sin Erión mis esperanzas disminuyen. -Pues no debería ser así – dijo Juan Pedro desde detrás de Stinger. -Cierto, nos tienes a nosotros. Puede que no seamos tan fuertes como Tarsis o Erión pero pondremos todo nuestro empeño, nuestro coraje y fuerzas para ayudarte a vencer – completó Ely. -Gracias, sois los mejores amigos del mundo. ¿Qué haría yo sin vosotros? -Uuuuuuuum – decía Ely para que supieran que hacía que pensaba -. La verdad, no lo sé. Tras ese comentario, todos se rieron. -En fin, chicos, el tiempo apremia, hay que llegar al Campo Norte antes de dos días – comentó Juan Pedro. -Oye, Juan – interrumpió Ely -. ¿Cómo es que te has recuperado tan rápido? Si hasta la brecha ha desaparecido. -No sé, supongo que fueron tus cuidados. Sentí que me embriagaba una energía poderosa. Ely musitó. El coche estaba destrozado, por lo tanto no tuvieron más remedio que ir a pie. De nuevo, el sol se ocultaba por el horizonte. Llegaron a la barrera que impedía el paso. -Bien, estamos en el Campo Norte. A partir de aquí no sé cómo vamos a entrar – les expuso Ely tocando la barrera. -De modo que ahí dentro debe encontrarse el Palacio de Cristal - cavilaba Juan. Alrededor se veía un resplandor poco usual. Al parecer los rayos del sol impactaban con el palacio y daba unos reflejos bastante molestos, así que tuvieron que ponerse unas gafas de sol. Gracias al destello, descubrieron una fisura en la barrera. -Mirad, una grieta. Intentemos pasar al otro lado por ahí – sugirió Stinger. Con algo de dificultad, lograron introducirse para seguir caminando hasta la puerta del palacio. Pasaron por una ciudad fantasma, edificios destruidos, carreteras quebradas, escombros de coches, zonas desérticas... -¿Qué ha pasado en este lugar? – preguntó Stinger -. Está todo devastado. Miraron al frente, viendo el Palacio de Cristal. -Wow, el palacio es enorme – dijo Juan Pedro. -Esta ciudad fue asolada por El Doctor. No debe quedar nada vivo aquí – pensaba Ely en voz baja -. En esta ciudad es en donde El Doctor ponía a prueba a sus experimentos más prometedores. Yo casi no lo cuento. Escuché por casualidad que por algún motivo dejó de intentar crear a la perfecta creación pero es posible que el motivo tenga relación con La Pesadilla Eterna. -Espero que no nos moleste ningún monstruo, tenemos que reservar nuestras energías para los más poderosos – prosiguió Stinger -. Me pregunto dónde estará El Doctor. -Cabe esperar que dentro de palacio – respondió Ely. El sol se ocultó definitivamente. Se quitaron las gafas. -Qué pronto se ha ido el sol – dijo Ely. -Es que el palacio está bastante lejos, ¿eh? – dijo Juan Pedro. -Esto está muy oscuro, menos mal que he traído unas linternas potentes – dijo Ely con orgullo, sacando unas pequeñas linternas de la parte trasera de su pantalón. -¿Eso? ¿Potente? Pero si es casi microscópico – se quejó Juan Pedro. Al encenderlo, un inmenso foco de luz alumbraba más de cinco metros de camino. -¡Wow! – exclamó Stinger fascinado -. Yo creo que conque encendiéramos uno sería más que suficiente. -Y tenemos uno - atajó Ely -. Los otros dos son de reserva o por si en algún momento toca separarnos. Ely repartió a cada uno, una linterna. Siguieron andando durante mucho tiempo, con extrema atención y a paso ligero. Antes de llegar al palacio, el cual quedaba todavía diez kilómetros, pasaron por un hospital en perfectas condiciones visto desde fuera. -Ey, Stinger – detuvo Juan Pedro -. Esto es un hospital y, en contraste con lo demás, está en buen estado. Es muy extraño. Tal vez Troyana esté en el interior, en algún lugar. Venga, entremos. Juan Pedro estaba dispuesto a entrar junto con su amigo en busca de su mujer y su hijo pero Ely le paró los pies. -No. Ve tú, Stinger. Nosotros cumpliremos la parte de nuestro plan. -De acuerdo. Este sitio da un poco de cague. Tened cuidado e intentad no morir, ¿vale? -Date prisa – instó Ely -. Y no tardes. -Hum, haré lo que pueda – contestó Stinger sonriendo. ¿Encontrará Stinger a Troyana y a su hijo? ¿Podrán Juan Pedro y Ely encargarse de El Doctor hasta que llegue Stinger? ¿Dónde se ha metido Erión? ¿Tendrán que enfrentarse a nuevos y peliagudos peligros? No te pierdas el Capítulo 55: El regreso de Nero. La reaparición de El Anciano. Continuará... Esta historia está registrada y protegida. Es un relato original creado por Fox Stinger(M.N.Z.) Nota: Si alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia de la Lengua Española. |