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Viernes, 29 de Julio, 2005
Fox Stinger: GÉNESIS 5.0
Capítulo 55: El regreso de Nero. La reaparición de El Anciano. Stinger y compañía hallaron la información que necesitaban en una discoteca donde se toparon con un personaje familiar quien les dejó una desagradable sorpresa, un Metamorfo Oscuro. Tras el combate, Erión se quedó mientras los demás continuaron con lo planeado. Por el camino tuvieron un accidente. Misteriosamente se presentó Tarsis curando a Juan Pedro. Al despertar anduvieron hacia el Campo Norte hasta que por fin encontraron un campo de fuerza solidificado. Entraron por una fisura. Antes de llegar al palacio, pasaron por un hospital. Ahí se separaron. Entretanto Stinger se adentraba en el hospital, Ely y Juan Pedro llegaban a la misma puerta del Palacio de Cristal que se abrió despidiendo una niebla siniestra. -Uy, qué mieeeeeedo – bromeó Ely. -Tenemos que estar preparados para cualquier cosa. No olvidemos que hay alguien más poderoso que El Doctor – ponía Juan seriedad al asunto. -Me alegro que en este momento estemos juntos – decía Ely al tiempo que pasaban al enorme hall del palacio. -Esto es impresionante. Qué belleza – interrumpió Juan Pedro maravillado. Era un salón muy grande. En medio había una fuente de cristal de la que emanaba un agua pura. No se hallaba ninguna escalera ni ascensor para ascender a los pisos superiores. Al lado de la fuente, a varios metros, se veía otra sala protegida por una barrera semitransparente de color blanca y negra que bajaban y subían. Allí se acercó Ely. -Por aquí no podemos avanzar. ¿Cómo vamos a subir? – y volviendo junto a su compañero le dijo: -Juan Pedro, a lo mejor morimos y... – Juan Pedro quiso interrumpirla pero ella le tapó la boca poniendo un dedo delante de sus labios -. No me interrumpas. Lo he estado pensando y casi seguro que de esta no salimos, así que quiero decirte algo – hizo una pausa aproximándose a su cara y alternando su mirada entre los ojos y los labios de Juan Pedro. -Oh, qué bonita escena de amor. Seguid, seguid, por mí no os cortéis – Ely y Juan Pedro se quedaron inmóviles -. Os esperaba. ¿Dónde está Erión? ¿Y Stinger? – preguntó el mismo tipo que les había informado en la discoteca. Ahora sí se dejó ver. Era un hombre enorme, fibroso, con una piel más dura que le rodeaba todo el cuerpo, de color totalmente negro, los ojos verdes fosforescentes y el cabello naranja y de punta. -¿Quién eres? Tengo la impresión de que nos conocemos – dijo Juan Pedro. -Tú energía nos resulta muy familiar – agregó Ely. -¿En serio no me reconocéis? ¿Tanto he cambiado? Eso es buena señal. Pero que tú, nena, no me recuerdes... Pensaba que la primera vez te había impresionado. -Tú eres... – expresó Juan casi sin palabras. -Exacto. Yo soy... -Nero – completó Ely. -Premio para la señorita. Veo que sí me recuerdas, eso significa que dejé huella en ti y está vez más voy a dejarte – decía repeinándose. -Sigues tan estúpido y pretencioso como de costumbre. -Me encantas cuando te pones agresiva conmigo, te hace más sexy. -Creíamos que Erión te había matado – cambió Juan Pedro de tema. -Parece mentira que conozcáis el sistema de los Genéticos. Cuando morimos nuestro cuerpo se desintegra, dejando la sangre verde fluorescente, después se oscurece y se evapora. En fin, qué te voy a contar que ya no sepas. Me gustaría ir directamente al grano. -Me imagino que quieres matarnos – supuso Ely. -Imaginas bien, guapa, pero, tranquila, si eres buena te prometo que te haré gozar antes de matarte, ¿vale? -Eres repugnante. ¿Debería darte las gracias? – dijo con ironía. -¿Tan pronto? De acuerdo, si tú quieres... Ely se dirigió a él de manera sensual. Juan Pedro no podía creérselo. Su atlético cuerpo se pegó al de su enemigo y le acariciaba. Juan apretaba los puños de rabia, no obstante, Ely le dio varios golpes mas este parecía estar formado de hierro por que no sentía nada. -¿Te crees que soy idiota? Aunque has hecho reacción en mí no me dejo seducir tan fácilmente. A continuación, Nero pasó al contraataque acosándola sin piedad y con una violencia desmesurada. Sin embargo, Ely esquivaba todas las embestidas e incluso lograba devolverle algún que otro golpe pero sin demasiado éxito. -Vaya, no me había percatado de la mejora física de Ely – manifestó Juan Pedro sorprendido. -¡¿Qué haces ahí mirando como un pasmarote?! ¡Ayúdame! – regañó la fémina. -Ah, sí, perdona. -Sois unos bufones. Hacéis mucha gracia – sonreía Nero. Inmediatamente, Juan Pedro fue a socorrer a Ely. -Con que esas tenemos – dijo Nero amenazante -. Contigo, nena, sólo me estaba calentando, sin embargo no me gustan ni los tríos ni los hombres, así que pasaré a luchar de verdad. A cada instante la potencia combativa de Nero aumentaba. -Maldita sea, es mucho más fuerte que la última vez – pensaba Juan Pedro mientras combatía. Así pues, al final, Juan Pedro fue cruelmente derrotado y se deshizo de Ely con un fortísimo manotazo que la hizo estrellarse contra la pared de cristal que, aún siendo de ese material, no se rompió. Luego se puso delante de Juan Pedro a bastante distancia, y quien pretendía levantarse, para darle el golpe de gracia. -Despídete de este mundo – dijo Nero concentrando una cantidad inmensa de energía, de color negro, delante de su pecho. -¡¡¡No!!! – gritó Ely corriendo hacia el rival. Éste la proyectó antes de que Ely pudiera golpearle. Al ver esto, corrió con todas sus fuerzas a posicionarse enfrente de la lenta, pero gigante, bola de energía. Ella también reunió mucha energía, ésta de color blanco, y la lanzó contra aquella que quería engullirla. Las dos esferas chocaron con brusquedad, siendo la de Nero la que ganaba terreno. -¡No puedo! ¡Es demasiado fuerte para mí! – gritó mientras se esforzaba al máximo, sudando a raudales y temblando. La esfera energética de Nero se tragó la de Ely, convirtiéndose en una más grande y letal. De ella chisporroteaban rayos. Iba a tragarse a Ely y a Juan cuando, de súbito, estalló. -Hum. Estos seres insignificantes no están solos. Menudo atajo de cobardes. Cuando el humo se hubo dispersado, Ely se encontraba en el suelo gravemente herida. A su lado, Juan Pedro, cuya situación era parecida. -Sal y da la cara si no eres un cobarde. -Tendrías que decir UNA – irrumpió Tarsis surgiendo como un fantasma. -Tú eres El Anciano. Escuálido y Lobo debieron matarte cuando tuvieron oportunidad. -Cierto, no obstante alguien les mandó a buscar La Biblia Oscura a La Organización y adivina quién fue. -Tú. Estoy impresionado – dijo con frialdad. -Se te nota. Yo controlé sus débiles mentes para que creyeran que las ordenes provenían de El Doctor. -Es extraño, se daba por hecho que estabas muerta. -Es curioso, se suponía que tú también estabas criando malvas. -Ese idiota de Erión es bastante ignorante y eso que él procede del mismo sitio que yo. -Erión es diferente. -¿Por qué lo dices tú? No, ese traidor es un ente oscuro, es uno de los hijos de La Pesadilla Eterna e infinitamente más puro que yo, razón por la que debería ser más malvado aún. -No te quieres enterar, ¿verdad? Erión jamás formará parte de las huestes de La Pesadilla Eterna. Al contrario que Stinger y sus amigos, él sí tiene un destino. -Sospecho que te mola. Lo siento pero si me enfrío me entumezco aunque dudo que estés a la altura. Te he visto luchar y lo haces de pena, nada más haces trucos de magia y encima inútiles. -Eres un necio. Por eso pagarás caro. Tarsis desapareció y, en una fracción de segundo, reapareció detrás de Nero. Sorprendido, se giró dando un puñetazo al aire ya que, de nuevo, su contrincante se esfumó. -¿Estás cazando moscas? – dijo El Anciano con sarcasmo. -Lo dicho, eres una cobarde al utilizar esos trucos de magia. -¿Quién te ha dicho que sea magia? Cualquiera diría que tienes miedo. He aprendido muchas cosas del lugar de donde vengo y las estoy poniendo en práctica contigo. Si deseas acabar con tu agónica vida, cumpliré tu deseo. Tarsis se puso delante de él y le colocó la mano sobre el pecho. Nero se teletransportó detrás de ella al tiempo que de las manos de Tarsis brotaba una poderosa energía roja, parecida a las ondulaciones del calor, haciendo estallar la puerta protegida por la barrera. El Jénoma la atizó por la espalda sin dejarla defenderse. -Atacar por la espalda no es hombres. Tarsis se volteó esquivando cada acometida, respondiendo con gran arrojo y fuerza, dañándole y provocándole surcos en el pecho de cada puñetazo y patada. -¡¿Cómo es posible?! Esta bruja ha aumentado su poder – rondaba por la mente de Nero. -No digas tonterías por que puedo leerte la mente. Además, no soy bruja. Concluyendo, Tarsis le vapuleó varias veces, acabando con un puñetazo que le atravesó el pecho. Nero cayó al piso. -Tengo que apresurarme, solamente tengo algunos segundos para curarlos – se decía yendo para Ely y Juan Pedro con prontitud ya que se desvanecía por momentos. De modo que se arrodilló y puso las manos sobre ellos. Tardaban mucho en curarse. De repente, Nero se levantó poniéndose detrás de Tarsis. Fue con sigilo y lentitud, preparándose para atizarle. Extendió la mano como si fuera una espada. -Mierda, no puedo hacer más. He consumido demasiada energía vanamente. Lo siento. A continuación, sus ojos se abrieron profundamente, abrió la boca emitiendo un leve sonido de dolor. Se miró el pecho. El brazo de Nero se lo había atravesado. -Je, ya estamos en paz – se burló Nero sonriendo con maldad, con sangre verde fluorescente saliéndole de la boca. Luego sacó el brazo y se distanció para quedarse observando. El Anciano se incorporó y se volteó casi traslúcida. ¿Habrá curado Tarsis a Juan Pedro y a Ely? ¿Porqué se está desvaneciendo? ¿Qué pasará con Nero? ¿Cómo le irán las cosas a Stinger? No te pierdas el Capítulo 56: Una araña en el hospital. La paciencia de El Doctor. Continuará... Esta historia está registrada y protegida. Es un relato original creado por Fox Stinger(M.N.Z.) Nota: Si alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia de la Lengua Española. |