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No soy Beatriz de Mesina... Pero puedo ser tan ácida y corrosiva como ella. Y si no, que se lo pregunten a Wayfarer... Pero, como casi siempre, todo es mucho ruido y pocas nueces.

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Beatriz de Mesina/Female/21-25. Vive en Spain/Madrid/Móstoles/Hospital, habla Spanish. Pasa 20% del día contectado/a. Usa una conexión de Fast (128k-512k). Y le gusta Baile/Cine.
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Viernes, 09 de Septiembre, 2005

Fox Stinger: GÉNESIS 5.0

Capítulo 61: La llegada de Stinger. La historia de Troyana.

Después de la información dada por Erión a Stinger, éste le dejó inconsciente. Antes de irse le puso unas gafas de sol y le dejó a Kanel al cuidado de su esposa. Por otro lado, Juan Pedro se declaró a Ely, quien le rechazó, a la vez que Stinger entraba al palacio. Frente a Ely y Juan Pedro se les abrían las puertas del ascensor. El final está más cerca que nunca.

Stinger se tropezó con varios Metamorfos cucaracha, los cuales eran eliminados en menos de un minuto.

-He de reunirme con Juan Pedro y Ely. No puedo permitir que se encaren solos contra El Doctor estando La Pesadilla detrás. Además él y esa pesadilla son los únicos que saben dónde está Fox.

En algún lugar oscuro, en lo más recóndito del Palacio de Cristal, el Señor Eterno aguardaba el momento ansiado con un aura verde fluorescente perfilada de negro.

-Gracias a la energía negativa de Stinger y Erión he rebasado mi estado pese a que he gastado mucho poder en crear a mis últimos súbditos. Este cuerpo está aguantando muy bien. Estoy perfecto para llevar a cabo mi plan – finalizaba brillándole sus ojos verdes penetrantes que iluminaban su cara, en la que se apreciaban las venas.

Al adentrarse por el ancho pasillo que daba lugar a una gran sala de largos pilares de corinto y gigantescos ventanales, se percataron de que ya era de día pues les abordaba una claridad casi cegadora. A muchísimos metros más adelante vieron a Alexei, solo, encadenado en equis.

-Juan, ¡mira! ¿No es ese Alexei?

-Sí, y es extraño que esté solo. Rápido, liberémosle antes de que venga alguien.

Ambos corrieron a donde se encontraba el joven que estaba dormido.

-¿Qué le han hecho al pobre chico? – preguntó Ely impresionada al ver, del muchacho, las ropas rasgadas y con heridas y rasguños por todas partes.

Detrás de él, a escasa distancia, se hallaba una puerta de marfil y de altura considerable.

-¡Alexei! ¡Alexei! – susurraba fuerte Ely.

-No despierta. Será mejor que le desencadenemos y nos piremos cuanto antes.

Así pues, intentaron quitarle las cadenas pero en el momento en que las tocaron les dieron descargas eléctricas, cayendo aturdidos.

-Wow, menuda sacudida – decía Juan Pedro agitando la cabeza.

-¿Cómo vamos a liberarle?

-Con energía de choque – respondió Juan.

De modo que se levantó, estiró el brazo lateralmente con su cuerpo y con la palma de la mano extendida.

-¿Qué vas a hacer?

-El brazo ES-PA-DA – dijo con chulería.

-No es momento de hacer el payaso. Haz lo que tengas que hacer, ¡YA!

Preparó la liberación, sin embargo, el portón de marfil se abrió lentamente y con pesadez, frenándole.

-Pero, ¿qué...? – exclamó Juan Pedro cerrando los ojos para no ser cegado.

Entre tanta luz, una sombra caminaba hacia ellos.

-Sois unos inconscientes. No sabéis en dónde os habéis metido.

-Es El Doctor – notificó Ely.

-Son unas cadenas muy especiales. Absorben la energía de cualquiera que se atreva a destruirlas con energía. Y si lo haces de forma manual... Bueno, supongo que ya lo habéis experimentado, ¿verdad?

-¿Qué me estás contando? ¿Estas cadenas son indestructibles? Ve a otro hueso con ese perro.

-Es al revés – le dijo Ely al oído.

-Ups. Ve a otro perro con ese hueso. Un momento - dijo reflexivo -. Si es lo mismo.

-Bufones – dijo entre risas -. Prácticamente lo son.

-Es un farol. Ahora mismo lo compruebo – resolvió Juan con firmeza y arrojo.

-Yo que tú guardaba mis energías para asuntos más importantes.

-¿Tú eres esa situación importante? - preguntó Ely con ironía.

-Por ahora... No.

-Pero yo sí – salió Erión con las gafas de sol puestas.

-¿Erión? ¿Qué haces en el lado de ese tipejo?

-Ay, Juanito – platicaba con una amplia sonrisa en su rostro -. He descubierto que mi cometido es matar a Stinger que, por cierto, llegará en diez minutos, tiempo suficiente para deshacerme de vosotros dos.

-No vuelvas a llamarme Juanito.

-No entiendo, si tú eres el protector de Stinger – agregó Ely.

-Desde luego que no os enteráis de nada. Soy un ente formado del Señor de La Oscuridad, por lo tanto mi misión es eliminar a vuestro amigo, El Génesis, de toda esta maldita historia y ayudar a mi Señora. No debéis preocuparos, os dejaré con vida suficiente para que veáis cómo le liquido.

Ely y Juan Pedro se prepararon para el durísimo combate.

En algún lugar del hospital yacían los cuerpos de Kanel y Khyl, rodeados de sangre verde oscureciéndose. Cerca de ellos, se vislumbraban unas piernas esbeltas.

-Odio a los seres tan ingenuos – decía una voz femenina -. Por fin, ya me he cansado de fingir. Es mi turno – acabó enfocándosele los ojos que tenían un color verde fosforescente.

En cambio, Stinger, estaba a punto de llegar y socorrer a sus amigos. Con prisa e ímpetu, se presentó en la gran sala de columnas y cristaleras, escuchando estruendosos ecos precedentes de todas partes. Decidido, corrió a toda velocidad hasta que, finalmente, llegó apenas terminada la batalla.

-Eres muy veloz. No te esperaba tan pronto – dijo Erión levitando en las alturas hasta pisar el suelo.

Stinger contempló, estupefacto, a sus amigos llenos de magulladuras y cortes, extenuados por el despiadado combate y a Alexei al fondo.

-¿Cómo has sido capaz? – recriminó Stinger.

-Pues muy fácil. No tengo tiempo ni ganas de dar explicaciones vanas, vamos al grano. Por fin ha llegado tu hora.

-Ya te dije que no iba a luchar contra ti y lo mantengo.

-Eso es lo que me encoleriza de los humanos, sus sentimientos. Por ellos son traicionados y por ellos mueren.

-Estás muy equivocado, son esos sentimientos los que nos dan fuerzas para seguir viviendo, para luchar por vivir.

-¡Palabrerías! Cierra la boca y lucha.

-¡NO!

-Defiéndete pues, y si no, muere.

Erión se lanzó con ferocidad sobre Stinger a quien le costaba esquivarle.

-Lo siento, amigo, debo parar este combate inútil.

Así Stinger, tras evadirle, le puso las manos en el pecho y lo proyectó contra una columna, la cual hizo que se resquebrajara.

-¡Erión, eres un inepto! No obstante cuento con un as en la manga – amenazó El Doctor.

-¿Has decidido enfrentarte a mí? – dijo Stinger con descaro y alevosía.

-No. Lo hará ella.

-¿Ella? Eres un cobarde.

De la tenebrosidad, surgió una silueta de mujer. El rostro era tapado por las ligeras sombras. Iba vestida con un vestido rojo con cortes a los lados. Debajo de él, llevaba unos cortísimos pantalones.

-Por fin puedo ser yo misma. Ahora puedo matarte sin remordimientos después de haber convivido tanto tiempo contigo, un Ser Humano. ¡Qué asco!

-Esa voz... ¿Troyana? – dijo contrariado.

La mujer emergió de la oscuridad. El semblante de Stinger se puso pálido y asombrado.

-Esa soy yo, pero no la Troyana que conociste.

En ese instante, la memoria de Troyana viajó al pasado.

-Todo comenzó dos años antes de que apareciese El Doctor y este mundo tal y como es hoy, incluso tú. Yo era una caza vampiros en otro mundo. Pensaba que mi vida era real hasta que un día se presentó La Pesadilla Eterna. Debía combatirla, en vez de eso, ella me rebeló muchas cosas, entre otras que yo no era real, tan solo un personaje sacado de la imaginación de un Ser Humano en el Mundo Real. Me mostró la verdad. Al principio no me fiaba hasta que un día mi mundo fue destruido y La Pesadilla Eterna me trajo a este ridículo mundo, siendo testigo de cómo aquél a quien llamas El Creador creaba personajes de ficción y un mundo irreal, lleno de violencia y desdicha, en vez de algo bello – concluyó de relatar.

Volviendo a ese momento, Stinger apretó los puños de rabia.

-¡Idiota! ¡Mario no ha creado ese mundo de violencia y desdicha, ha sido La Pesadilla Eterna y él intenta ponerle remedio! Puede que yo no sea una persona real pero le ha dado sentido a mi vida, un objetivo, una misión. Acabar con La Pesadilla Eterna, con el sufrimiento y con esta historia. Sé que tengo un lugar en su vida. ¡Para él existo de verdad! Somos uno.

Ante esto, todos se quedaron perplejos.

No te pierdas el Capítulo 62: Bicho malo nunca muere. Erión, ¿amigo o enemigo? El fin de Troyana. La ayuda interesada de Lilith.

Continuará...

Esta historia está registrada y protegida por la ley. Es un relato original creado por Fox Stinger(M.N.Z.)

Nota: Si alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia de la Lengua Española.