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No soy Beatriz de Mesina... Pero puedo ser tan ácida y corrosiva como ella. Y si no, que se lo pregunten a Wayfarer... Pero, como casi siempre, todo es mucho ruido y pocas nueces.

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Beatriz de Mesina/Female/21-25. Vive en Spain/Madrid/Móstoles/Hospital, habla Spanish. Pasa 20% del día contectado/a. Usa una conexión de Fast (128k-512k). Y le gusta Baile/Cine.
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Viernes, 16 de Septiembre, 2005

Fox Stinger: GÉNESIS 5.0

Capítulo 62: Bicho malo nunca muere. Erión, ¿amigo o enemigo? El fin de Troyana. La ayuda interesada de Lilith.

Erión, en estado Oscuro, peleó contra los que fueron sus compañeros. Stinger llegó a tiempo de ver lo despiadado que se había vuelto. Como El Génesis no quería dañar a su amigo en el pasado, le hizo un ataque que le bloqueó. Sin embargo El Doctor reservaba una sorpresa imprevista. Troyana era su secuaz y de La Pesadilla Eterna y estaba dispuesta a eliminar a su marido.

Erión, desde el suelo, observaba los acontecimientos con seriedad y calma.

-¿Qué eres, entonces? – inquirió Stinger.

-Nací siendo humana, bueno, algo parecido ya que tenía las habilidades de una caza vampiros, habilidades que todavía conservo.

-Entonces... – decía Stinger reflexionando -. Nuestro hijo...

-Dirás MI hijo. Tranquilo, el tiempo que estuvimos juntos era un humano común.

-¿Cómo es posible? La sangre de La Pesadilla corría por tus venas.

-La Oscuridad puede hacer cualquier cosa que desee. Necesitábamos un hijo puro, con el poder natural de su padre, que fuese humano pues si llegara a ser más poderoso que el Señor Eterno, como la llamáis, éste correría peligro y es que los Seres Humanos sois más fáciles de someter.

-Eres una cerda. Juro que evitaré que utilicéis a mi hijo en vuestros proyectos como si fuese una rata de laboratorio.

-No tienes nada que hacer. Date por vencido. Fox Stinger será el heredero de La Oscuridad.

A El Doctor no le sorprendió la revelación de Troyana.

-¿Dónde le tienes?

-A ti te lo voy a decir. Solamente te diré que lo tienes más cerca de lo que piensas. Pero no perdamos más el tiempo, faltan unas pocas horas para la alineación de los planetas. Cuando eso suceda, antes de morir, te permitiré ver a Fox por primera y última vez.

-¡Arpía! – vociferó Stinger enfadado.

Sin más dilación, Troyana se puso a luchar. Stinger no sabía qué hacer, a pesar de todo era su mujer y aún la amaba.

-Así es, deja que tus buenos sentimientos te debiliten – decía Troyana dando golpe tras golpe, sin titubear.

-¡Stinger, espabila de una vez! – gritó Ely.

De delante de ella, que permanecía tumbada boca abajo, con la cabeza levantada, apareció Erión quien se la quedó mirando. Juan Pedro miraba atento la secuencia. Erión le estaba diciendo algo a Ely. Tras unos segundos de conversación, la dio una patada en la cara que la despidió lejos.

-Eres un desgraciado. Me las pagarás – amenazó Juan Pedro levantándose y yendo a por Erión.

-Reúnete con ella. Te lo explicará.

Ante esto, Juan Pedro se quedó desconcertado y Erión le arremetió un sopapo que le mandó junto a Ely.

-Jo, creo que se ha pasado un poco contigo – expresaba Ely adolorida.

-¿Y el que te ha dado a ti?

-No me ha tocado. Hemos actuado.

-¿De qué va todo esto? – exigió Juan Pedro.

-Te lo explico mientras buscamos al hijo de Stinger – dijo la joven incorporándose torpemente al igual que Juan.

-¿Vas a pelear en serio o qué? – preguntaba Troyana con altanería -. Estás al límite de tus fuerzas, ¿no es así? Se ve a la legua que eres un ser inferior. Eres un idiota.

Stinger, arrodillado y con la cabeza gacha, no pronunciaba palabra.

-Bueno, hay que abreviar. ¿Estás preparado? – preguntaba acercándose para darle el golpe de gracia.

-Ahora sí – dijo en voz baja pero con el volumen suficiente para que Troyana le oyera.

-Bien, ese es mi chico.

La malvada concentró su energía en la mano, dispuesta a cortarle la cabeza a su marido, no obstante, todavía con la cabeza agachada, éste la detuvo apretándole la muñeca con fuerza.

-¿Qué haces? Estabas preparado para morir.

-¿Lo estás tú? – preguntó Stinger con voz gélida, levantando la cabeza con lentitud, sonriente y clavando sus ojos azules destellantes en los verdes de Troyana, quien se quedó asombrada.

El combate lo reanudó Stinger con fuertes ataques y contundentes llaves. La caza vampiros no lograba defenderse.

-Aunque nos hayamos entrenado juntos todo este tiempo no podrás conmigo – coaccionó El Génesis.

-¿De dónde saca esa energía?

-¿No lo sabes? Desde luego eres más tonta de lo que creía. Me la da los sentimientos puros.

-La luz de El Génesis – masculló Troyana.

Tras largo tiempo luchando, la mujer quedó fuera de combate.

-Mátala – mandó El Doctor.

-No me gusta matar. Además no acepto órdenes de un monstruo como tú.

Troyana se incorporó estando a pocos metros delante de El Doctor.

-Cuando acabe con mi marido, usted será el siguiente, Doctor.

-Ya no me sirves.

Los ojos de Troyana se enturbiaron. Una hilera de sangre corría por su boca.

-Cuando se entere La Pesadilla Eterna, se va a enterar – y su cuerpo cayó violentamente al suelo.

-¡Has matado a quien te servía! – exclamó Stinger.

-No pasa nada. En realidad ella nunca existió, todo es producto de los sueños, la imaginación y un poco de ayuda.

-¡Eso no importa, es un ser vivo!

-De verás eres corto de mente. ¿No entiendes que lo que nos rodea, nuestras vivencias o experiencias no son reales? Por eso voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que lo sea.

-¿Aunque eso signifique aliarte con La Oscuridad y romper el equilibrio entre los diferentes mundos?

-Me da igual con tal de conseguir mi objetivo. Si no te has dado cuenta, queda menos de una hora para la alineación planetaria.

-No puede ser. Los cálculos...

-Has calculado mal. La cuenta atrás ha comenzado y el tiempo se te agota.

No muy lejos de allí, Juan Pedro y Ely corrían sin descanso en busca del hijo de Stinger.

-Claro, estaba fingiendo – razonaba Juan.

-Pero antes no.

Se pararon delante de una puerta de marfil entreabierta.

-Hey, chicos, ¿adónde vais? – frenó Lilith enfrente de dicha puerta.

-Venimos a por el hijo de Stinger.

-Demasiado tarde, él ya no está aquí.

-Déjanos si no quieres arrepentirte – dijo Ely.

-Si lo que quieres es luchar, estoy dispuesta, pero yo que tú no perdería ni un minuto, queda menos de una hora para la alineación. Debéis confiar en mí. El bebé está en lo alto de esta torre. Yo me dirijo hacia allí para arrebatárselo a La Pesadilla Eterna.

-¿Por qué deberíamos confiar en ti? Eres un esbirro de él – dijo Juan Pedro.

-Yo sólo sirvo a mi señor, El Doctor. El Señor Eterno tiene otros propósitos muy diferentes a mi amo y si consigue llevarlos a cabo, mi señor morirá.

-No tenemos más remedio. Guíanos – concluyó Juan con arrojo.

-Muy bien, hay que ir muy deprisa – apuró Lilith.

Ésta se convirtió en una nube densa y negra que se fluía por el aire a toda velocidad. Ely y Juan Pedro corrieron tras ella.

Por su parte, Stinger y Erión estaban preparados para vencer a El Doctor.

-¿Qué significa esto? Erión, tú eres de los nuestros - manifestó El Doctor sorprendido.

-No. Ya no. Aunque haya sido creado a partir de la sangre de La Pesadilla, yo soy diferente. Mi deber siempre ha sido, y es, es el de proteger a Stinger y a aquellos que le rodean. Ha llegado tu fin, ya no podrás poner en peligro este mundo, ni el de los sueños, ni el real.

-Has cometido un grave error. ¡Ya puedes salir! – gritó hacia un lado -. Es momento de mover ficha..., y es vez haré... Jaque mate.

Erión y Stinger se mantuvieron expectantes. De pronto hizo acto de presencia alguien muy conocido que les dejó boquiabiertos.

-Nero – dijeron ambos.

-Cuánto tiempo, ¿verdad? Por fin podré mataros. En esta ocasión no podréis eliminarme pero, al menos, nos lo pasaremos bien.

Erión era un ente oscuro, totalmente negro con los ojos verdes. Era voluminoso.

-Menos lobos – sonrió Stinger -. Nosotros hemos mejorado mucho.

-Hum, fanfarrón. Ya me lo habéis demostrado anteriormente.

-Nero, deja las habladurías y mátales de una vez – decretó El Doctor.

-Ya..., nadie..., me da... ¡órdenes! – y con un gesto de su brazo, arrojó a El Doctor por los aires contra una columna.

-Te arrepentirás de esto que has hecho – murmuró El Doctor.

-Veo que aquí nadie es leal a nadie, no tenéis honor – arguyó Stinger.

-Nunca he pretendido tener honor, para mí vale cualquier cosa con tal de salir victorioso.

El cuerpo de Nero se hinchó aún más, adquiriendo más fuerza física.

-Tu nueva apariencia no nos impresiona- continuaba hablando Stinger.

-Je, je, je... Verás.

No te pierdas el Capítulo 63: Se aproxima una mortal amenaza. La Pesadilla.

Continuará...

Esta historia está registrada y protegida por la ley. Es un relato original creado por Fox Stinger(M.N.Z.)

Nota: Si alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia de la Lengua Española.