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No soy Beatriz de Mesina... Pero puedo ser tan ácida y corrosiva como ella. Y si no, que se lo pregunten a Wayfarer... Pero, como casi siempre, todo es mucho ruido y pocas nueces.

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Beatriz de Mesina/Female/21-25. Vive en Spain/Madrid/Móstoles/Hospital, habla Spanish. Pasa 20% del día contectado/a. Usa una conexión de Fast (128k-512k). Y le gusta Baile/Cine.
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Viernes, 23 de Septiembre, 2005

Fox Stinger: GÉNESIS 5.0

Capítulo 63: Se aproxima una mortal amenaza. La Pesadilla.

Erión ayudó a Ely y Juan Pedro, después de que se le hubo pasado el efecto de la luz desprendida por Stinger. Troyana fue asesinada. Al rato, se presentó Nero, convocado por El Doctor. Por otro lado, Juan Pedro y Ely fueron detrás de Lilith para llegar hasta el hijo de Stinger.

Nero se esfumó sin dejar rastro, aturdiendo a Stinger que no conseguía percibir su energía vital.

-¿Qué te ocurre, Stinger? – preguntaba Nero con una voz tronadora desde cualquier parte -. ¿Empiezas a tener miedo?

-Nunca he dejado de tenerlo – pensaba para sí el joven.

Aún así, se inició una cruel batalla. Para Stinger, por la vida, para Nero, por la destrucción.

En cambio, Ely y Juan Pedro iban muy por detrás de Lilith que avanzaba con mucha prisa, perdiéndola de vista.

-Esta tía corre demasiado deprisa. No me fío de ella. ¿Querrá que no la alcancemos?

-Pienso igual pero es la única que puede conducirnos al lugar en concreto en donde está Fox.

-Dirás la única que podía – dijo Ely toda seria -. No creo que estemos lejos. Sigamos subiendo estas malditas escaleras... Por cierto – hizo un inciso -. Has llamado al hijo de Stinger por su nombre.

-Ah, ¿sí? No me he dado cuenta. Venga, subamos – eludió el tema.

Al llegar al final de la larga escalera, llegaron a un corto pasillo y, tras él, una puerta de marfil y plata con ligeros pliegues de color verde fluorescente. Intervinieron sin esperar más. Cuando accedieron al interior, vieron a Lilith en apuros. Se la podía ver de cuerpo entero. Era una bella mujer de abundantes senos. Tenía los ojos verdes y su color de pelo era oscuro. El color de su vestido se tornaba a negro gradualmente. La Pesadilla Eterna le apretaba el cuello cada vez más fuerte. Ely reparó en la ubicación del bebé, que sollozaba, en una cuna de extrañas runas en las que se veía el Stigma Oscuro. Toda la cuna era de cristal de plata.

-¡Suéltala! – exigió Juan Pedro.

-Y si no, ¿qué me harás? – hablaba con voz reverberante y con eco -. Iluso, si ni siquiera me llegas a la suela del zapato.

-Ely – susurró Juan -. Voy a entretenerlo, encárgate de Fox.

Ely, preocupada, asintió con la cabeza. El valiente Juan Pedro se transformó y atacó. Golpeaba con todas sus fuerzas pero su terrible enemigo ni se inmutaba.

-Es inútil tu esfuerzo. Mi poder ha crecido. Si antes era invulnerable, ahora soy inmortal.

Entre tanto uno atacaba sin parar, Ely tomaba al bebé y se lo llevaba sigilosamente. Al rato, Juan Pedro se detuvo, contemplando cómo el ser oscuro rompía el cuello de Lilith, que todavía forcejeaba, con una sola mano y dejándola caer. Al tocar el suelo, ésta se dispersó en una nube negra que desapareció poco a poco.

-Eres el siguiente, hermanito – dijo sonriendo.

-Imbécil, ¿no te has dado cuenta que todo ha sido un plan de distracción?

-Definitivamente, hasta los personajes de ficción sois idiotas. Sé que Elisabeth ha llevado a mi heredero con su padre. Me agrada que me ahorréis el trabajo. Si os unís a mí, os perdonaré la vida.

-¡Jamás formaríamos parte de un ser tan detestable como tú!

-Ya que me has contado tu fracasado plan, es justo que te cuente el mío. Elisabeth llevará al bebé junto a su padre, donde se está enfrentando a Nero. Cuando termine contigo me iré para allá, absorberé el Ki de Nero y permitiré que El Doctor fusione las biblias. Una vez obtenga El Libro Sagrado y sus nuevos poderes, me apoderaré de su cuerpo para, más tarde, deshacerme de él. Eliminaré a Elisabeth y a Stinger. Finalmente, antes de que pase la alineación planetaria, en el último segundo, al que llamáis Alexei será El Oráculo. Le arrebataré su espíritu. Seré la entidad más poderosa de todos los mundos. A partir de ahí destruiré el mundo de Orimá y a éste. El siguiente paso será cargarme a todos los creadores, sobre todo a uno más poderoso, y fusionar el Mundo de Las Pesadillas con el Mundo Real.

-Tú deliras. Sigue soñando por que no te va a resultar tan fácil cumplir con lo que te has propuesto. Tal vez ni Ely ni yo podamos pararte pero si hay uno que lo hará.

-No me digas... Stinger – dijo mofándose -. Necio, tienes muchas esperanzas en él, creéis en él y eso es lo que os matará. Os ciega esa confianza. Está escrito, debéis morir y yo ganar esta guerra.

-Tengo que ir a avisar a Ely y a Stinger antes de morir. No me gusta huir como un cobarde mas soy consciente de que no puedo hacer nada frente a este monstruo.

Así pues, Juan Pedro huyó en busca de Ely.

-Humano cobarde, no podrás retener por mucho tiempo la mano del destino.

A la vez, Stinger continuaba luchando, sin estar transformado, contra un salvaje y despiadado Nero que no le dejaba ni un segundo de tregua, no obstante, el joven se defendía bien.

-Me alegro de poder encararme contigo. Veo que has mejorado mucho. No quiero imaginarme lo poderoso que serás cuando te transformes – halagó el Jénoma Oscuro.

-¿Tienes miedo? – preguntó Stinger esbozando una pequeña sonrisa.

-¿Miedo? ¿Yo? Jamás. Estoy ansioso por poner a prueba toda mi nueva fuerza.

-No tires faroles, eso no va contigo.

-Sigues siendo el mismo niño de siempre. Hay cosas que no cambian. Lástima.

-Tú sí que eres lastimoso. Perdiendo el tiempo para reunir energías. No es propio de ti. Estás perdiendo facultades.

-Te voy a mostrar mis facultades, renacuajo.

Nero reanudó el combate con más fiereza que antes. Stinger, por su parte, le esquivaba como si nada.

-No puede ser – pensaba Nero alucinado -. Utilizo todas mis fuerzas y no consigo rozarle. ¿Qué me está pasando? ¿Será que no soy tan fuerte como me imaginaba? ¿Es este niño más poderosos que yo?

Empujó a Stinger, quien hizo un parón para contemplar cómo el Jénoma concentraba energía, su cuerpo se hinchaba y se volvía más grande. En ese momento apareció Ely con el bebé en brazos.

-¡Stinger, tengo a tu hijo! – avisó Ely.

-Ely... Gracias - miró por sus alrededores buscando a alguien-. ¿Y Juan Pedro?

Nero, aprovechando la distracción de su adversario, le propinó meteóricos golpes con una potencia soberbia. En cuestión de segundos dejó a Stinger para el arrastre. Estando éste con una pierna en el suelo y la otra flexionada, la cual apoyaba el brazo, Nero estaba preparado para darle el golpe definitivo.

-Cómo estoy gozando de este rato. Por fin ha llegado lo que he anhelado. Vencerte.

Iba a actuar cuando, de súbito, se emitió un quejido. Los ojos se le pusieron blancos.

-¿Eh? – dijo Stinger desde una posición más baja.

Seguidamente, apareció otra cara al lado de la de Nero. Era La Pesadilla Eterna que se situaba detrás de él.

-Tu energía regresará a aquél quien te la dio – le susurró al oído.

-Por... ¿Porqué? – preguntaba un Nero agonizante y a punto de morir.

El cuerpo de Nero estalló en polvo. Stinger contemplaba asustado.

-El fin de esta historia, tu fin, ha llegado.

Le asestó una patada que lo elevó por los aires hasta chocar y atravesar una pared de cristal.

-Empiezas fuerte – dijo Stinger bromeando, rodeado de cristales y sentado en el suelo con los codos apoyados en este.

-¿Te ha parecido fuerte? Pues eso no es nada, chico. Lo que viene va a ser peor y, ¿sabes por qué? Porque cuanto antes acabe contigo, antes empezaré mi reinado.

-Si yo no te lo impido te lo impedirá El Creador.

-Ja, ja, ja, ja, no me hagas reír. Si tú, que eres el elegido, no puedes hacer nada, él mucho menos que es un simple mortal. Mi poder no tiene límites. Ahora, ¡ponte en pie!

Stinger se puso en pie con dificultad. Por detrás de La Pesadilla, apareció Erión con las gafas de sol puestas. La Pesadilla Eterna miró hacia arriba, al cielo, dándose cuenta que los planetas iban a alinearse dentro de poco.

-Vaya, quería jugar un ratito antes de pasar a lo realmente importante pero el tiempo no perdona. Erión, encárgate de él y luego mata a sus amigos.

-Como ordene Mi Señora – respondió como un autómata.

-Se aprecia que formamos parte de La Oscuridad. Eres parte de mí, hijo mío.

-¡¿Cómo?! ¡¿La Pesadilla Eterna es una mujer?! – vociferaron Ely y Juan Pedro al mismo tiempo.

No te pierdas el Capítulo 64: El Libro Sagrado. Los Stigmas.

Continuará...

Esta historia está registrada y protegida por la ley. Es un relato original creado por Fox Stinger(M.N.Z.)

Nota: Si alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia de la Lengua Española.