Fox Stinger: GÉNESIS 5.0
Capítulo
66: Combate: Stinger VS. La Pesadilla Eterna.
El Doctor introdujo
la mano en El Libro Sagrado para hacerse poderoso. Cambió su apariencia,
sin embargo, el libro comenzó a absorberle hacia su interior. La Pesadilla,
enfadada, creó una onda sónica que alejó a El Doctor lejos
de allí. Después decidió atacar a Ely, quien lanzó el
bebé a Juan Pedro. Mientras, Stinger no se inmutaba. Luego fue Juan Pedro
el objetivo de la malvada pesadilla. Le robó el bebé y le atizó.
Sorprendentemente, reapareció El Doctor que le asestó un contundente
golpe, dejándola fuera de juego. Finalmente Stinger reaccionó rescatando
a su hijo, dejándolo al lado de una Ely mal herida, para reiniciar su ataque
contra El Doctor, dándole fuertes puñetazos. Sin embargo, pronto La
Pesadilla Eterna se puso a caminar hacia éste.
Se detuvo justo
detrás de El Doctor y le atravesó la espalda. Unas ondas circulares
de color azul oscuro y negro, como cuando El Doctor introdujo la mano en el Libro
Sagrado, desprendía unos pequeños destellos blancos. El cuerpo se
difuminó hasta desaparecer.
-Una ilusión
menos. Estoy harta ya, esto dura demasiado.
-Pues pongámosle
fin – añadió Stinger.
Combatieron
de una manera despiadada y cruenta. Miles de violentos golpes emanaban una fuerza
vital que destruía algunos cristales y agrietaban las columnas.
-Ely, será
mejor que salgamos fuera, este lugar va a caerse a trozos – sugirió Juan
Pedro quien, tras levantarse, fue a recoger a Erión para sacarle de allí.
Ely se incorporó
y tomó al bebé. Ya en el exterior, contemplaron un espectáculo
de luces que escapaban por los ventanales rotos. El palacio se estaba desmoronando.
La Pesadilla huyó volando, rompiendo más cristales.
-¡¿Y
Stinger?! – vociferó Ely.
-Tranquila.
Transformado es muy poderoso. Confiemos – alentó Erión.
El Palacio
de Cristal se tambaleaba. Desde abajo, vieron como Stinger se asomaba por los ventanales
rotos. Miró hacia abajo y pegó un salto aterrizando en tierra firme.
-Impresionante
– dijeron tanto Juan como Ely.
Estos, ayudando
a Erión, tuvieron que correr para que los cristales del palacio no les cayeran
encima pues caían como cuchillos.
-Qué
desperdicio de cristal – dijo Ely con sorna -. ¿Dónde está
Stinger? Se le ha caído todo encima. ¿Y La Pesadilla? – dijo Ely,
junto a Juan Pedro, dejando a Erión en el suelo.
De pronto hubo
una explosión y todos los cristales se elevaron hacia el cielo. De entre
ellos surgieron La Pesadilla, flotando en el aire, y Stinger, que permanecía
en tierra. Le lanzó una bola grande de energía y su enemiga la apartó
con un manotazo. Bajó de las alturas dispuesta a terminar con la vida de
Stinger. Reanudaron la lucha encarnizada. Erión, que podía apañárselas
por sí mismo, se hallaba dos pasos por detrás de Ely y Juan Pedro
se puso en pie con rapidez, asustando a sus compañeros.
-¡Erión!
¿Eres tú o tenemos que enfrentarnos? – preguntó Ely tomando
las distancias.
-¿De
qué estáis hablando? Apenas recuerdo algo – a continuación
atisbó el combate -. La Pesadilla Eterna ya se ha adueñado de los
poderes de El Doctor.
De sus pantalones
sacó una cápsula de color blanco, parecida a un medicamento. Medía
unos cinco centímetros. La partió por la mitad. Se iluminó
de color blanco y la tiró al piso, creando una neblina.
-¿Qué
cosa es eso? – inquirió Juan Pedro.
-Es una cápsula
blanca. Las de este tipo son evacuadoras – explicaba Erión.
-¿Y
qué quieres que hagamos? ¿Meternos y huir? Es demasiado pequeño
para los tres – dijo Ely.
-Meted al hijo
de Stinger. La evacuadora ya está programada para ir a su destino. No queda
mucho tiempo rápido – dijo con tranquilidad y serenidad.
De refilón,
Juan Pedro vio un nombre en la parte lateral de la evacuadora. Fox Stinger.
-Sin duda este
es el auténtico Erión – compartió Ely por lo bajini con Juan
Pedro.
De modo que
metieron al niño. Nada más cerrarse la compuerta, desapareció.
-¡¿Eh?!
¿Dónde ha ido? – manifestó sobresaltada.
-A un lugar
seguro – respondió Erión.
-¡Ay
va! – prorrumpió Juan Pedro.
-¿Qué
pasa? – preguntó Ely.
-Alexei se
encontraba en el interior del palacio...
-¿Te
refieres al niño que debía convertirse en El Oráculo? – dijo
Erión.
-A ese mismo
y ahora está muerto.
-No lo creo.
Ese chaval se convirtió en El Oráculo al mismo tiempo que Stinger
fue atravesado por el rayo. Además tiene una ayuda inestimable.
-¿Cómo
lo sabes? ¿Lo viste? ¿Cambió su apariencia? ¡Dinos! -
interrogó Ely.
-Simplemente
lo sé.
-Vaya respuesta
de mier... Bueno, de todos modos hay que buscarle – instó Juan Pedro.
-Olvidadle.
Él está vivo. Nuestro deber es ayudar a Stinger en lo que podamos,
solo no podrá con semejante...
De súbito,
todo se tornó en silencio. Habían hecho una parada. Los amigos de
Stinger se reunieron con él que se hallaba a varios metros frente a La Pesadilla.
-Por mucho
que te empeñes jamás podrás acabar conmigo. Yo poseo vitalidad
ilimitada mientras que tú...
No obstante,
su cara y su cuerpo comenzaba a agrietarse. De los cortes brotaba una luz verde
fluorescente.
-¡¿Qué
me está pasando?!- dijo alterada.
-Conque vitalidad
ilimitada. Me parece que te queda muy poco de vida.
-Maldita sea,
este cuerpo se está descomponiendo... Bueno – dijo sonriéndose -.
Tendréis la oportunidad de ver mi aspecto original antes de ir al infierno.
-No me vaciles,
es una treta para ponerme nervioso pero no lo lograrás.
-¿En
serio? Tengo una segunda transformación, mas me alegro que pienses así
por que así te tendré al cien por cien.
-Sigue con
tus chorradas. Todavía no he llegado ni al cincuenta por ciento de mi poder.
-Tú
sí que me vacilas. Cuando me deshaga de este detestable cuerpo me lo demuestras.
Acto seguido,
una niebla negra y densa se escapaba por las grietas de aquel cuerpo que caía
en pedazos como si fuera un envoltorio hecho de barro. Cuando no quedaba nada, salió
un humo que se disipaba dejando una silueta de mujer. Totalmente negra, su cabello
largo flotaba en todas las direcciones. Medía tres metros. Sus ojos verdes
brillaban con una intensidad que, al movimiento, dejaban estela, como los de Stinger.
-¿Te
parece que te estoy vacilando? A ver de lo que eres capaz tú.
Stinger principió
la concentración de energía. Su aura se hizo más fuerte y se
volvió azul oscuro. Los ojos le brillaron aún más. El cabello
se le puso de punta, tan duros como estacas. Sus músculos aumentaron levemente,
igual que la estatura. Llegó a escasos dos metros.
-Eres un retaco.
En estos momentos, ¿a cuánto estás de tu potencial energético?
-¿Sabes?
Eres muy graciosa.
-¡¿Cómo
dices?! – dijo ofendida -. Te vas a enterar niñato de fantasía.
Inmediatamente
prosiguieron la lucha.
-Wow, qué
despliegue de poder. Dudo que Stinger nos necesite – opinó Ely.
-Hacedme caso,
en el último segundo nos necesitará – corrigió Erión.
-Por casualidad
no sabrás algo que desconozcamos, ¿verdad? – insinuó la fémina
sin recibir contestación.
La contienda
no se paró pasado media hora. Stinger jadeaba de agotamiento, en cambio,
su adversaria no mostraba signos de cansancio.
-Humano insolente,
no sé cómo pudiste llegar a pensar que podías siquiera hacerme
un mísero rasguño. Con esta primera forma me basta y me sobra para
liquidarte. Si antes no pudiste...
-¡Déjate
de rollos y pelea! – exclamó El Génesis.
Stinger insistió
pero pronto regresó a su estado normal.
-Lo hiciste
bien para ser un mero sueño. El mal siempre es más recio que el bien.
-Yo seré
un simple sueño pero eres tú la que sueñas.
-Eres patético.
¿Quieres seguir peleando? Adelante, de todas maneras vas a morir pues que
mejor luchando por una causa en la que crees, ¿no?
-Stinger no
está solo – intermedió Erión junto a Ely y Juan Pedro -. Con
nuestra ayuda hará que la pesadilla se esfume.
-Aunque me
hicieseis desaparecer, tarde o temprano regresaría. Mientras existan humanos
en el Mundo Real y La Oscuridad, yo renaceré.
-Pues lo llevas
claro – dijo Stinger -. Mientras haya personas soñadoras con buenos sentimientos,
habrá alguien que te pare los pies.
Ahora fue La
Pesadilla quien tomó la iniciativa y atacó a los cuatro a la vez.
Afortunadamente consiguieron esquivarla, excepto Stinger que ya no podía
más.
-Descansa,
Stinger – sugirió Ely -. Nosotros nos encargamos de esta asquerosa.
No te pierdas
el Capítulo 67: La muerte de los sueños. Adiós, amigos.
Continuará...
Esta historia
está registrada y protegida por la ley. Es un relato original creado por
Fox Stinger(M.N.Z.)
Nota: Si
alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia
de la Lengua Española.