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No soy Beatriz de Mesina... Pero puedo ser tan ácida y corrosiva como ella. Y si no, que se lo pregunten a Wayfarer... Pero, como casi siempre, todo es mucho ruido y pocas nueces.

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Beatriz de Mesina/Female/21-25. Vive en Spain/Madrid/Móstoles/Hospital, habla Spanish. Pasa 20% del día contectado/a. Usa una conexión de Fast (128k-512k). Y le gusta Baile/Cine.
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Viernes, 14 de Octubre, 2005

Fox Stinger: GÉNESIS 5.0

Capítulo 66: Combate: Stinger VS. La Pesadilla Eterna.

El Doctor introdujo la mano en El Libro Sagrado para hacerse poderoso. Cambió su apariencia, sin embargo, el libro comenzó a absorberle hacia su interior. La Pesadilla, enfadada, creó una onda sónica que alejó a El Doctor lejos de allí. Después decidió atacar a Ely, quien lanzó el bebé a Juan Pedro. Mientras, Stinger no se inmutaba. Luego fue Juan Pedro el objetivo de la malvada pesadilla. Le robó el bebé y le atizó. Sorprendentemente, reapareció El Doctor que le asestó un contundente golpe, dejándola fuera de juego. Finalmente Stinger reaccionó rescatando a su hijo, dejándolo al lado de una Ely mal herida, para reiniciar su ataque contra El Doctor, dándole fuertes puñetazos. Sin embargo, pronto La Pesadilla Eterna se puso a caminar hacia éste.

Se detuvo justo detrás de El Doctor y le atravesó la espalda. Unas ondas circulares de color azul oscuro y negro, como cuando El Doctor introdujo la mano en el Libro Sagrado, desprendía unos pequeños destellos blancos. El cuerpo se difuminó hasta desaparecer.

-Una ilusión menos. Estoy harta ya, esto dura demasiado.

-Pues pongámosle fin – añadió Stinger.

Combatieron de una manera despiadada y cruenta. Miles de violentos golpes emanaban una fuerza vital que destruía algunos cristales y agrietaban las columnas.

-Ely, será mejor que salgamos fuera, este lugar va a caerse a trozos – sugirió Juan Pedro quien, tras levantarse, fue a recoger a Erión para sacarle de allí.

Ely se incorporó y tomó al bebé. Ya en el exterior, contemplaron un espectáculo de luces que escapaban por los ventanales rotos. El palacio se estaba desmoronando. La Pesadilla huyó volando, rompiendo más cristales.

-¡¿Y Stinger?! – vociferó Ely.

-Tranquila. Transformado es muy poderoso. Confiemos – alentó Erión.

El Palacio de Cristal se tambaleaba. Desde abajo, vieron como Stinger se asomaba por los ventanales rotos. Miró hacia abajo y pegó un salto aterrizando en tierra firme.

-Impresionante – dijeron tanto Juan como Ely.

Estos, ayudando a Erión, tuvieron que correr para que los cristales del palacio no les cayeran encima pues caían como cuchillos.

-Qué desperdicio de cristal – dijo Ely con sorna -. ¿Dónde está Stinger? Se le ha caído todo encima. ¿Y La Pesadilla? – dijo Ely, junto a Juan Pedro, dejando a Erión en el suelo.

De pronto hubo una explosión y todos los cristales se elevaron hacia el cielo. De entre ellos surgieron La Pesadilla, flotando en el aire, y Stinger, que permanecía en tierra. Le lanzó una bola grande de energía y su enemiga la apartó con un manotazo. Bajó de las alturas dispuesta a terminar con la vida de Stinger. Reanudaron la lucha encarnizada. Erión, que podía apañárselas por sí mismo, se hallaba dos pasos por detrás de Ely y Juan Pedro se puso en pie con rapidez, asustando a sus compañeros.

-¡Erión! ¿Eres tú o tenemos que enfrentarnos? – preguntó Ely tomando las distancias.

-¿De qué estáis hablando? Apenas recuerdo algo – a continuación atisbó el combate -. La Pesadilla Eterna ya se ha adueñado de los poderes de El Doctor.

De sus pantalones sacó una cápsula de color blanco, parecida a un medicamento. Medía unos cinco centímetros. La partió por la mitad. Se iluminó de color blanco y la tiró al piso, creando una neblina.

-¿Qué cosa es eso? – inquirió Juan Pedro.

-Es una cápsula blanca. Las de este tipo son evacuadoras – explicaba Erión.

-¿Y qué quieres que hagamos? ¿Meternos y huir? Es demasiado pequeño para los tres – dijo Ely.

-Meted al hijo de Stinger. La evacuadora ya está programada para ir a su destino. No queda mucho tiempo rápido – dijo con tranquilidad y serenidad.

De refilón, Juan Pedro vio un nombre en la parte lateral de la evacuadora. Fox Stinger.

-Sin duda este es el auténtico Erión – compartió Ely por lo bajini con Juan Pedro.

De modo que metieron al niño. Nada más cerrarse la compuerta, desapareció.

-¡¿Eh?! ¿Dónde ha ido? – manifestó sobresaltada.

-A un lugar seguro – respondió Erión.

-¡Ay va! – prorrumpió Juan Pedro.

-¿Qué pasa? – preguntó Ely.

-Alexei se encontraba en el interior del palacio...

-¿Te refieres al niño que debía convertirse en El Oráculo? – dijo Erión.

-A ese mismo y ahora está muerto.

-No lo creo. Ese chaval se convirtió en El Oráculo al mismo tiempo que Stinger fue atravesado por el rayo. Además tiene una ayuda inestimable.

-¿Cómo lo sabes? ¿Lo viste? ¿Cambió su apariencia? ¡Dinos! - interrogó Ely.

-Simplemente lo sé.

-Vaya respuesta de mier... Bueno, de todos modos hay que buscarle – instó Juan Pedro.

-Olvidadle. Él está vivo. Nuestro deber es ayudar a Stinger en lo que podamos, solo no podrá con semejante...

De súbito, todo se tornó en silencio. Habían hecho una parada. Los amigos de Stinger se reunieron con él que se hallaba a varios metros frente a La Pesadilla.

-Por mucho que te empeñes jamás podrás acabar conmigo. Yo poseo vitalidad ilimitada mientras que tú...

No obstante, su cara y su cuerpo comenzaba a agrietarse. De los cortes brotaba una luz verde fluorescente.

-¡¿Qué me está pasando?!- dijo alterada.

-Conque vitalidad ilimitada. Me parece que te queda muy poco de vida.

-Maldita sea, este cuerpo se está descomponiendo... Bueno – dijo sonriéndose -. Tendréis la oportunidad de ver mi aspecto original antes de ir al infierno.

-No me vaciles, es una treta para ponerme nervioso pero no lo lograrás.

-¿En serio? Tengo una segunda transformación, mas me alegro que pienses así por que así te tendré al cien por cien.

-Sigue con tus chorradas. Todavía no he llegado ni al cincuenta por ciento de mi poder.

-Tú sí que me vacilas. Cuando me deshaga de este detestable cuerpo me lo demuestras.

Acto seguido, una niebla negra y densa se escapaba por las grietas de aquel cuerpo que caía en pedazos como si fuera un envoltorio hecho de barro. Cuando no quedaba nada, salió un humo que se disipaba dejando una silueta de mujer. Totalmente negra, su cabello largo flotaba en todas las direcciones. Medía tres metros. Sus ojos verdes brillaban con una intensidad que, al movimiento, dejaban estela, como los de Stinger.

-¿Te parece que te estoy vacilando? A ver de lo que eres capaz tú.

Stinger principió la concentración de energía. Su aura se hizo más fuerte y se volvió azul oscuro. Los ojos le brillaron aún más. El cabello se le puso de punta, tan duros como estacas. Sus músculos aumentaron levemente, igual que la estatura. Llegó a escasos dos metros.

-Eres un retaco. En estos momentos, ¿a cuánto estás de tu potencial energético?

-¿Sabes? Eres muy graciosa.

-¡¿Cómo dices?! – dijo ofendida -. Te vas a enterar niñato de fantasía.

Inmediatamente prosiguieron la lucha.

-Wow, qué despliegue de poder. Dudo que Stinger nos necesite – opinó Ely.

-Hacedme caso, en el último segundo nos necesitará – corrigió Erión.

-Por casualidad no sabrás algo que desconozcamos, ¿verdad? – insinuó la fémina sin recibir contestación.

La contienda no se paró pasado media hora. Stinger jadeaba de agotamiento, en cambio, su adversaria no mostraba signos de cansancio.

-Humano insolente, no sé cómo pudiste llegar a pensar que podías siquiera hacerme un mísero rasguño. Con esta primera forma me basta y me sobra para liquidarte. Si antes no pudiste...

-¡Déjate de rollos y pelea! – exclamó El Génesis.

Stinger insistió pero pronto regresó a su estado normal.

-Lo hiciste bien para ser un mero sueño. El mal siempre es más recio que el bien.

-Yo seré un simple sueño pero eres tú la que sueñas.

-Eres patético. ¿Quieres seguir peleando? Adelante, de todas maneras vas a morir pues que mejor luchando por una causa en la que crees, ¿no?

-Stinger no está solo – intermedió Erión junto a Ely y Juan Pedro -. Con nuestra ayuda hará que la pesadilla se esfume.

-Aunque me hicieseis desaparecer, tarde o temprano regresaría. Mientras existan humanos en el Mundo Real y La Oscuridad, yo renaceré.

-Pues lo llevas claro – dijo Stinger -. Mientras haya personas soñadoras con buenos sentimientos, habrá alguien que te pare los pies.

Ahora fue La Pesadilla quien tomó la iniciativa y atacó a los cuatro a la vez. Afortunadamente consiguieron esquivarla, excepto Stinger que ya no podía más.

-Descansa, Stinger – sugirió Ely -. Nosotros nos encargamos de esta asquerosa.

No te pierdas el Capítulo 67: La muerte de los sueños. Adiós, amigos.

Continuará...

Esta historia está registrada y protegida por la ley. Es un relato original creado por Fox Stinger(M.N.Z.)

Nota: Si alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia de la Lengua Española.