Fox Stinger: GÉNESIS 5.0
Capítulo
67: La muerte de los sueños. Adiós, amigos.
La Pesadilla
Eterna absorbió la energía de El Doctor, el cual, se evaporó
paulatinamente. Stinger combatió con todas sus fuerzas, sin embargo, el envoltorio
de La Pesadilla se descompuso y cambió a su forma original. El Palacio de
Cristal se desmoronó con Alexei en su interior. El enemigo escapó
volando y Stinger pegó un salto. El combate fue encarnizado. Erión
sacó un aparato para meter al hijo de Stinger y enviarle a un sitio seguro.
Después fueron a ayudar a éste que, pese a que había aumentado
su potencial, ya no podía con su alma, estaba exhausto.
-Descansa,
Stinger, déjanos vencer a esta tía asquerosa – dijo Ely.
-No, voy a
dar todo de mí.
-¡¿Qué
idioteces dices?! ¡Si ni a duras penas puedes sostenerte! – le echó
la bronca Juan Pedro.
-Lo tengo decidido.
-Cabezota.
Haz lo que te dé la gana – refunfuñó enfadado.
La mujer oscura
no les permitió ni un segundo de tregua. Un golpe tras otro, ataques energéticos,
desplazamientos veloces... No tuvieron ninguna oportunidad de rozarla.
-No podemos
continuar así, hay que planear algo rápido para encontrar su punto
débil – aconsejó Juan Pedro.
-No os molestéis.
No tengo punto débil.
-Ya, voy yo
y me lo creo – ironizó Ely.
Del vientre
de La Pesadilla, salió un par de tentáculos y uno de ellos atrapó
a Ely. Al tiempo que luchaba con los demás y utilizaba su otro tentáculo,
zarandeaba a Ely contra el piso, con algunos cristales, una y otra vez.
-¡¡¡Elyyyyyyyyyy!!!
– gritó Juan a voz en cuello.
Se transformó
para rescatar a Ely pero cuando fue a hacerlo La Pesadilla le apretó el pecho,
reventándola la caja torácica y parte de las costillas. Luego la lanzó
contra Juan Pedro quien detuvo el impacto contra el suelo.
-Ely. No –
dijo Juan Pedro casi yéndosele la voz, examinando cada rasgo de su rostro.
Sus ojos negros
dejaban brotar las lágrimas de sufrimiento. Le embriagó un sentimiento
de odio y rabia. Dejó el cuerpo tumbado. Stinger fue, como pudo, junto a
Ely sin poder evitar llorar. Puso las manos sobre ella pero estaba tan debilitado
que no pudo curarla.
-Ahora no.
No tengo energía para salvarla.
-No insistas,
está reventada por dentro – dijo Erión con la voz notablemente triste,
en cambio, su semblante era frío.
-Si hubiese
sido más fuerte podría haberla salvado – se reprochaba Stinger.
-No es culpa
tuya, amigo. Era mi amor, debí protegerla a toda costa – se echó la
culpa Juan Pedro -. Yo tenía que haber sido más fuerte y haber estado
más pendiente de ella.
-Ooooh, me
vais hacer llorar. Si ese cuerpo es un sueño - se burlaba La Pesadilla.
-¡Era
un ser vivo! Es la mujer que amo. Me las pagarás.
-Eres muy osado.
Haré que te reúnas con ella.
Juan Pedro,
con toda su furia y al concentrar su energía, hizo un surco en el suelo.
Sus ojos se pusieron negros completamente, su aura le rodeaba cual llama de color
blanco e irradiaba de forma inusual. Sus músculos aumentaron de tamaño,
notándosele las venas. Sin tardanza, fue directamente a por la asesina. Fue
tan rápido que la pilló por sorpresa, pudiéndola dañar
considerablemente. Proyectó toda su ira, concentrada en una inmensa bola
de color rojo de la que saltaban agresivos rayos. La Pesadilla Eterna lo estaba
pasando realmente mal. Ésta intentó anularla con las manos, no obstante,
Juan Pedro, no conforme con el resultado, convocó otra gran bola de fuego
parecida a la anterior, combinándose con ésta. Al final, la malvada
no pudo contenerla y se la tragó. Explotó seguido de una extensa nube
de humo.
-¿Lo
he logrado? Lo he logrado, Ely – dijo Juan exhausto y rendido.
-¡Qué
bien! ¡Has estado genial! – gritó Stinger.
Juan Pedro
se dio la vuelta. Caminaba, con lentitud y tambaleándose, hacia sus amigos.
El humo había desaparecido dejando una neblina oscura que, habiendo estado
dispersada, se condensó. En cuestión de segundos regresó La
Pesadilla. No titubeó en atacar a Juan Pedro, que se hallaba de espaldas,
con sus tentáculos. Los ojos de Juan tornaron a la normalidad. Su cara mostraba
dolor, sufrimiento, agonía. Stinger gritaba no, pero no se le oía.
Juan vomitó mucha cantidad de sangre. Aún así no cesaba en
su empeño de estar junto a Ely. Al caminar, recordaba los momentos que había
pasado con sus amigos, las aventuras y peligros. El tiempo para él iba despacio
a rememorar su primer encuentro con Ely, sus discusiones, sus bromas, los últimos
días. Al llegar al lado de su amada, se desplomó al suelo y la cogió
de la mano.
-Juan Pedro...
-Ely. Sigues
viva.
-No podía
irme sin antes decirte lo mucho que te quiero. Desde el principio, desde nuestro
encuentro en la fortaleza me gustaste. Hubo un tiempo que estuve confundida pero
supe que eras tú al que amaba. He tenido los días más felices
de toda mi vida a vuestro lado, a tu lado. Aunque muera quedará escrito el
amor que siento por ti. Recordaré esos fragmentos como tesoros que por mucho
tiempo han estado escondidos para mí – hablaba Ely al tiempo que lágrimas
resbalaban por su cara -. Me arrepiento de no habértelo confesado antes,
nos hubiésemos amado sin reservas – decía agonizante.
-De siempre
he sabido que tu amor era para mí. Yo me hacía el tonto porque no
quería presionarte. Quería que estuvieses segura de lo que sentías,
anhelaba poder disfrutar de nosotros a plenitud cuando pasara todo esto pero me
temo que no va a ser posible. Te amo, Ely – dijo tiernamente, apretándole
con fuerza la mano -. ¿Quieres estar conmigo para siempre? – y murió.
-¿Juan?
– Ely, al no tener contestación, lloró aún más -. Sí,
eternamente – dijo después de toser y expiró.
Cerca de ellos,
esperaban Erión y Stinger. Éste lloraba desconsoladamente. Al no escucharles,
se volteó y fue hacia ellos.
-Juan Pedro.
Ely – lloraba el joven profusamente.
-Qué
dramático. Qué trágico – se mofaba la desalmada.
Stinger se
agachó y les tocó sin creerse que estuvieran muertos. Les abrazó.
Los cuerpos de sus amigos se difuminaron hasta que se extinguieron.
-Os echaré
de menos. Os quiero. Nunca os olvidaré. Adiós amigos.
-Qué
conmovedor, me están entrando ganas de llorar a mí también
– decía con sarcasmo y actuando, haciendo que lloraba -. Snif, snif.
De improviso,
Erión se alzó contra el ser que le había dado la vida.
-Hijo, ¿cómo
puedes intentar hacerme daño? Soy tu madre.
-No me llames
así, tú no eres mi madre, eres un monstruo.
-Comprobado
queda de qué parte estás. No tendré remordimientos al matarte.
-¿Los
has tenido alguna vez?
Así
pues, traspasó el pecho de Erión con uno de los tentáculos
y lo lanzó lejos de allí.
-Uno menos.
Ahora quedamos tú y yo, solos. Percibo tus oscuros sentimientos, tu odio,
tu inseguridad, tu miedo. Eso te debilita y a mí me hace más omnipotente.
-Estoy harto
de ti. Eres una asesina, cruel, traicionera, cobarde, eres..., eres...
-Sí,
sí, sí, eres un pesado. Terminemos ya, ¿quieres?
Se dispuso
a finiquitarle cuando Stinger la sorprendió. Éste se estiró
y, alzando la vista, chilló con fuerza. La tierra tembló.
-¿Qué
está haciendo? – se preguntó la malvada mirando a su alrededor.
Stinger sufrió
una metamorfosis. El Stigma blanco, en esta ocasión, estaba perfilado por
gruesas líneas negras. Relumbraba con tal magnitud que se podía ver
a cientos de kilómetros. El pelo se le puso de punta y brillaba más
intenso que la plata. Sus azules ojos helaban a La Pesadilla pues eran tan penetrantes
que las nubes se abrieron, surgiendo la luz.
-¡¡¡Noooooooo!!!
¡La luz! No puedo creerlo. ¿Es El Guerrero de La Luz? ¿El protector
de los sueños, aquél del que hablaba El Doctor? – cuestionaba llena
de temor.
No te pierda
el Capítulo 68: El final de un sueño. El principio de uno
nuevo.
Continuará...
Esta historia
está registrada y protegida por la ley. Es un relato original creado por
Fox Stinger(M.N.Z.)
Nota: Si
alguna palabra no es comprendida por el lector, visite el sitio web de la Real Academia
de la Lengua Española.